Por supuesto que sabemos a dónde vamos

El arquitecto mexicano Enrique Ortiz Flores propone ensayar otra manera de hacer las cosas.

Las oficinas de HIC-AL se encuentran en la primera planta de un edificio modesto de la Nápoles, una colonia de la Ciudad de México que vive una nueva etapa de crecimiento. Más que una organización, la HIC, o Habitat International Coalition, es una organización de organizaciones, que desde su oficina mexicana,  coordinan las labores del capítulo latinoamericano.

Enrique Ortiz, su coordinador, es un referente en nuestro país. Sus primeros años de formación tuvieron lugar en el seno de COPEVI [1], y luego, pasó al frente del Fonhapo[2]. Durante esta segunda etapa de su vida profesional impulsó la institucionalización de procesos autogestivos como alternativa para garantizar el derecho a una vivienda digna y adecuada. Su siguiente paso fue representar el HIC-AL como secretario general y mostrar al mundo que las cosas se pueden hacer de otra manera. En los cincuenta años que ha dedicado a temas como la vivienda, la ciudad, el hábitat y el territorio, Enrique Ortiz ha formado parte en la construcción de alternativas paradigmáticas como el caso de Palo Alto[3] o la publicación de la Carta por el Derecho a la Ciudad de la Ciudad de México. Se trata de semillas de futuro que, con sencillez y compromiso, se ha dedicado a sembrar.

El hábitat se entiende como un espacio, o lugar, común al humano con la naturaleza, y de cuya construcción todos somos partícipes. A pesar de tener como punto de partida ese concepto, esta no es una entrevista temática. Es decir, no busca abordar y agotar un tema. Es más bien, una entrevista sobre el futuro.

 

3. Palo Alto es una cooperativa de vivienda creada hace 40 años en las inmediaciones de un banco de material y por los propios obreros que lo explotaban. En torno a esa colonia se ha desarrollado uno de los polos económicos más importantes de nuestro país, Santa Fe. Pero el carácter comunitario permite que Palo Alto, a pesar de la presión, siga siendo uno de los ejemplos más exitosos de Producción Social del Hábitat. En la imagen, una vivienda que Palo Alto y edificios de Santa Fe. (Fuente: The New York Times, 2017).

 

1. La coalición del hábitat: un proceso

 

¿Podemos decir que estamos en una crisis del hábitat? 

Estamos en una crisis civilizatoria. Es momento de repensar las cosas profundamente y de alertar lo que está pasando.

Son múltiples crisis las que se tratan de resolver de manera aislada, aun cuando están interrelacionadas. Es un problema profundo que necesita ser abordado desde una dimensión planetaria.

¿HIC (Habitat International Coalition) mantiene esa visión planetaria?

Estamos buscándolo. Es una organización mundial que está en más de cien países. Es una organización de organizaciones, no de individuos, y eso nos da una perspectiva bastante clara de lo que está coincidiendo en diversos países.

Esta multiplicidad de crisis no es una cosa que pasa sólo en México, sino que tiene consecuencias a nivel mundial. Estamos acabando con la capacidad de reposición de los bienes como los bosques o los mares. Hay un problema muy serio de depredación,  desigualdad, pobreza creciente, y por lo tanto, de seguridad. Eso es la crisis civilizatoria, abarca todos los aspectos de la vida; y de alguna manera, todas las cosas que tenemos que hacer nosotros en el campo del hábitat, o la vivienda.

Me parece que HIC ha tenido como uno de sus objetivos convertirse en ese ente que alerta, ¿considera que esas alertas pasan desapercibidas año con año?

Pues sí, eso es uno de los problemas.

Hay muchísima gente pensando en alternativas y haciendo cosas. Por ejemplo, en el Foro Social Mundial, que es una reacción al Foro Económico de Davos. En Davos van los poderosos, los jefes de estado y no dejan entrar a cualquiera. Al Foro Social Mundial en Porto Alegre, llega gente pobre y de muchas organizaciones populares; de distintos orígenes, buscando alternativas a lo que estaba pasando.

El resto es cómo creces, cómo le das escala a estas organizaciones.

