Personas que no sabes que conoces: las voces de la radio en tu memoria

No hace falta ser un radioescucha de hueso colorado para saber cómo suena la radio.

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Por algo es común en las películas. Una toma aérea sobrevuela la ciudad, un ruido de fondo nos avisa que alguien encendió la radio y sintoniza una estación particular, un morning show tal vez, y una voz que saluda a un público ficticio nos revela algún dato de la trama o bien expone el escenario completo de la historia. Si la radio funciona como un recurso narrativo en la ficción es consecuencia del poder que le hemos dado para describirnos la realidad. Es la ciudad que se habla a sí misma, la que en unos minutos nos pone en situación, seamos devotos seguidores o escuchas por accidente.  

La radio nos alcanza en la calle, la escupen las bocinas de los carros atascados en el tráfico, la propagan los estéreos de la gente que prefiere su extraña compañía y de las tiendas que necesitan dar la idea de que algo interesante ocurre adentro. La radio nos involucra a tal grado que no se necesita convertirla en hábito para familiarizarnos con sus formas de comunicar. Sabemos cómo suena la estación grupera y sus locutores aunque nunca haya sido nuestra voluntad sintonizarla. Cuando el noticiero entra al aire sabemos que es el noticiero, aún sin enterarnos de qué habla el presentador.

En algún momento sucedió, tal vez mucho antes de que pudiéramos notarlo. Después de todo, el oído no se puede silenciar. Las voces, la música, los jingles de los comerciales, las cortinillas y las vestiduras conformaron una estética que se instaló en esa parte de la memoria involuntaria, como la letra de una canción que no nos gusta. O puede que haya tocado un nivel más profundo, para que ni siquiera nos detengamos a pensar cómo es que asimilamos la radio en cuanto suena.

Un medio que depende de nuestra atención, y en buena medida de nuestra disposición a comprar lo que ofrecen los anunciantes, no va a dejar mucho al azar. Todos los días hay un esfuerzo por endulzarnos el oído a través de las ondas hertzianas, con ayuda de personalidades que se construyen a partir del habla, los personajes que el radioescucha adopta como parte de sus días y que lo acompañan en una experiencia radiofónica que involucra la imaginación, la empatía y hasta la nostalgia. Personas que no sabemos que conocemos hasta que las volvemos a escuchar, proyectadas en esas voces que remiten al único lugar seguro y cómodo que tenemos, el de lo conocido, ahí donde podemos bajar la guardia y abrir las puertas de la receptividad en cualquier momento.

 

Agresiva y bien buena onda

Todavía no sale el sol y alguien ya tiene la tarea de quedarse contigo. En cierta forma lo ha hecho antes, si hoy en día el estilo de la radio grupera es reconocible para casi cualquier persona. Nada dice “aquí se programa música regional mexicana” como una voz enérgica, profunda y antisolemne, una tormenta eléctrica hablada que pareciera equiparar la grandiosidad con que se proyectan los artistas de banda y norteño. Si puedes imaginar cómo suena decir “¡LA KEE BUENAAA!” es muy probable que pienses en la voz de Adrián “el Mamut” Padilla, voz institucional de la estación que en Guadalajara se oye por el 97.1 FM, y uno de los titulares del programa “Los hijos de la mañana”.

Se trata de la espectacularidad, de transmitir emoción a través de algo impactante, no es que finja la voz, más bien he desarrollado la técnica para hacer la voz al estilo de lo que marca la música regional mexicana, como los openings que ponen las bandas como El Recodo y La Arrolladora cuando empiezan sus shows, tiene que ser algo que te enganche – Adrián “el Mamut” Padilla.

La voz está ligada a la personalidad, el timbre y la forma en que sonamos al hablar puede condicionar las relaciones sociales, lo que pueden llegar a pensar de nosotros quienes se cruzan en el camino y nos oyen decir algo. Según Ángel Rodríguez Bravo, especialista en expresión oral y análisis de la voz, el locutor construirá una voz mucho mejor aceptada por los oyentes siempre que procure hablar situándose acústicamente en torno a sus registros más graves. El trabajo de Adrián Padilla recae en transmitir una voz digna de seguir, “la de una persona a todo dar, algo así como un superhéroe radiofónico”, comenta.

