El principio de algo que valga la pena es puro impulso*

La imaginación de Liniers es para valientes

En el 2001, fecha en la que se publicó la primer tira de Macanudo en La Nación, Argentina estaba en un remolino económico y político. La propuesta de Liniers fue ir a contracorriente. Muy pronto Macanudo se convirtió en un manifiesto de lo que no se ve, de esos temas chiquitos que traducen universos infinitos y que a veces desprecian los periodistas, opinólogos, filósofos y gurús del buen vivir. El diagnóstico de Liniers resultó ser más acertado que las cifras económicas o las declaraciones políticas de la época: las personas no se detienen frente a la crisis, se reúnen a comer, hacen nuevos amigos, pasean por las calles de la ciudad o se enamoran. 

A Macanudo cuesta entenderlo por sencillo. No guarda mucho misterio y ahí radica su originalidad. Olga, uno de sus personajes, es una especie de monstruo imaginario de Martín. La única palabra que pronuncia es su nombre, pero eso basta para que tengan una comunicación profunda. En el fondo son un tributo al aburrimiento, a ese ejercicio creativo que produce sabidurías pequeñas. En una tira, Martín dice que las imaginaciones poderosas son para valientes, mientras Olga observa, guarda silencio y se deja llevar por el vuelo de un globo aerostático. En un mundo en el que la prensa y sus redes reproducen miedos, prejuicios y confusión, Macanudo propone la valentía de imaginar. Han pasado diecisiete años después de su primer publicación y sigue siendo un testimonio muy poderoso sobre la libertad, el humor y la vida sencilla.

Entrevistamos a Liniers a distancia, entre audios de WhatsApp mientras caminaba. Sus respuestas siempre eran inmediatas y su disposición total. Se escuchaba divertido y de buen humor. El reto fue encontrar otros hilos que jalar en el trabajo y la vida de uno de los dibujantes más refrescantes de la actualidad. Lo cierto es que, y no pasa todo el tiempo, en la buena entrevista siempre aparece algo que nos hace darnos cuenta que las personas somos más o menos lo mismo. Liniers dice que cuando le pasa eso, se pone contento y dibuja.

Cuéntame, ¿cómo le explico a mi abuela/abuelo o a mi hija de tres años lo que hacen Liniers y Montt (juntos y separados)?

A tu abuela y a tu abuelo diles que somos dos dibujantes de humor gráfico de historietas, y que nos juntamos para hacer un show de stand up en donde mezclamos el dibujo con la comedia. El stand up es un show en donde una persona hace comedia en un escenario con un micrófono y un banquito. En nuestro caso, hay una persona a un lado de nosotros que está traduciendo el delirio que hacemos con los dibujos, y todo confluye de alguna manera. A tu hija de tres años dile que es un show para grandes. Mi humor en Macanudo es muy lindo y sensible, pero nuestro humor en el stand up es políticamente incorrecto, soez y oscuro. En la historieta me porto bien, con Alberto Montt -la famosa mala compañía– me porto mal.

¿Quiénes son tus referentes en la comedia?

Empecé a hacer Los Ilustres (Stand up Ilustrado) con Alberto (Montt) porque hablábamos mucho de stand up “escuchaste a este, escuchaste al otro. Desde chiquito me gustaba mucho el humor y siempre busque stand up: Robbie Williams que lo pesqué en los ochenta; mis héroes absolutos George Carlin, Bill Hicks y Lenny Bruce; Louis CK, antes de que se portara mal y después de que se portara mal. Lo lindo del stand up es que reemplazó un poco al rock and roll. Antes el rock o el punk eran la manera de mostrarle el dedo al poder, y ahora que la música es más blandita, el stand up lo hace.

¿Te acuerdas de un chiste que haya cambiado tu vida?

¿Uno solo? no creo, me acuerdo de dibujantes y humoristas que me han hecho más valiente. Yo aprendí a hablar leyendo Mafalda. Mafalda te hace más preguntón, más cuestionador del poder. Mafalda es eso, una chica que le pregunta todo el tiempo a los grandes por qué hacen lo que hacen. No acepta tomarse la sopa que le dan. Hay muchos chistes con los que me identifiqué, como el de Felipe que va corriendo en cámara lenta hacia la banca en donde está una chica leyendo, y hay un montón de dibujitos de los diferentes momentos, cuando está ya muy cerca le da vergüenza, se da vuelta y se va. No sé si me cambió la vida, pero me identifico mucho.

¿Cuál es una de tus canciones preferidas para dibujar?

Kevin Johansen es muy celoso y me obliga a decir canciones de él, así que vamos a decir Guacamole. Es lindo dibujar con Guacamole de fondo y comiendo guacamole al mismo tiempo. Los dibujantes dibujamos con música porque nuestro trabajo es bastante solitario. A veces con música, televisión o con el stand up, que es bastante funcional. No tienes que mirar nada, escuchas y vas pintando con acuarelas.

