La honorable fachada

Cuando la lección del día es la discriminación

El proceso de inscripción de un niño a las escuelas privadas en la ciudad es sencillo: hacer examen de admisión, entregar documentos como acta de nacimiento y fotografías tamaño infantil, pagar una mensualidad de cuatro dígitos, comprar el uniforme, entrevistarse con los directivos. Y en definitiva, no ser madre soltera.

“No estamos preparados para manejar una situación como la suya”.

Amelia, Sylvia y Graciela tienen algo en común.

Amelia inscribió a su hija a un colegio privado de la ciudad. Cuando se enteraron que la niña había nacido in Vitro de donador anónimo le negaron la entrada. Según la directora no estaban preparados para manejar una situación así.

A Sylvia y a su hija la corrieron de una primaria privada porque su ex esposo estuvo en la cárcel. La niña era buena estudiante, pero su padre era criminal. La institución no quería tener problemas.

Graciela, quien realmente tiene otro nombre, se divorció cuando uno de sus hijos cursaba la primaria. A partir de ese momento, la escuela y los padres de familia la han juzgado y presionado para salirse.

A las tres los colegios privados de la ciudad como el Instituto de la Vera Cruz y el John F. Kennedy, junto con la comunidad de padres, les han negado el acceso o han actuado en contra de sus familias por ser madres solteras. Esta educación privada no está preparada para situaciones así, discrimina.

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El 21 de junio, Amelia compartió en su cuenta de Facebook la mala experiencia que tuvo al inscribir a su hija de dos años al colegio Vera Cruz. Aunque al inicio la aceptaron, el colegio le negó la entrada tras explicar a las directivas su decisión de tener una hija in Vitro de donador anónimo. “La directora me dijo que mi situación familiar podía incomodar a varias familias de esta institución, porque al ser un colegio católico no debían aceptar gente como nosotras, así que yo debía mantener un “perfil bajo” como padre de familia para esconder mi situación, que no participara en reuniones, que no llamara mucho la atención, ni asistiéramos a fiestitas y demás ya que muchos podrían estar en desacuerdo y a los niños que son “diferentes” tienden a ser segregados y que podrían hacerle bullying (sic)”, escribió la mujer en una publicación que a la fecha lleva más de 472 comentarios.

Les preguntó cuál sería la posición de la escuela si algún padre se queja y la respuesta fue que la correrían. El colegio es un negocio y no hay espacio para arriesgarse a perder a otras familias. Por no tener pareja y concebir a un hijo de manera diferente Amelia no era bienvenida.

Un embarazo in Vitro es una técnica de laboratorio que permite fecundar óvulo y espermatozoide fuera del cuerpo de la mujer y en este caso, con ayuda de un donador anónimo. Minerva es amiga de Amelia y también concibió a su hija in Vitro. La decisión de procrear con un donador anónimo es pensada y cada vez más común, platica. “Te dicen ‘pero cómo de donador si estás bonita'”, ellas se enfrentan a personas que piensan que si concibieron así fue porque seguramente nadie las quería.

Un día después de la publicación, el Vera Cruz respondió en sus redes sociales con una carta dirigida a Amelia y a la comunidad educativa. Rechazaron que haya habido discriminación y dijeron que “en ningún momento le fue negada su entrada o permanencia en el Colegio”. Sin más comentarios sobre el hostigamiento firmaba la Mtra. Armida María del Pilar Ríos García, dirección general.

El perfil de Amelia se llenó de comentarios sobre personas que habían tenido una situación similar en ese y en otros colegios. Ex alumnas, maestras de otras instituciones y padres que constataban el mismo trato discriminatorio en otras historias. Perfiles de Facebook que le aconsejaban denunciar, sin embargo, Amelia ha dejado de contestar por miedo a no encontrar un colegio para su hija. La han rechazado en varias ocasiones.

Y la denuncia es viable. La Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, considera discriminatorio el “impedir el acceso a la educación pública o privada” por motivos de “el estado civil, la situación familiar, las responsabilidades familiares”, y cualquier otro. Ninguna escuela puede negar el acceso, sino que debe educar con base en la inclusión.