 

Vivienda demostrativa en Tepetzintan, del municipio de Cuetzalan del Progreso. Realizada en conjunto por la Cooperativa Tosepan Ojtat Sentikitinij (“juntos trabajamos el bambú”, en náhuatl), y el taller Comunal. Este caso parte del libro Utopías en construcción, descárgalo aquí: http://hic-al.mayfirst.org/wp-content/uploads/2018/06/Libro-utopias-digital.pdf (HIC-AL, 2018)

 

Pero, ¿qué es lo que le queda a la gente?  Ensayar otra manera de hacer las cosas. Es sacar de la ética el dinero y recolocar al ser humano en el centro, pero sin olvidar que somos la parte consciente de este planeta, y que lo estamos destrozando. Y con ello, estamos destrozando las posibilidades de vida de millones personas.

Tienes que construir una consciencia diferente; experiencias que se traduzcan en acciones transformadoras. Un poco como decía Gandhi: estamos retados a vivir simplemente, para que todos puedan simplemente vivir.

Enrique, podemos caminar por esta colonia (Nápoles) y veremos que hay edificios nuevos y muchísima producción inmobiliaria…

El problema inmobiliario está por todo el mundo, es impresionante.

Y al mismo tiempo, se produce la ciudad popular, la ciudad irregular.

Pues sí, las grandes inversiones inmobiliarias expulsan, encarecen, especulan con el suelo. El problema tiene su origen hace tiempo. En México nunca ha habido una política real de generación de suelo para los pobres. Lo único que se ha implementado como política, es regularizar el suelo [invadido o de origen ejidal] en donde la población más pobre ha construído su casa para poder tener a sus hijos. Esta política no ha llevado más que a más irregularidad y corrupción.

No existe lo opuesto, que es generar suelo adecuado, asequible, para los sectores populares.

Con estas grandes inversiones que lo que buscan es apropiarse del suelo, vemos que el sistema ha llegado a un punto en donde sus propias contradicciones son insostenibles. Antes, el objetivo de la apropiación era la plusvalía que produce el trabajo. Hoy, los bienes comunes que nos da la naturaleza se han convertido en mercancía apropiable, por quien tenga más recursos. Y una de las cosas que está sufriendo más apropiación en el mundo es la tierra; el suelo. Esto mediante la producción inmobiliaria. Hay cantidades de metros cuadrados vacíos en muchas partes. Lo importante es apropiarte del suelo. Es una manera de seguir acumulando.

Eso genera mucho sufrimiento. Hay en eso todo un proceso distorsionado del manejo de la naturaleza y del ser humano. De manejarlo como un objeto y no un sujeto transformador. Eso es lo que nos lleva a plantear: no tomar el poder por tomarlo… sino a generar experiencias completamente diferentes que muestran otra manera de vivir en armonía con la naturaleza, con los demás; rescatando la solidaridad, el apoyo mutuo, la compasión, … todo esto que genera un mundo más humano. Esto es posible también.

Pero lo que estamos viviendo es el crecimiento de la barbarie.

Crece la barbarie [apropiación fuera de la lógica], pero vemos que la gente encuentra la manera de sobrevivir, ¿son mundos paralelos? ¿desasociados el uno del otro?

Sí, sí, exacto. Pero sí hay experiencias. La mayor parte de la gente no está en la barbarie. Pero, ¿cómo le haces para generar alternativas en todos los campos del quehacer humano? Se están generando, pero están desarticuladas, todas invisibles. Ahí hay una tarea muy importante.

 

Pensar en mundos cada vez más desasociados, uno desconectado de la tierra, el otro como lastre dejado a su propia suerte, pertenece más a los desafíos que enfrentamos que una novela de ciencia ficción. Ilustración: Juan Ignacio Orozco Seifert.

 

2. El Derecho a la Ciudad: un proceso

 

Has mencionado en algunas publicaciones que el derecho a la ciudad es un tema que lleva tiempo en la agenda pública, ¿influyeron las ideas de Henri Lefebvre?

Henri Lefebvre fue quien inventó el término y lo desarrolló, pero hay un rescate del concepto más actual y complejo.

