Guadalajara, me estás matando

Karla Jáuregui restaura desde la estructura material, histórica y social de las obras que interviene. ¿Cuántas personas se necesitan para restaurar una ciudad?

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Dos hombres custodian la Minerva cada mañana. En realidad riegan, cortan y dan abono al jardín que la rodea. Hace más de tres años un hombre como ellos fue el primero en notar las grietas en la base del monumento, expresó su preocupación y al tiempo el ayuntamiento municipal le pidió una evaluación a la restauradora Karla Jáuregui; ella convocó a especialistas, juntos revisaron el monumento y su estructura; el estado era grave. Karla encontró urgente detener el deterioro, pero el ayuntamiento de aquel momento decidió postergar la restauración. Al llegar la actual administración, Karla se acercó a la Minerva, en el lugar estaban autoridades de las direcciones de Proyectos del Espacio Público y Mantenimiento Urbano, entregó el documento que habían realizado y pidió una cita con ellos.

La Minerva de Guadalajara es un monumento pegado a una base, es un bien cultural mixto: un bien inmueble por su base, y mueble por ser escultura; es un ícono y una lápida. Representa a la ciudad, y a la vez la desnuda, es una muestra de las aspiraciones cosmopolitas de una sociedad que si se mira al espejo no se reconoce. Siendo la Minerva la diosa romana de la sabiduría, las artes, las estrategias de la guerra y la defensa de los artesanos, también fue para los griegos, con el nombre de Atenea, la diosa de la justicia a la que le encomendaron una nueva ciudad que llevaría su nombre, Atenas. Así el gobernador jalisciense de mediados del siglo anterior, Agustín Yáñez, decidió representar con una diosa de la antigüedad el orgullo local. Una prueba de la ambigüedad con la que se construyen las identidades urbanas.

Desde el miércoles 29 de junio del 2016, Karla Jáuregui es la persona al frente del proyecto de restauración del monumento más visible de Guadalajara. Y no ha sido fácil. Ese día se asignaron un millón y medio de pesos para el proceso de diagnóstico, sin embargo cuando Ricardo Agraz, el encargado de los proyectos del espacio público en Guadalajara, aventuró a inicios de junio la cifra de 8 millones como costo total de la restauración, en la que creían necesario remover la escultura, transportarla y pagar un seguro, políticos de partidos ajenos a Movimiento Ciudadano (al que pertenece el alcalde de Guadalajara), aseguraron que Karla no tenía recomendación alguna para tal obra y que el municipio actuaba con opacidad.

Después de intervenir obras en Guadalajara como el Templo de Santa Mónica, la Catedral de la ciudad, la Biblioteca Iberoamericana y el Palacio de Gobierno, la Minerva es el proyecto más politizado en el que Karla Jáuregui ha participado.

Karla pertenece a la primer generación de egresados de la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente (ECRO), una institución que abrió sus puertas en octubre del año 2000, de la que se han graduado doce generaciones, y un total de 177 restauradores.

Ahora Karla es restauradora y conservadora en el Museo Regional de Guadalajara, imparte clases en la ECRO, dirige la firma de restauración que lleva su nombre y que tiene a cargo el proyecto de restaurar el monumento de la Minerva durante dos etapas; primero la base y las inscripciones, después la escultura. Al final la Minerva será intervenida sin ser removida, se pronostica que el proceso dure siete meses, y el presupuesto aprobado para la restauración es de un millón 800 mil pesos.

De padre médico y madre enfermera, Karla es la única mujer entre cuatro hermanos, tres médicos y un ingeniero. Tuve una conversación con ella, y esto es algo de lo que platicamos:

 

¿Cómo fue salir de la prepa y decidir estudiar una nueva carrera que pocos conocían en la ciudad?

Fue una coincidencia afortunada. Me gusta mucho el teatro y pensaba ir a la Ciudad de México para estudiar de manera formal, aunque mis padres me decían que por qué no estudiaba algo aquí. Un día estábamos desayunando y leyendo el periódico mi papá y yo, vimos la noticia de que abrirían una escuela de restauración, y a pesar de que ya había sido aceptada para Diseño Industrial en la UDG y también para Ciencias de la Comunicación en el ITESO, pensamos que restauración podía ser algo complementario. Terminamos de desayunar y fuimos a ver qué onda con esa escuela.