Ni Amelia, ni Sylvia, ni Graciela han denunciado porque creen que es lo mejor para sus hijos. La gente habla, los colegios escuchan y cierran sus puertas.  

Lo que sí hizo Graciela, junto a su ex esposo, fue amenazar al colegio ante el hostigamiento que recibían por la aparente mala conducta de su hijo.

Tras divorciarse, y mientras el niño cursaba la primaria, los padres recibieron quejas constantes sobre su comportamiento “inaceptable” como olvidar los crayones o formarse tarde en el recreo. El colegio les insistió en firmar una carta de condicionamiento de conducta, una especie de ultimátum. Ellos respondieron con una amenaza: si nos siguen discriminando, los vamos a demandar. Las llamadas a la dirección de pronto se detuvieron.

Según el INEGI, 52% de las mujeres mayores de 12 años y con un hijo son casadas; el resto o son solteras, o divorciadas o en unión libre. Casi la mitad de las mexicanas tienen hijos sin una pareja. Aún así, hay grupos de familias que insisten en el ‘modelo tradicional’ de hace décadas.

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“La psicóloga del colegio me dijo que necesitaba tratamiento porque yo estoy mal por haberme divorciado”

En uno de sus tantos viajes a la dirección, a Graciela la enviaron a la oficina de la psicóloga para hablar sobre su comportamiento como madre. Estaba sentada frente a la mujer de cabello castaño y embetunado en un chongo que la miraba fijamente, y que no sonreía como en las fotos donde posaba con quienes podrían ser sus nietas. Le preguntó por sus hijos. Y por su ex esposo. Y por su divorcio. Y por la conducta en casa.  “La mamá es el pilar de la familia y no importa si el papá está bien o no, la culpa la tiene la mamá”, le aclaró. Y terminó con un su diagnóstico: la mujer necesitaba tratamiento.

Graciela se la creyó. Inscribió a sus hijos y a ella a terapia. Días más tarde su terapeuta la regañó: ella no tiene la culpa y sus hijos iban a estar bien.

De hecho, es normal que los niños presenten cambios de actitudes a la hora del divorcio, explica la doctora Claudia Chan Gamboa, investigadora del Departamento de Psicología Básica, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS). Dice que no hay efectos a largo plazo en los hijos de padres divorciados. Claro, el proceso de adaptación puede presentar actitudes rebeldes o baja de calificaciones, pero si el divorcio se da en buenas condiciones, se supera a los meses. Incluso, aclaró, un niño no necesita de un padre y una madre para un buen desarrollo. Son necesarias ambas figuras, y en el caso de una madre soltera la figura paterna puede estar presente en un abuelo o un tío.

El problema principal en el caso de la discriminación viene del otro lado, de los padres y los adultos que rechazan a las familias monoparentales y que les enseñan a los niños a juzgar.

En estas escuelas las colegiaturas rondan entre los 4 mil y los once mil pesos y ofrecen un catálogo de variedades para los alumnos. El colegio John F. Kennedy asegura “excelencia académica bilingüe y bicultural”, maestros completamente capacitados, y claro, disciplina positiva donde trabajan consecuencias lógicas y no los castigos. Disciplina positiva como las cartas de condicionamiento de conducta.

Por su parte, el Vera Cruz describe las bases de su colegio con valores como el respeto: “aceptando las diferencias o circunstancias que puedan existir”, y la inclusión: “aceptar e integrar a todas las personas, validando su ser único”. Siempre y cuando tengan mamá y papá en casa.

Estar dentro de una escuela privada incluye pertenecer a un cierto círculo social, asistir a desayunos, reuniones e incluso ser parte o -para los más afortunados- presidir la sociedad de padres de familia. Actividades en las que Graciela fue rechazada. Cuando las demás mamás se enteraron que ella cuidaba a sus hijos una semana y el papá otra, la cuestionaron. “A él le dicen que es un héroe porque se los lleva la mitad del tiempo. Y a mí me dicen que soy horrible porque no los tengo”. Una parte de la sociedad aún le atribuye a la mujer una única labor: la crianza.