En 1992, en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, el HIC empezó a trabajar la idea de ciudades justas, democráticas y sustentables. Hicimos un documento con la Forum Nacional de la Reforma Urbana de Brasil y con el Frente Continental de Organizaciones Comunales, compuesto por organizaciones de diferentes países de América Latina.

Entre 1992 y 2001,  los brasileños lograron avanzar mucho en términos de la gestión urbana y publicaron el Estatuto de la Ciudad [4]. Después, en el marco del Foro Social del 2001, propusieron hacer la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad.

El resultado del trabajo colaborativo entre varias redes regionales e internacionales es que ese documento [Tratado sobre ciudades, pueblos y villas justos, democráticos y sustentables], ha sido inspiración de muchas cosas. Aquí en México logramos impulsar la Carta de la Ciudad de México por el Derecho a la Ciudad, como iniciativa social.

Eso fue en 2010… ¿el derecho a la ciudad se ha consolidado?

Pues ahí va. Está siendo reivindicado por la gente. Hay muchas reuniones académicas en torno a esto, hay debates, discusiones…es un tema muy vital, sobre todo en América Latina, en muchos países europeos, en Corea.

¿Ha permeado aquí en México la forma en que las políticas y los programas se ejecutan desde instituciones públicas?

Algo de lo que permeo de la Carta por el Derecho a la Ciudad [5] es que sí tuvo un impacto muy fuerte en las reivindicaciones sociales, y en la realización de la constitución de la Ciudad de México. Sobre todo en resaltar la integralidad de los derechos: todo tiene que ver con todo.

En el caso de la constitución de la Ciudad de México, el derecho a la ciudad te aproxima a la visión de que en la ciudad tienes que correlacionar las cosas. No puedes seguir trabajando sectorialmente. No puedes hacerlo. Por aquí los servicios, por allá la vivienda, por allá el suelo. No puedes impulsar políticas contradictorias que choquen unas con otras.

Hoy seguimos con visiones sectoriales y cuesta mucho trabajo romperlas por los juegos de poder. Pero se ha construido ya una base jurídica que se sigue trabajando y reivindicando.

Nosotros lo vemos como un derecho a la ciudad con plan de vuelo. “Sí, pero cuando tienes un plan de vuelo, sabes a dónde vas”, decía un compañero al que le dije esto. Por supuesto que sabemos a dónde vamos. Lo que pasa es que se te pueden atravesar nubes, o una vaca a la hora de aterrizar (risas), entonces no es fácil.

Pero si tenemos claro que es un plan de vuelo que comparte ya muchísima gente en todo el mundo.

Para hacer efectivas ideas como el derecho a la ciudad, o como la producción social del hábitat, ¿es indispensable que el Estado se involucre?

Se necesitan dos cosas. Un gobierno que crea en la democracia participativa. Si no hay participación, no hay derechos: todos los derechos han sido conquistados por la gente.

Y tiene que haber un pueblo que no se limite a exigir y a pedir. No se puede estar esperando que te resuelvan las cosas. Necesitamos personas activas, conscientes y responsables.

El derecho a la ciudad no es precisamente un derecho de carácter individual, es más bien de carácter colectivo, lo que lo hace más complejo. No es fácil judicializarlo ni pelearlo, pero requiere de experiencias más organizadas, más conscientes y responsables, de lo que ya están haciendo.

Es lo que se busca, crear ciudadanía. Por eso la matriz [que estructura la Carta del Derecho a la Ciudad] busca la democratización profunda de todos los aspectos relacionados con la gestión de la ciudad. La parte vertical es la realización plena de los derechos humanos. Ser ciudadano no es ir a votar, es tener derechos. Además, es poder participar en las decisiones que afectan tu vida. Por supuesto mucho más en las que están cerca de ti, de tú casa, tú barrio; pero también puedes participar en las grandes decisiones que se toman para la ciudad. Ahí el Estado tiene que dirimir contradicciones, posiciones diferentes, etc…pero tiene que haber mecanismos de participación. Por ejemplo, el consejo de las ciudades en Brasil tiene una parte deliberativa, la que tiene que escuchar el Estado y en gran medida llevarla a cabo.

