Curiosidad de alto riesgo

Óscar Balderas es un periodista que ha sabido mantener una libertad para hacer y hablar de lo que quiere.

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Pasan de las siete de la noche cuando llegamos al portón de herrería negro en la Colonia Roma. Es una casa enorme que parece más una mansión de una familia acaudalada que las oficinas del medio de comunicación más exitoso de la generación millennial.

A partir de este año el periodista Óscar Balderas es parte del proyecto de hard news de Vice, Vice News. Óscar es el joven que desciende de unas escaleras de burguesía chilanga de los años cincuentas para recibirnos, es bajo de estatura, delgado, moreno y con una sonrisa fácil; tiene cabellos lacios y cortos que constantemente se acomoda de lado: “teníamos unas mega fiestotas, hasta que los vecinos se quejaron” Nos dice que un viernes como éste, a una hora como ésta, la casa sería un completo bunker de mota, cerveza y pizza que se extendería hasta entrada la mañana del sábado. Este viernes la redacción de Vice está semivacía, callada, parece más bien una agencia de publicidad despreocupada.

En la sala de juntas más formal, hay una colección de las revistas impresas de Vice más memorables. “Es una revista gratuita y nos hemos encontrado ediciones a la venta en internet o puestos de periódico”, Óscar habla mientras nos mira hojeando las páginas de la revista.

Desde que decidió estudiar Ciencias de la Comunicación sabía que quería hacer periodismo, pero Balderas no tuvo entre sus familiares a un periodista. La universidad donde estudió está en Tlalpan, al sur de la Ciudad de México, un lugar que resalta en las noticias con encabezados como “De puro coraje matan a joven”, “Balean a chofer de Uber”, “Secuestradores llevan a mujer a una cueva”, “Refuerzan operativo de seguridad” y “Regresa el festival internacional Ollin Kan”, es un sitio que no pasa desapercibido, un semillero para un reportero como él.

Caminamos por la casa Vice: la redacción, el área de marketing, eventos, arriba hay una terraza con mesas y sombrillas, ha comenzado a llover y el aire frío nos lleva de nuevo al interior. La caminata que teníamos programada alrededor de la colonia Condesa con Óscar para hacer un registro periodístico del aumento de la violencia en los últimos meses será intercambiada por unas cervezas en un espacio de comida y espectáculo, el bar Pan y Circo.

Heroico no es el adjetivo que yo usaría para definir a un periodista como Óscar Balderas que cubre temas relacionados con seguridad, política, migración, narcotráfico y otros tráficos ilegales. Yo lo considero un curioso de alto riesgo.

El equipo de Territorio y las personas que se sumaron a la actividad gracias a una invitación abierta en redes sociales, nos reunimos para hablar con Óscar.

El camino no es fortuito

Un año antes de graduarse, en 2009, fue Óscar uno de los 32 seleccionados para tomar un taller de periodismo en el diario Reforma, “es como los juegos del hambre, pero en morros”. Antes de entrar los interesados pasan los filtros, en especial la entrevista donde te quieren hacer sentir una basura: Una entrevista tiene la función de desanimar a los jóvenes que dicen querer ser periodistas. “Imagínate, Roberto Zamarripa haciendo como de ‘pues no sirves para esto’, sales llorando y de verdad pensando que no sirves, pero si aguantas la etapa de bulleo te llaman a Reforma.”

Fueron tres meses. De lunes a viernes la mañana avanzaba escuchando, anotando y leyendo teoría, después podían dejarse distraer por la calle. Pocos son invitados a trabajar en el diario, y a Óscar lo llamaron para ser co-editor web en la sección nacional, pero rechazó la oferta, “yo quería reportear”. Sin plazas para entrar como reportero, Balderas se sumó al equipo como auxiliar de redacción. Era el encargado de llamar al Sistema Meteorológico Nacional si empezaba a llover: ¿en qué delegaciones de la ciudad llueve? ¿Con qué intensidad? Una nota de cuatro párrafos firmada por Óscar Balderas era lo que podía publicar. Fueron tres meses, “pero es como cursar otra carrera”.