El “Mamut” interrumpe la conversación para entrar al aire y avisar que “¡ya son las diez con treinta y cuatro minutos!”. Cuenta que hubo una época en que muchos pensaban que para poder trabajar en la radio grupera tenían que hablar de una forma monstruosa, como si estuvieran enojados. Esto se puso de moda a raíz de las presentaciones que las bandas hacían al inicio de los bailes, donde ese estilo explosivo preparaba al público para el concierto. De hecho, hubo un slogan de la Ke Buena en el mismo tono que decía “¡Agresiva y bien buena onda en el mero 97.1 de tu radio!”. Fue escrito por Martín Fabian, pionero de la radio grupera como la conocemos hoy en día. Él dirigió estaciones como la Ke Buena y Fiesta Mexicana y fue de los primeros en usar ese tipo de locución.

Adrián Padilla calcula que ese estilo lleva al menos 25 años de ser popular en la radio y va a seguir unos años más, mientras el público lo identifique. Aún así los locutores lo han ido moldeando, porque les quedó claro que no podían pasar todo el tiempo gritando a los micrófonos. “Empezamos a transmitir buenas vibras, nuestro entusiasmo, nuestra diversión sin necesidad de gritar”, afirma el locutor antes de enlazarse a la Ciudad de México con Alejandro Guzmán “el Kokodrilo” y Gerardo Rojas “el Gigio de la calle”, quienes conducen el programa junto a él. Es el morning show, el momento en que la estación pone toda la carne en el asador para enganchar al oyente y mantener su atención el resto del día. Hay música, chistes, reflexiones, comentarios de actualidad y concursos con dinero en efectivo y gasolina como premio. Todos los días salen al aire de 6 a 11 de la mañana en cadena nacional, a través de más de 40 estaciones de la Ke Buena en todo el país. Adrián transmite desde Guadalajara, café en mano para librar las cinco horas. Suele tomarse tres tazas en el transcurso del programa.

Díselo a la congregación

Se dice que la radio tiene el poder de convertirnos en comunidad, de traer de vuelta esa cualidad de la vida tribal donde lo que afectaba a uno afectaba a todas las personas. Los noticieros, los reportes del tráfico, el estado del tiempo, nos involucran y nos integran a una colectividad cuyo destino se puede entrever a partir de la información que se transmite. El asunto es serio y ha de ser tratado como tal. No hay espacio para emociones que cambien el tono o desvíen del objetivo principal en la voz de quien da las noticias, por más que el mensaje sea estremecedor. Los presentadores idean técnicas para mantener el control mientras hablan de lo que importa. Talina Radillo se pellizca la pierna.

Al final se trata de que no eres de palo. Si bien es cierto que no le debes de transmitir todo lo que sientes a la gente porque entonces tampoco le sirves de mucho, también es cierto que no puedes permanecer inmune, a ver, estamos hablando de seres humanos, y eso también la gente lo nota, es como una línea muy delgadita lo que divide esas dos situaciones – Talina Radillo

Los cortes informativos que ella presenta en Notisistema resumen en tres minutos lo más relevante que ha ocurrido en la última hora. La información se comunica con agilidad y en un tono formal. El público necesita saber que el mensaje es verídico. Además de la certeza y la importancia de lo que expone, quien presenta las noticias sólo cuenta con el habla para proyectar la credibilidad personal y la del noticiero. A la par hay un trabajo de producción que ayuda a mantener el oído alerta al otro lado del receptor.

La música de los noticieros tiene un grado de intensidad y dramatismo que busca captar la atención del oyente. Pareciera que sólo en este ámbito existen esas piezas instrumentales hechas en su mayoría con sintetizadores, marcadas por cortes zigzagueantes que nos invitan a poner atención y escuchar lo que está por decirse. Tal vez podría catalogarse como música new age, pero lo cierto es que la música de los noticieros es un género por sí solo, la música que avisa, un preludio a lo que nos concierne.

“La música que usamos te revoluciona pero no de tal manera que te altere”, explica Talina. “Te alerta pero no te acelera, tampoco creo que sea un tono amarillista, no es por ahí, son tonos serios pero bien manejados”. Otros tonos más breves se usan para separar una nota de otra. Los sonidos y las formas de comunicar son parte de una identidad corporativa que lleva años establecer, y una vez conformada y asimilada por el público no se pueden sustituir de un día para otro. Talina recuerda una de las pocas veces que han tratado de cambiar un tono distintivo en los más de 30 años de Notisistema al aire. La gente llamaba por teléfono para decir que no le gustaba el nuevo sonido. Tuvieron que regresar al anterior.