En México, todos los consejos no han pasado de ser consultivos. Entonces la consulta te la pueden hacer preguntándote: “¿Qué piensas de esto, mira ya hicimos esto, cómo lo ves? A pues muy bien, ya te consulté.”

Esa no es la manera de participar. Eso es un engaño. La participación exige que estés informado y organizado. Existen experiencias en todo América Latina desde los años 50 y 60 del siglo pasado, que te muestran lo que se logra cuando la gente es sujeto de su propia transformación. Son procesos mucho más interesantes, donde hay seguridad porque la gente se conoce, donde hay consciencia, donde hay respeto, donde estás creando condiciones que son justamente las que se están perdiendo.

 

3. La producción social del hábitat: un proceso

 

Estos procesos e ideas, ¿pueden hacer frente a escala del reto?

Pues ese es el problema. Ahorita todas esas experiencias son pequeñas. Yo les llamo semillas de futuro que hay que regarlas y cultivarlas. Ya están dando frutos, pero para que realmente puedan abarcar lo que tienen que abarcar, para que inviten a pensar y hacer de una forma distinta nuestro mundo, se necesita tiempo. Es ahí donde los gobiernos podrían hacer algo si son conscientes de lo que está pasando.

Se trata de una construcción diferente que necesita recursos, apoyos, instrumentos adecuados para desarrollarse. Un gobierno que quiere hacer transformación debería de estar pensando de esa manera: ¿cómo abrir condiciones para que exista más gente involucrada en esto?

¿Qué tienen que hacer las universidades? Formar gente que sepa trabajar con la gente. En nuestro campo, los arquitectos creen que saben todo y le recetan a la gente cómo tiene que vivir. Ahorita en la reconstrucción [de localidades en el centro y en el sureste del país afectadas por el temblor del 19 de septiembre del 2017], les llevan planos hechos en una buhardilla de la oficina de un arquitecto a un lugar que no tiene nada que ver ni con el paisaje, ni con la vivienda vernácula, ni con el clima, ni con las formas como habita la gente. ¿Cómo inviertes eso? ¿cómo trabajas con la gente? Tienes que aprenderlo desde la universidad. Es otra forma de hacer; no puedes aplicar los mismos instrumentos que tienes para la producción de mercado. Tiene otra lógica. Es un reto muy complejo, pero que se está empujando.

Recapitulando un poco, la producción social del hábitat es un proceso en el que tienen que intervenir estados convencidos, la ciudadanía, los habitantes, incluso nuevos profesionales que han aprendido a trabajar con la gente, ¿quién más? ¿cómo tiene que ser ese proceso y ese fortalecimiento de capacidades productivas?

En primer lugar, tiene que existir la formación de cuadros técnicos que sepan trabajar con la gente. Segundo lugar, no es únicamente el trabajo de un profesional, sino que la universidad tendría que formar cuadros no sólo técnicos, también sociales. De otra forma, cómo generas la consciencia en la gente para que pueda saber porqué está en donde está, y que está en sus manos el poder transformar las cosas. Eso cuesta mucho trabajo. Están los métodos de Paulo Freire con la educación popular. En Guadalajara está el IMDEC que ha trabajado muchos años en esto. Hay maneras de lograrlo, de que la gente tome consciencia…y al tomar consciencia, tomas compromiso y acción.

Para emprender un proceso en cualquier campo, necesitas una visión compleja de las cosas, integral. En el libro Utopías en construcción hay casos de comunidades que tienen una caja popular que manejan ellos, y tienen recursos autónomos que pueden mezclar con subsidios públicos. Y sobre todo, casos en donde las comunidades movilizan como recursos su propio trabajo, sus relaciones, sus tiempos libres, sus capacidades creativas, etc…La gente tiene muchas capacidades. Lo que no tiene es dinero. Es un proceso de construcción de algo diferente, que lleva tiempo.

 

¿Vivimos en compartimentos aislados? Ilustración: Juan Ignacio Orozco Seifert.