Llegamos y supimos que estaban a punto de hacer el examen de admisión, yo fui a pedir informes solamente y me quedé a hacerlo. Al salir pensé que podíamos irnos, entonces mi papá me dijo, “¡no, toda la semana hay exámenes!” Desde antes de sentarme a hacer el examen me encantó el programa, era una mezcla de todo lo que me gusta, había clases de historia, de literatura, de biología, química, arqueología, de arte… es una mezcla de un bloque científico, uno técnico y otro de humanidades.

Entré en el 2000, y salí en 2005, son 5 años de carrera.

 

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Monumento de La Minerva en Guadalajara, Jalisco, México / Foto: Angel Melgoza

 

Has trabajado y tienes una especialidad en materiales pétreos, estuco, pintura mural y superficies arquitectónicas históricas.

He trabajado más con piedra porque la vida me llevó por ese camino, desde que fui estudiante me gustaba trabajar como en espacios de convivencia o en puntos de referencia para la sociedad. Generalmente tienen que ver con edificaciones, y de estudiante me iba mucho de voluntaria a zonas arqueológicas, me gustaba mucho, el tema de estuco, piedra, pintura mural.

 

¿Cómo es el mercado de los restauradores? Al graduarte ¿qué hiciste?

Egresé y me fui a Alemania, allá observé un fenómeno diferente, el de un mercado muy sólido, hay muchas firmas de restauración. Yo trabajé en el Nuevo Museo de Berlín, y había un verdadero mar de gente, hay muchísimos materiales y un ejército de restauradores que pertenecían a distintas firmas privadas.

Ese proceso aún no existe en México, en parte porque aquí hay instituciones muy fuertes, el INAH y el INBA, que se han encargado de regular y proteger. Lo que vi en Alemania es la tendencia que llegará a nuestro país en que la iniciativa privada tome el campo cultural también. Será justo el momento donde el mercado laboral se empiece a conformar de manera más competitiva, como en Alemania.

Aquí el mercado privado está justo en su momento de emergencia. Estamos generando ese mercado. Cuando yo empecé en 2008, había restauradores incluso empíricos, muchos talleres desde antes de la ECRO, pero no hay ni un colegio de restauración todavía por ejemplo. Es tan basto el patrimonio en México que hay trabajo para todos, y cada quien elige dónde colocarse.

 

¿Y el pago por su trabajo?

Pues depende lo que estés buscando, yo tengo un proyecto con la comunidad Wixarika y trabajo con ellos muchas veces de maneras voluntarias. No es una manera de enriquecerse, eso sí te puedo decir. La restauración es una forma de alimentar tu gusto personal, yo alimento mi propio interés de conocer otras culturas, y cada caso ha sido tan distinto que es como una nueva etapa de mi vida. Yo generalmente he sido autogestora de mi trabajo. Si veo algún caso que me interese voy, y es mi propio interés el que me mueve, siempre he buscado, y he ido en busca de lo que me gusta.

 

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Hecha de metales reciclados, la Minerva mide 7.49 metros, pesa 5 toneladas y descansa sobre una base de 6 metros / Foto: Angel Melgoza

 

¿Qué hiciste después de estudiar en Alemania y observar el fenómeno de las firmas de restauración? ¿Por eso fundaste “Memento – servicio y asesoría profesionales de conservación y restauración de bienes muebles e inmuebles”?

Después de estar en Alemania regresé a México e hice la firma Memento. La asociación civil Adopte un Obra de Arte me solicitó hacer todo el trabajo de la fachada en el Templo de Santa Mónica, donde la obra se extendió por tres años. En 2008 empecé a trabajar formalmente cosas mayores, y en 2009 me convertí en docente. Fui maestra titular en la ECRO del taller de Conservación de Pintura Mural, también impartí Teoría de la Restauración y Administración de Proyectos.

La verdad es que los proyectos han sido mi escuela, recibí una formación que me gustó mucho y me hizo ser profesional, y las capacitaciones me han enriquecido, pero mi verdadera escuela ha sido el campo.

 

Has participado en proyectos de restauración de importantes edificios patrimoniales de Guadalajara, ¿a la gente les sorprende tu edad, o que seas mujer?

