¿Y todavía respira?

La calidad del aire no le pertenece a ninguna clase social.

Lilia no quiere dejar de respirar, pero lo hace. Cuando está dormida, los músculos de su garganta impiden la entrada de aire hasta que la desesperación la ataca y la hace despertar. Para esta mujer, alta y con obesidad, sostener una charla caminando es una guerra por la vida y una bocanada inhalada, una victoria.

Lilia camina para salir de una descolorida sala de espera en el tercer piso de un hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en Tlajomulco de Zúñiga. En el lugar hay 48 personas sentadas, 15 de pie, otras más acostadas en el suelo y una ventana de un metro cuadrado semiabierta . Este es uno de los cuatro consultorios públicos especializados en neumología en todo Jalisco.

El domingo pasado Lilia, quien trabaja como conductora de un camión, sintió una mayor dificultad que la habitual para respirar y llegó de urgencia a esta sala. Para su sorpresa, había otras siete personas con insuficiencia respiratoria esperando ser atendidas.

A la mitad les pusieron oxígeno, a mí y a otros nos dieron nebulizaciones. Llegué a las 12 del día y salí a las siete de la tarde.

¿Su doctor le ha comentado algo sobre una posible relación entre su enfermedad y la contaminación del aire?

No.

Lilia vive en Santa Fe, la colonia más poblada de Tlajomulco, el extremo sur del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG). A este municipio llegaron en promedio 87 nuevos pobladores cada día durante 15 años, del 2000 al 2015, según datos oficiales. En dicha colonia, sobre el techo de la Cruz Verde, se encuentra una de las diez estaciones que conforman el Sistema de Monitoreo Atmosférico (SIMAJ), a cargo de la Secretaría de Medio Ambiente (SEMADET).

El domingo al mediodía, cuando Lilia llegó de urgencia al hospital 180, la estación Santa Fe reportaba 68 puntos en el Índice Metropolitano de Calidad del Aire (IMECA). El IMECA es un sistema de medición de la calidad del aire establecido en 1986 por el gobierno del entonces Distrito Federal –hoy Ciudad de México-, que después fue adoptado en otras ciudades del país, incluida el AMG. A 68 puntos IMECA, según el sistema de monitoreo, se pueden realizar actividades al aire libre, con el riesgo de presentarse molestias en niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias.

A Lilia le diagnosticaron apnea del sueño. El médico le explicó que las causas de su enfermedad pueden ser su peso, la poca actividad física o los desvelos. Hoy le pidió que se realice estudios de los pulmones: “ya me urge aliviarme para volver a trabajar”, dice.

 

22 años de monitoreo, ¿confiables?

En 1995, en el área metropolitana comenzó a operar una red de ocho estaciones de monitoreo atmosférico instaladas en cuatro municipios: Vallarta, Oblatos, Centro y Miravalle en Guadalajara; Las Águilas y Atemajac en Zapopan; Loma Dorada en Tonalá y la estación Tlaquepaque.

Desde un año antes, el Gobierno mexicano comenzó a elaborar seis normas (NOM) para establecer los límites permitidos de concentración de diferentes sustancias en el aire. Se pretendía regular las cantidades de ozono (O3), dióxido de nitrógeno (N02), dióxido de azufre (SO2), plomo (Pb), monóxido de carbono (CO) y material particulado (PM). Los límites establecidos en dichas normas han incidido en la forma de medir los puntos IMECA.

De cero a 50 puntos la calidad del aire se considera buena, de 51 a 100 se considera regular y de 101 a 500 se estima como mala, muy mala o extremadamente mala. Los 100 IMECA representan el límite máximo permitido por las normas. A partir del valor 101 IMECA hay afectaciones a la salud humana. Sin embargo, hay quienes aseguran que esto no es así.

Para el profesor investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Arturo Curiel Ballesteros, las normas que establecen los límites de concentración de contaminantes en el aire son obsoletas: “si tú tomas el nivel 100 IMECA y lo relacionas con ozono o partículas, ese límite de seguridad la OMS dijo que ya no sirve (…) No se tiene que llegar al punto 101 IMECA por ozono para tener un problema a la salud”.

Al día de hoy, 23 años después, tres de las normas siguen con estándares de 1994 y la otra mitad se han actualizado. Sin embargo, ninguna de las seis se apega a la recomendación más reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la calidad del aire, emitida en el 2016.

Por ejemplo, respecto al material particulado de 10 micras de longitud, la norma establece que el límite permitido es de 75 miligramos por metro cúbico, en promedio durante 24 horas, mientras que la OMS recomienda 50 miligramos por metro cúbico con el argumento de que la exposición a partículas “reduce la esperanza media de vida en 8,6 meses”.