 

Los conjuntos de vivienda contemporáneas suelen catalogarse como solos, tristes, aburridos, peligrosos. Pero cuando vas, te plantas en ellos y valoras desde la experiencia si realmente son un fracaso total… de inmediato resulta evidente que también están habitados por personas con capacidad de cambiar su mundo. Ahora, los casos mostrados en Utopías en construcción sirven para pensar en futuros. Para soñar en nuevas formas de hacer las cosas. Pero, ¿cómo se deberían recuperar las experiencias de la producción social del hábitat en estas extensiones de ciudad? Donde habita muchísima gente, sobre todo jóvenes.

Eso es lo que tienes que cuidar. La manera de mantener estos conjuntos es difícil porque estás en un contexto muy individualista, muy competitivo.

En estos desarrollos el único objetivo [que se persigue] es reducir la pobreza patrimonial permitiéndole a las personas convertirse en “propietarios”. Pero no se consideran los enormes retos ecológicos, ambientales o sociales.

Ya tienes casa, pero te mandaron a 40 km del centro, entonces te hicieron más pobre. Te desbarataron la unión familiar porque ya no los puedes ver. Llegas furioso a tu casa porque te echaste 4 horas para ir a trabajar, otras tres de regreso, ocho de trabajo. Los hijos muchas veces se quedan ahí solos, desarticulados, mientras la mamá se va a trabajar. Muchos conjuntos que se han creado en la periferia han sido fuente de violencia.

¿Qué se tiene que hacer en esos conjuntos?

En primer lugar, tienes que formar a la gente para contrarrestar estas tendencias y llevarles hacia la solidaridad, el trabajo conjunto, la consciencia, etc…Y eso implica un trabajo permanente. ¿Cómo puedes lograr permanencia? Produciendo conjuntos bajo control de la gente, que es el concepto que manejamos en la producción social del hábitat.

Producción social no es producción de vivienda social, es otra cosa. La producción social tiene a las personas en el centro. Un error grave, en las experiencias que hemos hecho, es no integrar a toda la comunidad. No sólo al jefe de familia, o a las mujeres que son las que llevan los procesos, a veces a contracorriente del marido, que quiere tomar decisiones sin siquiera haberse asomado a las discusiones. Entonces son las mujeres las que llevan los procesos, pero tú tienes que integrar a todos: marido, niños, jóvenes, viejos. Otro error grave es no manejar bien los recursos económicos.

La otra parte es cómo generas permanencia del grupo, más allá de la vivienda. Suele suceder que si no existe otra razón de mantenerse unidos, las personas que colaboraron por años terminan distanciadas, cada quien encerrado en el placer de tener su casita. Es importante tener proyectos como el desarrollo de equipamientos, actividades sociales y culturales, etc. Es necesario para que la vida misma siga una lógica de cooperación.

Entonces, en esos grandísimos conjuntos la lógica es la misma. Si la vivienda ya está construida, ¿lo que tienes que hacer es construir algo nuevo siguiendo esta lógica cooperativa ?

En los conjuntos nuevos es difícil lograr esto porque hay tensiones derivadas del desconocimiento y la indiferencia.

El arquitecto José María Gutiérrez, que murió hace poco, trabajó junto a Carlos Mario Jori, un investigador colombiano, en un conjunto llamado Riveras del Bravo, en Ciudad Juárez. Es uno de los mayores ejemplos de abandono de vivienda y de ocupación por el crimen y los narcos. Con ese proyecto algo lograron, no sé si eso se mantiene.

¿Y no conoce otros ejemplos?

Infonavit ha hecho un esfuerzo por recuperar conjuntos, pero es un esfuerzo de recuperar lo que se depredó. De ponerles algunos juegos a los niños Lo que habría que ver es ver cómo la gente se apropia de ello.

En la producción social la gente se involucra desde el inicio, por lo que se construye una identidad y una apropiación del proceso. La gente quiere su casa. Igual que los barrios populares, que también hay producción social, pero individual. A pesar de que tienen una casa y que los arquitectos juzgamos que esta “mal hecha” y “mal diseñada”, porque es de bloques de cemento o lo que sea; pero tu pregunta y verás como la quieren, porque les ha costado 15 años de hacerla como pueden, pero nadie les ha ayudado.