De hecho, en Jalisco según el CONAPRED, 27.5% de los encuestados creen que una mujer le pierde el respeto al hombre al ganar más. Es el tercer grupo estatal con mayor cantidad de personas que creen eso.

También en el mismo estudio, 58.9% de los mexicanos están en desacuerdo con que una mujer pueda abortar si lo desea. El 44.9% de la población está convencida en castigar a las mujeres que lo hagan. La mitad de las personas en nuestro país quieren decidir por ellas.

En palabras de la doctora Chan, es algo peligroso desear mantener una idea poco realista en un país donde las madres trabajan y salen adelante solas. Es lo que ella llama “la honorable fachada”, pretender que todo está bien, y lo que no, se debe rechazar y ocultar.

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“La escuela dice, a mi no me des broncas, yo no te voy a apoyar y punto”

Un miércoles de noviembre del año pasado, sin explicación alguna, llamaron a Sylvia a la oficina de la directora de la escuela de su hija. Por alguna extraña razón, su ex esposo estaba ahí, el hombre que cometió abuso sexual contra su familia y que se suponía no debía entrar a la escuela, como ella misma lo pidió.

La directora la miró fijamente y le dijo: “tú estás en boca de todas las mamás, ¿te gusta ser la comidilla de la escuela? Las puertas están cerradas para ustedes a partir del lunes”. La razón: divorciarse, denunciar y meter a su ex esposo a la cárcel y pedir que no lo dejaran entrar al colegio. Defender a su familia.

Meses atrás Sylvia había pedido al colegio no entregarle su hija a nadie, solo a ella. Su ex esposo recién había salido de la cárcel, y aunque tenía una orden de restricción, había que protegerse. El colegio aceptó hasta que el tema llegó a los padres de familia.

El hombre se presentaba todos los días en el colegio e insistía en involucrarse en los eventos escolares. De a poco cada familia se enteró y el tema llegó a la Mesa Directiva, ese grupo de papás que terminan decidiendo por la institución. El mismo grupo que le insistió a la directora correr a Sylvia y a su hija, porque si no, se iban ellos.

La directora amenazó a Sylvia: “los papás vinieron a hablar conmigo y me dijeron que le prohibieron a sus hijas que se juntaran con la tuya. Entonces se va a quedar sola, ¿es lo que quieres? Nadie la va a pelar”. El colegio actuó conforme a las reacciones de los padres.

“¿Qué le voy a decir a mi hija? ¿Que no la aceptaron por su papá?”, me dice Sylvia mientras mueve la cuchara del café muy rápido, preocupada. Le preocupa que a cada colegio al que vaya, la rechacen.

Y así fue por un tiempo.

En el Instituto de Ciencias, en el Pierre Faure y en varios más la rechazaron cuando se enteraron del antecedente del padre. Le toma al café y se responde a sí misma: sí, a su hija no la aceptan por su papá. “Sería más fácil si estuviera casada, me da miedo no encontrar escuelas pero no es imposible”.

El colegio es uno de los principales escenarios para que un niño pueda superar el divorcio de sus padres. “Se supone que la escuela, como segundo ámbito de socialización después de la familia, debe ser un soporte de apoyo”, dice la doctora Claudia Chan. Si la actitud es de prejuicio, rechazo y discriminación, como sucede, entonces el niño tardará más en retomar la normalidad.

Al final Sylvia y su hija encontraron un colegio que les agrada y que las acepta. La mamá optó por decir que era soltera nada más, sin explicaciones. “Yo decidí quedarme callada y no decir lo que había pasado porque si digo, sacan a mi hija”.

Amelia, Sylvia y Graciela ahora mantienen el perfil bajo, no quieren problemas en los colegios. Las personas a su alrededor les insisten en tener pareja, en que así dejaran de preocuparse, pero que mientras eso sucede busquen otra escuela. Una donde no convivan con sus hijos.

“¿Quién decide cuál modelo de familia es la correcta y cuál no?”, escribió Amelia.

Aún no sabríamos contestarle.