Otro periodista creyó en él, le permitió hacer trabajos previos y su primera fuente a cargo fue la Secretaría de Desarrollo Social, “muy fácil, se trataba de cubrir al secretario que entrega cobijas y despensas”. Conoció el Instituto de las Mujeres donde las cosas se volvieron más interesantes, no sólo se trataba de observar y reportear la ayuda asistencial sino de enterarse de casos de mujeres agredidas, la violencia de género fue algo nuevo para él, “yo nunca había visto esa violencia, en mi casa mi papá ni siquiera le grita a mi mamá”.

En el trabajo periodístico la violencia de género derivó en investigaciones de trata y tráfico de personas, ese fue el camino que nunca planeó. Si Balderas hubiera iniciado cubriendo política quizás hoy escribiría columnas para El Universal, Excélsior o Milenio… pero no, antes de avanzar lo despedirían de Reforma.

Como reportero del diario muchas de sus propuestas eran rechazadas por su editor, así que él decidía saltarselo: “Me iba directo con el de la primera plana y le mentía. Yo decía ‘oye es que el editor dijo que estaba muy buena mi nota, se puede ir a la primera plana’ ¡Y me la publicaban! Furiosos conmigo, me corrieron”.

Debajo de un puente, en Tasqueña, una comuna de niños que trabajaban, comían y dormían en la calle habían montado su casa. Por la noche brillaba a la distancia un punto de luz, era la televisión con DVD que utilizaban para matar el rato. Era una pequeña comunidad de niños y a Óscar la historia le quemaba las manos. Entre agendas falsas, Balderas montaba sus propias coberturas lejos de lo que su editor había solicitado, llegaba para decirle que la nota se había caído, que no se habían dado las cosas, o que el entrevistado no se había presentado. Le decía que a pesar de ello tenía esto, historias de gente común, notas de personas cotidianas, caras de la realidad.

El hoy editor de la sección Ciudad en el diario Reforma, Ismael García, solía argumentar contra las historias de Balderas diciendo: “A nadie le importan los pobres”.

Un día después del despido de Óscar apareció una nota suya en primera plana firmada como Redacción: “Así pasaba, yo me iba a las primeras planas, pero como me brincaba editores, se enfurecían conmigo y ya eran muchas, me mantuvieron dos años. La verdad tenían razón, hoy yo tampoco tendría a un reportero que se salta editores”.

Salió de Reforma para comenzar a freelancear. Por el 2011, los editores de El Universal manejaba un presupuesto para colaboraciones externas que les permitía asignar reporteros al margen de los que tenían en redacción. El modelo se vició cuando algunos editores se gastaban hasta cinco mil pesos en mandar a un chamaco a cubrir una conferencia de prensa. La editora de Balderas esperaba de él algo más que un reporteo de conferencias de prensa, él se convertía en el encargado de hacer lo que los reporteros de diario no alcanzaban, construía piezas más elaboradas, reportajes especiales. “Yo me presentaba a alguna sección y le decía, tengo esta historia, el editor la palomeaba y hasta te decía cuánto te iba a pagar al final. Ese modelo ya no existe”.

Lo que hay es un presupuesto para la unidad de periodismo de investigación y de periodismo de datos del Universal. Buscar a los editores, presentar una historia, las fuentes, una hipótesis y un aproximado de lo que durará la investigación es el proceso para vender un trabajo periodístico freelance. Y por un texto a Bladeras le llegaban a pagar hasta 10 mil pesos. Unos altos estándares para los promedios que se acostumbran en el país: “Hoy, El Universal es de los periódicos que mejor paga un texto”.

Cacería de padrotes es el título de una investigación que le llevó a Balderas cerca de un año escribir, y es el trabajo mejor pagado que ha tenido. El texto es una reconstrucción de una importante operación anti trata en Estados Unidos que encuentra a proxenetas mexicanos, padrotes forjados en México, que solían consolidar una mafia que quemaba, azotaba, y dejaba sin comer a sus víctimas; jóvenes mexicanas y centroamericanas, que eran forzadas a prostituirse hasta unas 30 veces por noche en Georgia, Florida, Carolina del Norte y Carolina del Sur, antes de volver a las casas donde las tenían secuestradas. Fue publicado en el suplemento Domingo, del diario El Universal.

“En general mis pagos eran como de 5 mil, 8 mil pesos, por reportaje, si tú hacías cuatro trabajos al mes, te podías llevar 25 mil.” Un sueldo que superaría el que reciben los editores. Pero a un ritmo de trabajo acelerado, “en chinga”, se trata de trabajar unos ocho reportajes al mismo tiempo, y si uno se caía había que arrancar otro más de inmediato. “Llegué a colaborar con siete medios al mismo tiempo, el estrés era brutal”.