En los barrios populares hay una fuerza social, hay una experiencia, que, en lugar de perseguirla, deberíamos de admirarla. ¿Cómo la hacemos más efectiva? Que se organicen, que trabajen juntos, que el Estado les de créditos, subsidios, que los apoye, que apoye la asesoría integral, todo eso se tiene que lograr. Y ahí hay una responsabilidad del Estado, si tiene una visión de derechos humanos. Porque los derechos humanos son de todos.

Y hay dos cosas de los derechos humanos que nos ayudan. Uno es la universalidad de los derechos; los derechos son de todos, no sólo del que puede pagarlos. Y en la vivienda todos deberían de tener derecho. No que te regalen la casa, sino que aún con poco dinero -en algunos casos la tendrás que regalar –  siempre se espera que las personas puedan aportar en la medida de sus posibilidades.

Lo que no se hace es eso: en la medida a las posibilidades.

El mercado atiende a los sectores que puedan pagar un “producto rentable”. Luego, con los subsidios y los créditos de instituciones se pueden alcanzar otros sectores. Pero jamás se llegue a los grupos con menores ingresos.

Con una visión de derechos humanos, todo cambia. Implica trabajar con una perspectiva totalmente distinta para asegurar que esos grupos segregados estén plenamente incluídos.

Y otra de las características inherentes de los derechos humanos, es la interdependencia, que es la que te lleva a manejar la complejidad. Aquí, por ejemplo, el desarrollo urbano, el ordenamiento territorial, la vivienda, los equipamientos y los servicios, todo debería de estar visto integralmente; en la planeación y en la ejecución de los programas.

 

4. El futuro: un proceso

 

¿Consideras que la vivienda, el hábitat, el territorio, con esta interdependencia de derechos, ha recibido la atención necesaria durante las últimas décadas?

Bueno, ellos [Instituciones públicas, asociaciones y cámaras inmobiliarias] dicen que sí, porque han hecho muchas viviendas. Han hecho millones de viviendas mercancías, entonces consideran que han resuelto un derecho humano. Pero el derecho a la vivienda se compone, por lo menos, de los componentes que ha desarrollado Naciones Unidas [Vivienda Adecuada]:

Seguridad de tenencia. Cuando eres pobre, no es tan segura la tenencia. Si estás en un lugar bien ubicado, muchas veces te sacan, por presiones, por mobbing, o simplemente un desalojo disque por razones de interés público. No hay tanta seguridad, hay mucha más seguridad de esta otra forma de propiedad que te digo. Tenemos el caso de Palo Alto que lleva 40 años y está rodeado de la zona más rica de la ciudad.

Servicios y Equipamiento. Muchas veces estos conjuntos no lo tienen porque están en medio del campo.

Accesibilidad. Que los que necesitan salir a la ciudad y están discapacitados, puedan hacerlo.

Tienen que ser asequibles. Esto quiere decir que tiene que ser para todos, no sólo para los que lo puedan pagar.

El Estado está obligado a generar soluciones para diferentes niveles de ingresos, para que la gente, con su esfuerzo, con su trabajo, con los subsidios, con los créditos, todos puedan acceder a la vivienda. Pero tienes que tener programas diferentes. La producción social del hábitat pasó de ser una política en el gobierno anterior a proyectos especiales en este gobierno. Proyectos especiales es absolutamente marginal.

¿Ha existido un retroceso desde que estuvo al frente de Fonhapo hasta hoy?

Si. Hay conjuntos muy buenos. La CTM en Atemajac, que hizo Alejandro Zohn, es fantástica. Y la gente lo respeta, son suficientemente amplios los departamentos. Ese, y otro que hizo de autoconstrucción, se mantienen muy bien. Zohn tuvo esa visión de hacer las cosas bien hechas. Pero se trata de viviendas producidas y fuertemente subsidiadas por el Estado.

Ese es el caso de Nonoalco Tlatelolco, que cuestionamos mucho cuando éramos estudiantes de arquitectura. Era un concepto tan grande que no había una apropiación. Ahora hay más, después de los sismos… la gente lo cuida más. Pero antes no lo cuidaban

El Estado ha tenido una postura cambiante frente a la vivienda. De una época en donde estaba fuertemente involucrado, comprometido incluso con ideas cercanas a la producción social, luego vino una época que se liberalizó por completo….

