El triunfo cultural de la ética Jesuita en Guadalajara

La hegemonía cultural en la Guadalajara del siglo XXI

“Los Jesuitas los cuidan como padres; y, como padres también castigan los más pequeños errores… El látigo, el ayuno, la prisión, exponerlos a la vergüenza en la plaza principal, penitencia pública en la iglesia, estos son los castigos que usan… Así que, los hijos “rojos” de Paraguay no conocen otra autoridad sino la de los buenos Padres”.*

El progreso, que se fundamenta en la razón cartesiana, descarta al loco como sujeto público al pensarlo como incapaz de construir verdad, solo como vocero de excentricidades, contradicciones y sin sentidos. Por ello permitirle ser ciudadano sería una desproporción, su espacio ideal es el encierro en el manicomio o la cárcel. Aunque cuando el grado de locura es insuficiente para volverlo inoperante, puede ser participe de la orquesta en la que se le otorga, de manera misericordiosa, un espacio en el que deberá tocar el instrumento designado de la mejor manera posible. El pensamiento colonial requiere de un otro a someter. La dominación debe poseer un componente moral que avale a nivel subjetivo, individual y colectivo, que la acción ejecutada no es solo un acto de sometimiento, sino una muestra de buena voluntad con el dominado. El ciudadano, actante con posibilidades de acción pública, es el sujeto dominante de la ciudad, que impone su moral y cosmovisión frente al actante común, personas con un nivel medio o bajo de capital cultural, económico 0 político, cuyos puntos de vista son desprestigiados e ignorados al ser provenientes, justamente, de locos.

En la conquista de América Latina, la Compañía de Jesús constituyó una revolución en las formas de colonialismo al dotar al sujeto amerindio de la posibilidad de la reforma. Sí para el invasor ortodoxo la conquista, la corona y Dios eran suficientes justificaciones para la carnicería, los Jesuitas vieron en el habitante del “nuevo mundo”, un alma que si bien vivía en el atraso y el pecado, perezoso, ignorante y fornicador, su esencia era la de un hombre más. Ante la lejanía de la fe cristiana y del progreso europeo, este hombre estaba perdido en el paganismo naturalista, aunque si las medidas correctivas adecuadas eran puestas en práctica, su camino terrenal y espiritual tendría mejor puerto de llegada. La ética Jesuita no expresa un respeto a la multiplicidad en igualdad de circunstancias, sino el humanismo del castigo expiatorio para la reforma moral. Un par de siglos posteriores la compañía de Jesús mantiene intacta la lógica con la que veían a los indios, con ternura y compasión, sujetos ávidos de una salvación que solo ellos pueden dar. “El culpable (…) era azotado en la plaza (…) habiendo sido castigado y reconciliado, besaba la mano de aquel que lo había golpeando diciendo ‘Que Dios te recompense por liberarme mediante este leve castigo, de los sufrimientos eternos que me amenazaban’.”

La ética Jesuita no solo es un proyecto espiritual que aspira a la rectitud individual, es ante todo un modelo político que construye infraestructuras que permitan diseminar su apuesta teológica al mayor número de personas. En Guadalajara el Instituto de Ciencias primero, y con mayor fuerza el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) después, han sido los espacios que han articulado desde mediados del siglo XX los intereses de la congregación. Ha sido una apuesta que ha tenido sus inconsistencias pero que ha dejado sus aprendizajes sabiendo convertirse en el centro del pensamiento de la ciudad. El surgimiento del ITESO habría que situarlo en el contexto de polarización política de posguerra; si bien a principios del siglo XX los Jesuitas fueron allegados al ala derecha de la iglesia católica, sobre todo en el período cristero al ser algunos de ellos participes de la Liga Nacional de Defensa de Libertad Religiosa (grupo de lucha contra el gobierno de Calles) así como auspiciar y ser parte de la creación de instituciones de la extrema derecha como los Tecos y el Yunque, esto cambió a mediados de siglo y trasladó a algunos sectores Jesuitas al lado contrario de la geometría política.