En una entrevista hablabas de tu ambición por revelar verdades chiquitas: ¿cuáles son los temas que te interesan explorar en tu trabajo?

Tengo una especie de afán periodístico, por eso no soy periodista. Los periodistas tienen que ir a buscar las grandes verdades y generalmente son deprimentes: corrupciones, Donald Trump y otra gente oscura. En cambio, las cosas chiquitas con las que todos nos identificamos son las que me gusta contar; esos momentitos que todos decimos “¡aaa sí!, eso es como estar vivo”.  No me pasa todo el tiempo pero cuando aparece algo que nos hace a todos darnos cuenta que somos más o menos lo mismo, me pongo contento y dibujo.  

Hablando de ambiciones ¿en qué nos debería hacer pensar Macanudo?

Yo no pretendo decirle a nadie nada con Macanudo, lo que pretendo es hacerme preguntas a mi mismo. Macanudo no es un libro de autoayuda de esos que te dicen cómo ser feliz en 120 páginas. No sé cómo ser feliz yo, menos voy a saber cómo hacer feliz a todo el mundo. Lo que trato de encontrar con Macanudo son esas pequeñas sorpresas, esa cosas que a mi cerebro le hacen gracia por un segundo o le generan alguna pregunta. Me gusta mucho cuando subo a Facebook una tira y la gente empieza a analizarla, a discutir y a preguntarse qué es lo que quiso decir cierto personaje. Mientras más hablamos entre nosotros mejor vamos a pensar, y si Macanudo genera esos diálogos, bienvenidos.

¿De que te ha salvado el dibujo?

El dibujo me salvó de trabajar, ese es el secreto de mi vida. Por eso ando sonriendo tanto, creo que a diferencia de otras personas, no tengo que trabajar. Es verdad que a veces hay mucho que dibujar y tengo fechas de entrega que se sufren un poco, pero yo identifico el trabajo con algún tipo de sacrificio. Con el dibujo no hago un gran sacrificio así que en ese sentido soy muy afortunado. Me salvó de trabajar, sobretodo porque ya era una persona bastante vaga.

¿Cómo incentivar el aburrimiento en tiempos del internet de alta velocidad?

Me parece que hay una generación que no sabe aburrirse, lo vemos con nuestros hijos y los hijos de los amigos. En el primer segundo que están aburridos los padres le clavan una pantalla en la cara y listo, el cerebro se desenchufa, se pone a matar zombies, a mezclar caramelos o lo que sea. Yo me volví dibujante por aburrimiento. Soy producto del tedio de no saber qué hacer. Cuando era chico no había un canal de veinticuatro horas de dibujitos animados, entonces cuando terminaban y no sabía que hacer, me ponía a hacer mis propios dibujos. Me preocupan estas generaciones que no saben aburrirse, cuando sean grandes se va a agarrar a trompadas en las filas de los bancos. Va a ser interesante el futuro.

¿Cómo defines el humor?

Una necesidad de ver las cosas desde otro punto de vista. El humor es muy parecido al arte en ese sentido. Es lo que pasa con el cubismo, o lo que hacía Robbie Williams cuando se paraba arriba de la mesa en los poetas muertos: todo el mundo está mirando el mundo desde este lado, qué pasa si lo miramos desde este otro lado, después de otro lado y después de otro lado. Y en el absurdo de muchas de esas miradas aparece el humor, esa pequeña sorpresa de “uy no me he dado cuenta de mirar la luna así.”

 

¿Qué hay de Argentina en tu trabajo?

Yo no sé qué tengo de argentino, sé que soy muy argentino pero no sé qué quiere decir eso. Los argentinos son muy psicoanalizados, y yo no me psicoanalizo. Les gusta mucho el tango, y yo no escucho tango. Les gusta jugar futbol, y yo no sé jugar fútbol. Los argentinos son muy engreídos, y yo soy súper humilde. Soy una de las personas más humildes que conozco. Soy el campeón absoluto de la humildad. Soy más humilde que el papa, así que no sé qué tengo de argentino.

¿Qué tan políticos son tus personajes?

A mi no me gusta hacer chistes sobre políticos básicamente porque no los aguanto. No me gusta dibujarlos, pero sí hago tiras con historietas políticas. En Macanudo entra todo. Por ejemplo, mañana publico una tira con referencia a la discusión que va a haber sobre la ley del aborto. Me gusta dejar establecido cuál es mi postura. Más allá de eso creo que el humor es un acto político, un acto de resistencia, de salida a la muerte. Me parece absolutamente necesario faltarle el respeto a cualquier persona con poder. Una persona con poder es peligrosa. El humor tiene que ser de abajo para arriba no de arriba para abajo, no se hace humor sobre el más débil, hay que hacer siempre humor sobre el más fuerte.