El cambio de política de vivienda social a negocio económico tiene que ver con el consenso de Washington, con las instrucciones que vienen de ahí, y que el gobierno de Carlos Salinas De Gortari las tomó al pie de la letra. Él fue quien cambió la política en una reunión que se hizo en los Pinos en 1992 que se llamó “Fomento y Desregularización de la Vivienda”. La palabra desregulación ya te dice de qué se trata. Todo se le dio al sector privado, el sector público dejó de ser productor. Todos los organismos de vivienda se volvieron de segundo piso para financiarle a la gente que pudiera comprar en el sector privado. Esa era la lógica. [Además], también bajaron los salarios por recomendaciones de Washington, con la idea de  hacernos competitivos. La producción social se mantuvo como producción individual.

Tanto se mantiene que uno de los grandes programas de Cemex, Patrimonio Hoy, vende materiales a la gente de poquito en poquito.

Exacto. Y le llama producción social que no es. Es negocio.

¿Y existe la posibilidad de iniciar una tercera etapa en este siglo? ¿qué viene?

A ver si ahora con los cambios políticos podemos tener incidencia en estos temas.

Afortunadamente hay gente que pelea y exige periódicamente apoyos del gobierno. Eso aún cuando la administración federal actual canceló programas de apoyos específicos a la producción social del hábitat. Hizo un revoltijo. Más allá de los detalles, lo que tenemos que tener muy claro es que, si queremos que esto prospere, la política y los funcionarios políticos, tienen que participar de una forma activa.

Entonces, ¿cada sexenio es un esfuerzo enorme?

Un esfuerzo enorme para recuperar la cosa.

El financiamiento de vivienda de producción social, es lo primero que eliminaron. Nosotros tuvimos oportunidad de que nos financiaran hasta los pequeños fondos solidarios. Hoy tienes que estar registrado y ser casi un banco. Toda esta bancarización, y toda esta cosa de financiarización de la vivienda está detrás de estas condiciones que han puesto.

La Secretaría de Hacienda ha estado jugando un papel muy fuerte; y como no salen de su cubículo, no entienden la realidad en la que estamos metidos. Entonces, hay un trabajo profundo que hacer ahí y necesitamos un gobierno que escuche, que vea, y que conozca que hay otra forma de hacer las cosas. Pero la gente no va a parar, te vas a tardar más, pero la gente sigue.

Me preguntas qué ha pasado con Palo Alto, pues les quitaron el registro hace 20 años. La cooperativa es decisión de la gente, esa no te la pueden quitar. Ellos siguen organizados como cooperativa y tienen terreno para construir más casas, pero no tienen personalidad jurídica y no pueden adquirir otro crédito.

Todo esto refleja una falta de respeto a las alternativas: “si no las entiendo, para qué me preocupo: las quito. Y aquí hay dinero y es donde tenemos que hacerlo. Estos son los que saben y ya, hacen dinero”.

Estamos en una perspectiva muy triste, a pesar de las alternativas. De todos estos treinta casos [levanta el libro Utopías], lo bonito es que se trabajan desde la gente y desde los lugares, con su clima, con su paisaje, con su tradición constructiva, con su topografía, etc…. No hay uno que se parezca. En lo que se parecen es que todos tuvieron problemas con su gobierno.  (Risas)

Eso es muy ilustrador… veo que muchas personas han trabajado con las premisas que hemos estado discutiendo, pero me pregunto si existe un relevo generacional.

Ah sí, claro que sí. Hay  cosas padres que están haciendo en la montaña de Guerrero dos mujeres muy jóvenes, con su proyecto Bambú.