Para ejemplificar su ambivalencia pública es ilustrativo utilizar el caso de uno de los sacerdotes involucrados en la primera etapa del Instituto Tecnológico de Monterrey. Este centro educativo fue financiado por el empresario regiomontano, Eugenio Garza Sada, hijo del fundador de la cervecería Cuauhtémoc, y por Roberto Guajardo Suárez, presidente de la COPARMEX. Ambos fueron miembros de la Cruzada Regional Anticomunista y decidieron construir una universidad que fuera ajena a la influencia del pensamiento de izquierdas; a razón de ésto, invitaron a los Jesuitas para que encabezaran la nueva institución educativa y cuidaran que los jóvenes “siguieran su camino apostólico”

Para infortunio de los empresarios llegaron dos sacerdotes inspirados fuertemente por la doctrina social impulsada por Pedro Arrupe y por las ideas de lo que posteriormente se conocería como la teología de la liberación. Los sacerdotes fueron Javier de Obeso y Orendáin y Manuel Salvador Rábago González quienes también simpatizaban con los movimientos estudiantiles y con diversas corrientes marxistas. Juntos crearon una organización para la divulgación de sus ideas insurreccionales la Obra Cultural Universitaria (OCU), inicialmente apoyada también por Garza Sada, quién al saber que dicho instituto era utilizado para inculcar el pensamiento de izquierdas en la juventud, decide cortar su financiamiento a la OCU y expulsar a los Jesuitas del ITESM.

Ante los ánimos políticos de su tiempo, Javier de Obeso y Orendáin (uno de los fundadores del ITESO llevaba el apellido de Obeso y Orendáin, pero no pude corroborar si existían vínculos) se concebía partidario de la creciente insurgencia nacional. De Obeso, mientras ocupaba espacios educativos tanto en el ITESM como en la OCU, se encargó de alentar a los jóvenes a ser críticos con la desigualdad. Uno de sus alumnos más cercanos fue Ignacio Salas Obregón, líder e ideólogo de la Liga Comunista 23 de Septiembre, quien había sido instruido y alentado a tomar las armas por Javier. En el momento en el que la represión por parte de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) fue más fuerte contra los diversos grupos guerrilleros, los Jesuitas no levantaron la voz a favor de los estudiantes insurrectos. Javier de Obeso, perteneciente a una de las familias acomodadas de Guadalajara, decidió dejar atrás su impulso rebelde ante el aumento de la violencia y terminó por silenciarse ante la guerra sucia auspiciada por el gobierno en complicidad con las cúpulas empresariales. El ITESO como institución no manifestó su apoyo al movimiento del 68, y permitió la visita del genocida líder de la DFS, Miguel Nazar Haro, en 1974 para solicitar a la institución los expedientes de los alumnos relacionados con la Liga y otros grupos guerrilleros; estas desatenciones hacia con las izquierdas fueron suplidas con el estrechamiento en sus relaciones con importantes figuras del Partido Acción Nacional, incluido Efraín González Luna. Efraín no es solo un ideólogo del PAN sino el patriarca metafísico del ciudadanismo en la ciudad.

González Luna poseía una muy particular visión de la cristiandad. El Personalismo es una corriente filosófica que se separa tanto del liberalismo tradicional en el que se piensa en los sujetos como seres desrelacionados y cuyo única motivación es el interés propio, y de los diversos socialismos en los que el sujeto es un devenir histórico, para centrarse en la persona como un ser que si bien es social, es un individuo autónomo autocontenido y trascendental. Esta visión desde su aspecto político enaltece la idea del Bien Común, ya que por una parte toda persona tiene una deseo natural por su realización individual, pero a la vez, no puede cumplir a cabalidad dicha tarea si no es mediante la ayuda de los otros. Este Bien Común implica también que el Estado no debe de favorecer a ninguna clase social en particular, si bien habría que generar instrumentos de ayuda cuando cierta parte de la población se viera incapacitada de solventar alguna de sus aspiraciones, cada quien desde su clase social tiene el inexorable derecho de buscar cumplir con su destino, ya que la sociedad es como un cuerpo en el que cada sector cumple un papel. El proletario cumple su papel de proletario y el burgués de burgués. El Bien Común impulsado por González Luna impulsaba la mejoría de todos, pero mientras todos estuvieran en su lugar, una clase de conservadurismo progresista; mejorar para que todo siga igual.