¿Cuál es la tira que todavía no haces?

La última tira de Macanudo y no te la pienso decir. Le conté solamente a mi hermano Santiago y a Alberto Montt, así que si me llega a pisar un tren o algo, van y le preguntan a Montt, y le dicen: Montt dibuja la última tira de Macanudo. Así que algún día terminaré la historieta, me cansaré de hacer estos dibujitos y aparecerá la última tira, mientras tanto van a tener que esperar.

¿Por qué sigue importando el cómic, la historieta, el tebeo, la tira, el dibujo, la ilustración?

No sé si la historieta. Importa todo, el cine, las series, la literatura, importan las historias, contar algo, narrar algo y que sea verdadero, ese es el secreto de la ficción y la razón por la que nos interesa tanto la ficción. Todos sabemos que el tipo de Breaking Bad es un buen tipo, es un actor, es una mentira, no existe ese personaje, no existe Mafalda, no existe Huckleberry Finn, no existe Hamlet, son inventos, mentiras, pero adentro de esos personajes hay algo escondido que es real: la angustia de Hamlet sobre la vida o las preguntas de Mafalda al poder. En todos esos personajes hay algo que es verdadero y cuando uno se entrena para mirar ficción, para leer ficción, para mirar pinturas, empieza a entrenarse también para encontrar esas pequeñas verdades que después te sirven en tu vida. Entre más artes consumes, menos libros de autoayuda necesitas. Los libros de autoayuda te dicen de frente alguna estupidez o lugar común. En cambio cuando lees a Salinger, Vonnegut o cuando lees a Trino, mirás a Chaplin, no te están diciendo exactamente en la cara su idea sino que está escondida alrededor de ese cuento, alrededor de Tiempos Modernos, de una canción de los Beatles o lo que sea.

A mi me gusta el arte por eso y odio los libros de autoayuda también por eso, no me gusta que piensen por mi, me gusta sacar mis propias conclusiones. El arte te da esas herramientas, te acerca. La historieta durante muchísimos años vivió encerrada en un cuarto muy chiquito, limitada a hacer historietas de humor o de aventura para un público masculino. Después se sacó ese corset y ahora podemos hacer historietas de lo que queramos, se volvió tan rica y tan generosa como lo es el cine, la literatura y el teatro, finalmente tiene esa libertad que no tuvo durante ochenta años en la historia de la historieta.

En esos ochenta años hubo genios que tenían en común la aventura o el humor, ahora hay gente que dibuja sobre experiencias personales, hay mujeres dibujando historieta, que es creo la gran revolución. Las mujeres entraron con mucha fuerza y ahora deben estar publicando más en EU y Europa. Es posible que haya más libros de mujeres que de hombres, y ojalá que se vayan sumando. Estamos en un buen momento.

Con Macanudo compartes casa con el periodismo ¿qué has aprendido de tu compañero de piso?

El periodismo está en momento muy importante. Hace 10 años o menos, no existía la vorágine de delirio que es internet, la cantidad de noticias falsas, memes bizarros, la confusión, cacofonías, de mucho mucho ruido. En medio de ese ruido no sabes bien a quién creerle o qué creerle. Si quieren sobrevivir las grandes empresas periodísticas, van a tener que darle mucha libertad a sus periodistas, inclusive en detrimento a su línea editorial. Este es el momento más importante de los periodistas independientes. A mi lo que más me gusta de los periodistas que me he cruzado en mi vida es la curiosidad constante, yo me doy cuenta rápido cuando una persona me está entrevistando con curiosidad o sin curiosidad. El periodista que viene sin curiosidad, que se leyó una página de Wikipedia no veo que vaya ir muy lejos. A los periodistas les admiro esa especie de curiosidad, ojalá que los buenos periodistas no dejen de tener esa necesidad de rascar, y que los lleve lejos con toda la libertad de decirlo. Están en un momento importante y es peligroso, porque es posible que por un lado las corporaciones terminen de comprar todos los medios gigantes y dentro de esas corporaciones no tengan esa libertad, por otro lado el lío y el caos que es Facebook y Twitter al generar confusiones para que tipos como Donald Trump lleguen al poder. Por eso estamos confiando en ustedes y en sus colegas, ¡fuerza chicos!

*Liniers y Montt presentarán su espectáculo de stand up ilustrado por primera vez en Guadalajara el próximo viernes 14 de septiembre a las 20 horas. Los boletos están disponibles en Casa Territorio o en www.territorio.mx

Luis Sánchez Barbosa

Periodista. Estudió derecho y política. Director de Territorio.