Óscar con el pedal hasta el fondo

El trabajo de alto riesgo al que se ha sometido Óscar es producto de una curiosidad que simplemente resulta bastante peligrosa. Como cuando desde su departamento de la colonia Narvarte solía salir al balcón para tomar cerveza y ver los carros jugando arrancones por la avenida Cuauhtémoc. En los cinco carriles de la gran avenida competían automóviles a toda velocidad, parecía fácil entrar a su mundo, las páginas de Facebook, los grupos, Balderas entró a sus círculos, se infiltró. El día que entró al grupo de whatsapp secreto se sintió incluído, había seguido frecuentando a los automovilistas y ahora tenía todo el método de corrupción que había que seguir para sobornar policías. El día de su última visita a los arrancones llevó a un fotógrafo que hizo las tomas que aparecieron al día siguiente en el periódico. Salió todo a la luz, el número de la patrulla que recibía los sobornos y la forma en que operaban las carreras clandestinas que un ex agente de seguridad privada arreglaba. Entonces fue que recibió la amenaza de muerte.

Tenían su nombre, las placas de su carro, la dirección de su casa, lo tenían todo. “No se ponga nervioso, puto… déjese el cabello” le dijo una voz conocida que lo observaba, era el hombre que bebía whisky, vendía droga y sobornaba a policías en Benito Juárez y Coyoacán, el ex-guardia de seguridad privada.

Lo habían estado observando y ahora amenazaban con matarlo. Corrío en el momento. Sintió cómo sus pasos acelerados podían verse detenidos por unos disparos desde una motocicleta, la amenaza casi lo hizo tropezar y el temblor en las manos le dificultó abrir la puerta de su casa. Óscar fue resguardado por la organización Artículo 19 y más tarde por el Mecanismo de protección a defensores de derechos humanos y periodistas, convirtiéndose entonces en el periodista más joven protegido por este mecanismo adscrito a la Secretaría de Gobernación. Hasta hoy mantiene el ‘récord´: veinticinco años.

“No se me ocurrió decir que era periodista y que me interesaba el tema. Siendo periodista he platicado con un zeta y ahora estoy trabajando con un secuestrador, él sabe a lo que me dedico. Hay formas que en ese momento no conocía, estaba muy morro.” Óscar Balderas nació el 02 de agosto de 1987, tiene 29 años.

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Era 2012, y a CNN le importaba cubrir las elecciones mexicanas. Cuando crearon el proyecto ADN Político, una ex editora de Reforma pensó en el reportero desmadroso que podía aportar enfoques distintos a una campaña presidencial que no se proyectaba tan atractiva como cuando Enrique Peña Nieto comenzó a hacer una caricatura de sí mismo en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Óscar Balderas llegó justo después del incidente, su platillo favorito eran las equivocaciones de Peña, “se equivocaba con algo y yo salivaba”, eso bastaba para tener la nota del día.

La agenda de Peña Nieto marcaba un evento por la mañana en el auditorio de la Universidad Iberoamericana, “era un día aburridísimo, el evento más chafa y ñoño de la vida”, Óscar llegó con tiempo, preguntó cuándo iniciaba el evento y salió a buscar un café: “Me fui al starbucks, y Jesusa Cervantes de Proceso me habló y me preguntó: wey, ¿estás adentro? corre cabrón, está loquísimo”, Óscar corrió, entre los estudiantes que se arremolinaban en la entrada del auditorio encontró a una señora copetona que gritaba ¡No pueden hacernos esto! ¡Somos invitados! Desde ese día la campaña presidencial de 2012 se transformó. “Era una campaña muy de hueva antes de Yo Soy 132, y se volvió chingonsísima”.

A las cuatro de la tarde, en la sede nacional del PRD, había un grupo de mariachi tocando. Era el día de la elección presidencial, el primero de julio del año dos mil doce. Cuando los reporteros vieron que hacia las cinco de la tarde llegaban los templetes a la sede nacional del PRI, supieron quién había arrebatado el triunfo. Terminaba el proceso electoral, y el ciclo de Balderas en Expansión. Después volvería a ser periodista freelance.