Siempre he trabajado en la calle porque todos mis trabajos son en la fachada, en el recubrimiento pétreo, y es bien interesante la convivencia con el transeúnte, son vivencias cotidianas interesantes, a mucha gente le importan estos edificios y muchos llegan a darte su opinión. Nunca nos ha pasado nada violento, algunas veces los proveedores llegan ¡y me preguntan por mi jefe!

Mi percepción es positiva, el interés es para que las cosas se conserven. He trabajado en un terreno que usualmente estaba ocupado por el género masculino, pero no es un problema eso, tampoco soy feminista. En el trabajo las dificultades se rebasan, todos somos parejos y nos subimos al andamio aunque esté a 15 metros de altura.

 

Hablabas del interés personal que te mueve al momento de elegir un proyecto, ¿alguna de las restauraciones importantes que has hecho fue gestionada por ti?

El monumento de la Minerva. En algún momento me llamaron para ver el caso, y cuando no se intervino en la administración pasada, yo le di seguimiento, lo gestioné y conseguí una cita. Hubo tres representantes, uno por cada oficina, Obras Públicas, Espacio Público y Mantenimiento Urbano. Después me siguieron solicitando trabajos, insumos, especificaciones y aclaraciones, yo seguí el proceso de gestión y de entrega de muchos productos de lo que me iban solicitando, el documento te daba una noción y ellos necesitaban aclaraciones. Lo gestioné hasta la restauración.

La primera vez que ví la Minerva de cerca pensé que era un gran reto por todos los problemas técnicos. Me di cuenta que estaba en malas condiciones, pero me dio mucha curiosidad saber porqué estaba en malas condiciones un monumento no tan antiguo; además por el ícono que es, significa algo muy atractivo desde todos los puntos de vista. El restaurador no sólo trabaja con la materia, que es un universo importante para nosotros, sino que se combina con otras disciplinas como historia del arte para hacer una aportación a lo que se está trabajando.

Al tratar un bien cultural le otorgamos un nuevo valor, es decir, existe toda una documentación sobre la Minerva, pero nosotros tuvimos un acercamiento a lo que hay ahora y a lo que nos refleja el tiempo. Una nueva aportación termina por complementar esta relación histórica, documental, de lo que el autor aportó; la restauración siempre suma al objeto material.

 

Tiene un peso simbólico, político y económico importante el monumento, pesos que se trasladan a ti, ¿qué cambia para Karla este trabajo? ¿Prevés un antes y un después?

Claro que hay cambio, hay crecimiento profesional. Hay cosas que he aprendido y entendido a partir de esto. La catedral no fue tendenciosa ni polémica.

 

¿Por qué éste monumento lo está siendo?

Porque lo está haciendo Alfaro —Enrique Alfaro es alcalde de Guadalajara desde octubre del 2015 y se proyecta como el candidato del Partido Movimiento Ciudadano para la gubernatura de Jalisco— creo que todo lo que haga Alfaro será denostado, porque es de un partido distinto, hay una competencia tremenda por llegar a la gubernatura y creo que tiene que ver con cuestiones políticas no con el proyecto de restauración.

Yo he trabajado en muchos monumentos y ninguno había sido así de político. Este es el más político, y el patrimonio cultural no se debe usar políticamente, el patrimonio cultural debe de tratarse como algo que nos importe a todos, independientemente del partido. Que qué bueno que se haga, que bueno que no se deje caer algo que es representativo para todos, a pasar, con, y sobre el partido que esté en el momento.

Nosotros los técnicos siempre nos hemos enfocado en lo técnico, y no en lo político, ni lo económico. Este proyecto me ha implicado aprender muchas otras cosas que tienen que ver con un proyecto. Ser restaurador también es ser administrador si lo haces de manera independiente y es importante saber comunicar tu trabajo y saberlo difundir, socializarlo para que todos los involucrados sean tomados en cuenta.

 

Supongo que tu trabajo como profesora de Administración de Proyectos agarró una plusvalía impresionante

¡Mis sesiones de clase son como mis experiencias de vida en el trabajo! Comparto lo que he vivido en el proceso de la gestión de una obra pública, que tiene los mismos pasos que cualquier otra obra. Lo he aprendido haciéndolo bien y mal. Las dos cosas al final se suman y en mis clases además la materia y la estructura están llenos de tips.