La ética Jesuita y el Personalismo, inevitablemente se funden ante la historia de la ciudad en un solo cuerpo ideológico cuyos ejes fundamentales son la pugna por la domesticación del otro salvaje y el asistencialismo jerarquizador. Ambos son en última instancia la razón clasificadora que permite entender y sostener el orden en el que cada cosa está en el lugar en el que debe de estar. Esta mezcla se concreta a lo largo de la década de los 90s con el advenimiento de los gobiernos panistas, aunque contrario a lo que podría pensarse, no como grupo favorecido por ellos (aunque en las administración panistas existieran sectores reivindicados como personalistas) si no como alternativa progresista para la ciudad. La Universidad de Guadalajara, cuyo vocacionamiento debería convertirla en el espacio de construcción de un pensamiento popular, es durante la guerra fría un agencia de viajes soviética, lo que le permite presentarse como una universidad socialista, aunque en el práctica es un instrumento de represión contra los movimientos sociales con su brazo armado, la FEG. A la caída del Muro de Berlín, la nueva cúpula universitaria abraza con ánimos la agenda neoliberal y convierte a la universidad pública de Jalisco en un conglomerado de empresas. Es esta orfandad ideológica la que permite que el ITESO se consolide como el espacio crítico por excelencia, que si bien no podría posicionarse como una universidad de izquierdas, en el escenario local se vuelve en sinónimo del progresismo. El ITESO no resulta tan empresarial como el Tec de Monterrey, no es tan conservadora como la UAG o la Universidad Panamericana, pero tampoco es tan socialmente activa que espante a los empresarios y a las élites de la ciudad. En Guadalajara somos tan de derecha que se entiende al ITESO a la izquierda del espectro político.

 

El ciudadanismo local

En el siglo XXI cuando se diluyen las posiciones ideológicas y emerge la tecnocracia como único discurso posible, inicia la última combinación que daría lugar al ciudadanismo local. El fin de la historia anunciado por Francis Fukuyama desmantela la posibilidad de pensar en un salida del sistema, es así que la ética Jesuita, que sufría una clase de esquizofrenia frente a los problemas públicos, el nuevo mantra neoliberal le permitió tomar piso frente a los excesos del sistema y situarse como reformador más no plantear ningún otro mundo posible de manera concreta. Es así que la micropolítica resurge como estrategia acorde a los nuevos tiempos, permite señalar de manera clara problemáticas específicas sin entenderlas como emergencias de las relaciones de poder y dominación. Los nuevos ecologismos se plantean como escenario para el desarrollo sostenible, pero no como apuestas por un desarrollo distinto, los nuevos feminismos confunden a Emma Watson con Emma Goldman, y la estrella de la corona, el nuevo eje articulador de la inconformidad en la esfera pública, no es la emancipación del hombre o la justicia social, es por el contrario, el ciclismo urbano.

Las nuevas racionalidades políticas obligan a expulsar el componente religioso de los nuevos activismos, aunque permite mantener un análisis metafísico de las problemáticas sociales. Sí la acción se expresa desde la ética Jesuita, la mirada moral provendrá de una Personalismo laico, que elimina el componente abiertamente religioso, y cuya mirada respecto a la persona, su responsabilidad individual y la búsqueda del Bien Común se entiende no como proyecto colectivo de emancipación sino como necesidad para la superación individual. El ciudadanismo piensa en los otros como salvajes, se concibe a sí mismo como su salvador, su motivación se centra en el avance colectivo para lograr su individual destino manifiesto.

“El ciudadanismo se plantea como una especie de democraticismo radical que trabaja en la perspectiva de realizar el proyecto cultural de la modernidad en su dimensión política, que entendería la democracia no como forma de gobierno, sino como modo de vida y como asociación moral. El ciudadanismo no llama al desmantelamiento del sistema capitalista, sino más bien a su reforma ética, reclamando una agudización de los valores democráticos abstractos y un aumento en las competencias estatales que la hagan posible.”

Si bien el ciudadanismo local se podría inscribir como una versión actualizada de la socialdemocracia como sucede en otros países, ya Lenin describía de manera atinada a la socialdemocracia como aquellas formaciones políticas que se limitaban a pugnar por más democracia. Es difícil situar un antecedente histórico de importancia como para poder asegurar que el discurso hegemónico en Guadalajara sea hoy un triunfo de dicho cuerpo ideológico, por lo que pudiera parecer que el resultado es más una mutación del conservadurismo con conciencia social, que si bien tiene puntos de encuentro con la socialdemocracia, sus instrumentos críticos se alejan de su epistemología y se plantean acciones impulsadas sobre todo por la fe ciega en una nueva mitología, que pugna por el Bien Común como estado de bienestar individual en el marco de un colectivo.