En el campo se puede hacer más porque es donde hay más experiencia comunitaria. En la ciudad tienes que formar esa experiencia, porque se ha perdido; la gente no viene del mismo lugar. Incluso en el campo hay más tierra, aquí conseguir la tierra que se necesita para hacer un conjunto con servicios y equipamientos, pues está en chino ¿no? En la Ciudad de México, ¿cómo consigues ese terreno? Palo Alto lo consiguió porque logró una expropiación de esa tierra, pero se la vendían a 4 pesos, cuando ya estaba a 400 en Bosques de las Lomas, ahí junto. Se pudieron quedar. Ahí es donde el Estado tiene que tener instrumentos para hacer esta justicia territorial. La justicia, la distribución de las posibilidades y de las oportunidades tiene que ser para todos. La concepción de derechos humanos te da esa perspectiva.

El Estado debería de estar generando suelo viable en donde la gente tiene que estar. La gente que no tiene coche, pero que se tiene que transportar en camiones, tiene que estar cerca de su trabajo, no mandarla a 40 kilómetros. La solución tampoco es densificar haciendo torres. Si haces una torre para pobres, por más que se la regales, el día que quieran arreglar el elevador que se descompuso, no lo van a poder hacer. Si no hay un proceso organizativo, si no hay un proceso de consciencia, va a ser un tugurio vertical peor que los otros.

Vemos que en Tlatelolco existe un enorme esfuerzo del Estado por tener todos los equipamientos y servicios disponibles…

Pues sí. Ahí era clase media. Pero yo vi edificios en Hong Kong que son un desastre. Eran vecindades, pero por piso. Con baños comunes por piso. Un desastre colectivo impresionante, incluso los empezaron a tirar.

¿Tenemos que prestar mucha atención a lo que sucede en estas mega ciudades de Asia?

Creo que es muy diferente nuestra actitud.

 

 

 

Notas

1. El Centro Operacional para la Vivienda y Poblamiento, COPEVI, es una asociación civil que impulsa proyectos alternativos que busque la justicia social, la solidaridad, la autogestión y la democracia: http://www.copevi.org/

2. El Fondo Nacional de Habitaciones Populares, Fonhapo, existe aún, pero con un peso reducido. Su objetivo es apoyar a las familias que no pueden ser objeto de un crédito de otros fondos de fomento para la vivienda, como INFONAVIT o FOVISSSTE.

3. Palo Alto es una cooperativa de vivienda creada hace 40 años en las inmediaciones de un banco de material y por los propios obreros que lo explotaban. En torno a esa colonia se ha desarrollado uno de los polos económicos más importantes de nuestro país, Santa Fe. Pero el carácter comunitario permite que Palo Alto, a pesar de la presión, siga siendo uno de los ejemplos más exitosos de Producción Social del Hábitat. En la imagen, una vivienda que Palo Alto y edificios de Santa Fe. (Fuente: The New York Times, 2017).

4. El Estatuto da Cidade, Estatuto de la Ciudad, es una ley aprobada en 2001 que reglamenta el capítulo de Política Urbana de la Constitución Brasileña. Sus Principios básicos con la planeación participativa y la función social de la propiedad.

https://pt.wikipedia.org/wiki/Estatuto_da_Cidade

5. La Carta por el derecho a la Ciudad de la CDMX se estructura a partir de una matriz que prioriza las relaciones entre una visión de ciudad (Ciudad, Democrática, Incluyente, Sostenible, Productiva, Educadora y Habitable) y 6 fundamentos estratégicos: 1) Ejercicio pleno de los derechos humanos, 2) Función social de la ciudad y de la propiedad, 3) Gestión democrática de la ciudad, 4) Producción democrática de la ciudad y en la ciudad, 5) Manejo sustentable y responsable de los bienes, y 6) Disfrute democrático y equitativo de la ciudad. (Descarga la matriz aquí. Descarga el documento completo aquí)

 

 Referencias imágenes.

ELISABETH MALKIN, E (2017) Palo Alto, la comunidad mexicana que se resiste a los corporativos, The New York Times. Fotografías de Adriana Zehbrauskas.

Revisado el 25 de julio del 2018 en:  https://www.nytimes.com/es/2017/06/13/cooperativa-palo-alto-ciudad-mexico/

HIC-AL(2018) Utopías en construcción. Fotografía de Onnis Luque. Revisado el 25 de julio del 2018 en:  http://hic-al.mayfirst.org/wp-content/uploads/2018/06/Libro-utopias-digital.pdf