Un día, cuenta Óscar, “me habla Laura Goldemberg y me invita a echar una chela a Vice”, la oferta fue sumarse al proyecto de noticias en español que Vice estaba lanzando: Vice News en español, un espacio de noticias sin publicidad oficial, y sin suscriptores. Pero al momento Balderas trabajaba en conjunto con El Universal, y no le interesaba sumarse a Vice, “me rehusé un poco”. Al enterarse de la oferta que otro medio le hacía a su reportero freelance, El Universal le propuso mejorar sus condiciones y ofreció una corresponsalía en Washington, pero la frenética curiosidad de Óscar era la gasolina que el proyecto de Vice buscaba. Woldenberg subió la apuesta.

“Vice le metió cosas muy chidas y acepté, mi gran duda era ¿qué tan libres vamos a ser? ¿Qué tanto podemos tocar los temas que queremos? Y ¿cómo es eso de que no tenemos publicidad oficial, suscriptores, pero lana sí?” El modelo que aplica en México el medio alternativo nacido en Canadá, principalmente impulsado por Shane Smith, es el de una empresa que además de producir contenidos mediáticos, es una agencia de publicidad, de administración de redes sociales y de producción de eventos. “Hace fiestas, pero es un departamento con el que nosotros no tenemos contacto (en lo que a tareas profesionales se refiere), por un lado ellos hacen redes sociales y esa lana nos permite el financiamiento de reportajes sin tener que comprometer la línea editorial”, Óscar está encantado con el modelo, él es el único reportero de planta en Vice. El que viaja, cubre y escribe.

“El primer día de Vice News se estrenó con un reportaje mío de cómo el narco se metió al negocio de las tortillas en Guerrero. La foto que tenía era de un señor que atendía una tortillería con una playera del PRI, yo pensé que no me la iban a aceptar. Cuando la puse en el texto medio en broma, me dijeron: Está de huevos”, entonces Balderas nos cuenta que como el medio “no tiene problemas con la lana”, él puede proponer las historias que quiere contar, y si las justifica adecuadamente, no tiene ningún problema con la autorización: “eso es algo que ningún medio tiene, y se me hace super chido.”

Óscar es un periodista que lee la sección internacional del diario inglés The Guardian, fanático de la columna The Ethicist que publica The New York Times, a quien le encantan los blogs de Animal Político, y la forma de escribir de los reporteros de El País. Siendo un pésimo estudiante de matemáticas desconfía de su capacidad de hacer cuentas, de publicar porcentajes, de entrar en las que le parecen arenas movedizas, “me gustaría hacer periodismo de datos y para mí es un reto”.

Construir una investigación de largo plazo que requiere encontrar, rastrear y confirmar datos de documentos le cuesta mucho trabajo a Óscar, “mis limitaciones como reportero no me lo permiten, ahora estoy aprendiendo mucho de Saúl Hernández, un chico que es una máquina para devorar datos.” La narrativa, la escritura, es donde tiene sus fortalezas: “no sé sumar ni restar, pero sé hacer sujeto, verbo y predicado.”

Una atención minuciosa en las historias es la clave para destacar. Balderas está constantemente cazando medios de comunicación pequeños, locales, “historias que casi nadie pela y que los reporteros de ahí no se han dado cuenta que son historias con potencial”. Cuenta el caso de los tortilleros en Guerrero, quienes se manifestaban porque sus negocios estaban siendo extorsionados, es decir, estaban financiando el crimen. La historia se había enviado a la cuarta página del periódico local Sur de Acapulco.

Cuando Óscar quiere contar una de esas historias enjauladas en notas de medios locales, va en busca de los reporteros, “les ofrezco dinero como fixers: que me presenten a sus fuentes. Esos weyes tienen la llave para armar las historias, muchas veces son historias que ellos no pueden publicar”, lo dice mientras disfruta su trago final de una cerveza Victoria, en un bar de la calle Álvaro Obregón, en la colonia Roma.

Suscrito a periódicos locales del país, Balderas espera al acecho de su próxima gran historia, a la espera de seguir saciando su peligrosa curiosidad.

Angel Melgoza

Estudió Contaduría Pública y Finanzas antes de descubrir que le apasionaba el periodismo. Después de entrevistar a un viejo historiador de la ciudad, dijo: "quiero hacer esto toda mi vida".