El carácter de una sociedad podría establecerse por sus acuerdos. Aunque éstos nunca son homogéneos, mucho menos en una ciudad de 5 millones de habitantes. La hoy tan vanagloriada sociedad civil es en realidad un puñado de personas con capacidad de articulación pública, no es que exista en abstracto, es en realidad el cúmulo de esfuerzos de grupos de poder cuya pugna es la de crear un bienestar material en el que se encuentren cómodos. A diferencia de otras manifestaciones de poder, el de la sociedad civil no se basa en el capital material, por lo menos no entre todos sus miembros, sino en el capital cultural y moral que parecen proyectar frente a los medios de comunicación y la validez otorgada por las cúpulas institucionales, quienes conviven en un estire y afloje de estrategias de legitimación entre ambas esferas. Es una danza pública de dos sectores que en última instancia nada representan a las clases populares (la mayoría), quienes poco o nada tienen que decir de la lucha en un pista que desconocen, salvo cuando algún resultado del baile termina por afectar sus intereses inmediatos, momento en el que si se mantienen en los márgenes de lo deseable para los poderosos, se convierten en actores legítimos con quien dialogar, de lo contrario, si su afrenta contraviene la lógica, no solo de los políticos o empresarios, sino también de la sociedad civil, se convierten en radicales, en salvajes cuyas peticiones provienen no de la legítima lucha, sino de la ignorancia, ‘la pereza y la fornicación’, son ante los ojos de lo público, unos locos.

Históricamente las luchas por los derechos civiles no provenían de la izquierda, sino del progresismo, que en términos económicos son igual o más extremistas que la derecha tradicional. No es inocente que la agenda de la sociedad civil emergiera en los países anglosajones, sobre todo en EE.UU en un momento en el que los demás países reivindicaban la emancipación. Allá sus manifestaciones de inconformidad fue la contracultura, que en última instancia no es más que la exaltación del individuo sobre todas las cosas, con la honrosa excepción de personajes como el islamista Malcom X o los Panteras Negras. Hoy, no solo en Guadalajara sino en el mundo, la crisis social, ambiental y ecológica es tan intensa que es el propio capitalismo el que ha buscado aminorar las consecuencias de su infinita expansión creando nuevas narrativas como las empresas socialmente responsables, las ONGs o el emprendurismo social, esquemas que no se plantean vías para la construcción de nuevos paradigmas, actitud que ha hecho muy buena sinergia con el ciudadanismo local.

Al hablar de hegemonía implica que ni todos los que han ido o trabajan en el ITESO sean producto de todo lo anterior, ni que los que no sean parte del centro escolar no lo sean. Mucho menos es un complot milenario para el control de Guadalajara, es sencillamente la escalada de un tipo de pensamiento que permeó en las esferas sociales con más visibilidad pública, y que en última instancia se convirtió en sentido común. Las batallas por la ciudad son válidas, pero es un exceso pensar que una victoria de la “sociedad civil” significa que ha ganado la gente, cuando los que ganan son un grupo de poder frente a personas que en ocasiones pisan por primera vez el coliseo público. ¿Es posible escapar a la dominación? Parecería que no, pero valdría la pena experimentar nuevas formas de hacer ciudad en la que dejaramos la pedantería ilustrada de los expertos y comenzaramos a plantear esos otros saberes y esas otras sensibilidades, sobre todo aquellas que provienen de los históricamente invisibles, que no son las minorías (que en última instancia tuvimos que verlas para reconocerlas). Esto solo si queda una mínimo deseo democrático, de lo contrario siempre existe la posibilidad de seguir intentando someter a los salvajes y desestimar a los locos, aunque la locura es siempre fluctuante y no tendríamos que sorprendernos si se gesta un levantamiento popular que rechace por completo la diatriba del progresismo y pidan que quien reconoce al salvaje se vuelva en su nuevo emperador (Ej: Donald Trump).

 

*Paris, E. La historia secreta de los Jesuitas. 2006

  1. Torres Martínez, H. Monterrey Rebelde 1970 – 1973. Un estudio sobre la Guerrilla Urbana, la sedición armada y sus representaciones colectivas. El Colegio de San Luis. 2014.
  2. Gutiérrez Vega, M. Espionaje al ITESO: con la marca de la sospecha. Revista Magis. 2013.
  3. Delgado. M. Ciudadanismo. http://manueldelgadoruiz.blogspot.mx/2014/03/ciudadanismo-resena-del-revolucion.html.
     
     

Conrado Romo García

Egresado de la maestría en Urbanismo por la Universidad de Guadalajara. Ha trabajado como asesor de distintas dependencias y actores políticos en temas como la participación ciudadana, la innovación gubernamental y realizando estrategias de comunicación. Actualmente es el Director del Órgano Técnico de Asuntos Metropolitanos del Congreso de Jalisco, ha escrito para medios como Horizontal.mx, el Fanzine o U-gob, localiza su práctica profesional en el campo del diseño cívico. Agitador cultural y apóstol de la cultura libre. Ver sitio personal