 

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El deterioro del monumento ha sido rápido por el cambio de su contexto / Foto: Angel Melgoza

 

¿Cuál es el papel de un restaurador para el patrimonio, para las personas, para la ciudad? ¿Qué restaura un restaurador?

Un objeto tiene una estructura material, pero también una histórica y social. Esa estructura social es la que te lleva a conocer el objeto, se restaura también desde el punto de vista social y comunitario.

También se establece un diálogo con la obra, es algo muy de la disciplina, una vez que comienzas a trabajar comienzas un diálogo: Tú preguntas cosas y el objeto te responde —levanto las cejas—: No estoy drogada —dice y ríe.

Es necesario trabajar en perspectivas de riesgo y de conservación preventiva. Para la Minerva es importante que ya no se va a seguir deteriorando de forma progresiva como sucedía. Las cosas pudieron estar más graves, el deterioro ha sido muy rápido por la condición contextual que enfrenta, la fuente y el paso vehicular, incluído el túnel a desnivel que pasa por debajo, todo lo que cambió en torno a su contexto. Se actuó en un momento oportuno, es esa idea de no dejar que las cosas lleguen a ese punto donde se ven como una ruina.

No sólo se trata de llegar a levantar lo que ya se cayó, sino actuar donde hay un riesgo para la obra, para la gente y para el consciente colectivo; porque ver cómo un monumento se cae, es también ver…

 

Karla deja la frase incompleta y continúa de otra forma. Aquí termino la transcripción de la entrevista, pero me gustaría completar la frase de Karla diciendo: es también ver a la sociedad caer.

En la novela Estas ruinas que ves, de Jorge Ibargüengoitia, dice de los habitantes de Cuévano: “Cada vez que una generación se junta con algo de dinero, tumba lo que hicieron las anteriores y levanta en lugar de lo derruido algo que, siendo nuevo, tiene aspecto de antigüedad traída de otra parte.” Así los habitantes de Guadalajara también han buscado transformar y pocas veces se encargaron de preservar, es esta una ciudad donde el patrimonio ha sufrido grandes mutilaciones y donde vive diarias amenazas, una ciudad que si tuviera memoria, no permitiría ningún arrebato patrimonial más.

Karla me comparte datos técnicos y científicos del monumento, como su composición: cobre, estaño y plomo, con una presencia de bismuto, característico del material reciclado que se utilizó para hacer la escultura, válvulas de luz. La Minerva está hecha de metales reciclados que fueron fundidos para darle forma, esa forma esbelta de 7.49 metros que mide sobre una base de 6 metros con lo que casi completa los 14 de altura y 5 toneladas de peso; la Minerva está formada por 30 secciones, fue trasladada en tres grandes piezas y montada al centro de la fuente en 1957.

La base de piedra que sostiene a la Minerva está hecha de una “piedra tapatía” como Karla Jáuregui la llama por ser identitaria de los edificios históricos de Guadalajara; su nombre es Toba Volcánica Amarilla y era extraída de un lugar llamado La Experiencia, “la ciudad se urbanizó y se cubrieron todos esos mantos de donde se extraía”, la ciudad se tragó La Experiencia y no aprendió nada.

“La idea de una escultura monumental es que resista, es la idea de la pertenencia. Lo que nos dice como ciudadanos, la idea de lo monumental es el referente que te da un mensaje masivo” dice Karla; y esta escultura monumental que es la Minerva se ha vuelto frágil porque su tipo de montaje, uniones, y metal no estaban preparados para el contexto que hoy la rodea, es una escultura de casi 60 años a la que la ciudad también se tragó.

Una buena comparación se puede hacer entre la Minerva y la sociedad, ¿cómo están nuestros montajes, uniones y composiciones como sociedad? ¿Qué tan frágiles nos hemos vuelto y cómo podemos restaurarnos?

El ex gobernador Agustín Yáñez mandó construir la Minerva porque creía que Guadalajara, modestia aparte, como los cuevanenses de Ibargüengoitia, era la Atenas de por aquí. Nos sigue haciendo falta revalorizar el legado indígena y multicultural que representa hoy una ciudad de cuatro millones y medio de personas.

 

 

Angel Melgoza

Estudió Contaduría Pública y Finanzas antes de descubrir que le apasionaba el periodismo. Después de entrevistar a un viejo historiador de la ciudad, dijo: "quiero hacer esto toda mi vida".