Basta con adquirir cierto hábito de escuchar la radio para apropiarse de los locutores y de los programas. Alguien que sintoniza el mismo noticiero todos los días camino al trabajo termina por sentir a las personas en cabina, tal vez no tanto como parte de su familia, pero sí como alguien cuya ausencia le hace ruido. Los teléfonos de Notisistema suenan y el público pregunta por qué hoy no está la voz que estaba ayer. Cada vez que alguien falta hay que explicar por qué. Un presentador se consolida cuando lo integramos como uno de los nuestros. A fin de cuentas queremos saber qué pasa con nosotros.

Nostalgia contra la depresión

En la canción Panic de The Smiths, Morrissey proponía colgar al DJ “porque la música que constantemente tocan, no me dice nada acerca de mi vida”. Podrá sonar muy egoísta y podremos parecer tan excéntricos como el fan que acampó en el jardín de la mansión de John Lennon, ese joven que se acercó al de Liverpool para preguntarle si pensaba en alguien en especial cuando escribía canciones (“¿Cómo voy a pensar en ti?”, le dijo el ex-Beatle), pero la capacidad que tiene la música para hablar de nosotros es una poderosa razón por la cual nos volvemos melómanos.

Uno siempre busca reconocerse en algo, te reconoces en la música, una canción te regresa al grupo de amigos con el que ibas de fiesta, con el que jugabas fútbol o te fuiste de viaje, al final quieres reconocerte y sentirte integrado, es algo muy humano y mientras exista la humanidad va a haber gente que se quiera topar con una circunstancia o un momento, una persona que le recuerde quién es, que le resignifique qué está haciendo en esta vida – Karla Dueñas

Es el poder de la nostalgia, y aunque se siente como cosa de hoy, con una industria del entretenimiento que la aprovecha tanto como puede, la añoranza por el pasado ha sido objeto de estudio desde hace varias décadas. En el siglo XIX se creía que la nostalgia era una enfermedad psicológica. En 1979, el sociólogo Fred Davis publicó el libro Yearning for Yesterday, en el que resalta la cualidad social e integradora de esa emoción. En 2006, un estudio de la Universidad de Southampton concluyó que la sensación agradable del recuerdo minimiza la angustia de la soledad y de los pensamientos negativos, además de producir un sentimiento de empatía.

Hay estaciones de radio que dedican su programación entera al pasado, y en una Karla Dueñas conduce el programa New Classics. De lunes a viernes, a la hora de comer, su voz se escucha por el 105.9 FM, la voz que anuncia la nueva música del recuerdo para esa generación que no hace mucho empezó a ver cada vez más fotos de bebés en sus redes sociales. Karla se percibe como esa persona que de pronto te dice “a que no te acordabas de Everything but the Girl” y te pone una canción noventera que quizá jamás en la vida hubieras vuelto a escuchar.

Es una cómplice que emplea la facultad de la radio para hablarle al oyente de tú a tú, y el público participa de esa relación. Lanza una pregunta a través de Facebook y la gente le responde, y ella lee los comentarios al aire, un diálogo que se nutre en su mayor parte de anécdotas: Gricelda le cuenta de la vez que cruzó a nado la laguna de Santa María del Oro, David menciona la ocasión que se le descompuso la camioneta mientras viajaba de noche en carretera de Oaxaca a la Ciudad de México. Terminan los comentarios y la locutora anuncia esa canción de Better Than Ezra que no quitaban de MTV cuando era un canal de videos.

Marshal McLuhan, el responsable de que hoy exista el término de “aldea global”, dijo que la radio tiene el poder de convertir la psique y la sociedad en una única cámara de resonancia, la cual ofrece todo un mundo de comunicación silenciosa entre el locutor y el oyente. Es lo que pasa con Homero Simpson en el episodio Homero hereje, cuando el protagonista se baña con la radio encendida y aprovecha la soledad para contestar a la voz que escucha con un “claro que sí… ¡Idiota!”. Tal como no podemos escapar a lo que se trata de nosotros, nos resulta imposible no reaccionar, aunque sea con el pensamiento, cuando prestamos un poco de atención a la voz que nos acompaña desde el otro lado del micrófono. La radio nos eligió sin preguntarnos, y las personas que no sabemos que conocemos se encargaron del resto.

Javier Angulo

Javier Angulo (Culiacán, 1985). Escribe para no volverse loco y toca música para no escribir. Le apasiona el paso del tiempo, la cultura pop y la humanidad. Hace canciones y las interpreta con un grupo.