Otro ejemplo es el del ozono: mientras que la norma establece que el límite permitido es de 149 miligramos por metro cúbico, en promedio, durante ocho horas, la OMS recomienda 100 miligramos porque el exceso de ozono “puede causar problemas respiratorios, provocar asma, reducir la función pulmonar y originar enfermedades pulmonares”.

 

¿Mata o no mata?

Héctor Gallardo Rincón trabaja en el Instituto Carso de la Salud y su forma de describir la hematosis es casi poética: “El aire entra por la nariz, recorre la laringe, la tráquea y los bronquios para entrar a los pulmones. Dentro de los pulmones hay millones de bolsitas diminutas llamadas alveolos, las cuales suben y bajan de un tren llamado sangre a los pasajeros: recogen a un pasajero limpio, llamado oxígeno, y bajan al pasajero sucio, que es el bióxido de carbono. El mismo tren lleva oxígeno a todos los órganos del cuerpo humano. Inhalamos oxígeno y exhalamos dióxido. Esto se llama hematosis”.

Pero en esa historia también hay villanos, según Gallardo Rincón, junto con el oxígeno se cuelan ozono, plomo y material particulado, entre otros contaminantes. Sustancias que, al ser inhaladas, provocan irritación, alergia, aumento del pulso cardiaco, asma, bronquitis, enfisema y hasta cáncer pulmonar. “También se meten a la sangre y circulan por ella sin que nos demos cuenta de los efectos a mediano y largo plazo: mutaciones o cáncer en cualquier parte del cuerpo”.

¿La contaminación del aire mata?

La contaminación enferma gravemente y mata. Eso lo sabemos, pero nos parece normal.

La Secretaría de Salud Jalisco (SSJ) se toma el asunto de la contaminación atmosférica con menos alerta. Ana Mena Rodríguez, coordinadora de urgencias epidemiológicas y desastres, admite que sí se atiende a más pacientes enfermos de las vías respiratorias en el AMG cuando se registra un nivel de contaminación elevado, pero no culpa de todo a la contaminación: “debemos tomar en cuenta otras variables: el lugar, el tiempo –clima-, el tipo de contaminante, su concentración en ese momento y la susceptibilidad de los individuos. No podemos decir que todos los registros que tenemos van a ser específicamente por la contaminación (…) Nosotros estamos pendientes”.

Aunque el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica es amplio, no hay manera de que la Secretaría contabilice a los pacientes con cuadros de irritación, asma o bronquitis que asisten a clínicas y hospitales un día en el se registra un incremento de puntos IMECA. Esto debido a que “la información del día en curso tarda dos semanas en llegar por un proceso de validación”.

 

¿Dimensionamos el problema?

Cuando una persona muere por enfermedades de las vías respiratorias, ¿hay alguna manera de diferenciar si fue a causa del tabaquismo o de la contaminación atmosférica?

Después de sorber el café y pasar el trago, Gallardo Rincón se toma unos segundos para responder.

No. Es difícil y es la pregunta inadecuada.

Las consecuencias de la contaminación atmosférica no deben de medirse por el número de muertos sino que debería analizarse la relación entre los días de contingencia ambiental y los ingresos a los hospitales públicos por asma, enfermedades cardiacas o partos prematuros. “La relación va a ser directa”, asegura Gallardo Rincón.

La directora ejecutiva del Colectivo Ecologista de Jalisco (CEJ) asociación civil ambientalista fundada en 1986, Maite Cortés García Lozano, opina que la instituciones responsables deberían informar a la población sobre las afectaciones que el aire contaminado causa a salud, de una manera directa: “lo ideal sería tener una forma de decir ‘aquí en la clínica 52 llegaron tantas personas por cuadros de enfermedades del sistema cardiorrespiratorio -un día de mala calidad del aire-’. Si a las personas les llegara un mensaje de alerta que dijera ‘si tú vives en el área tal de Zapopan, Tonalá o Guadalajara, tienes tres veces más posibilidades de que te dé un cáncer de pulmón o de que tus niños tengan asma o de que tengas problemas de aprendizaje por la alta cantidad de partículas suspendidas’, tal vez así se preocuparían más, ¿no?”.

Gallardo Rincón está de acuerdo en que  las mujeres embarazadas no acudan al trabajo, las cementeras paren y los coches se apaguen durante un día de contaminación atmosférica, y que   la población observe de qué lado está la autoridad: de las industrias o de la ciudadanía.

La población está expuesta a casi el doble de micropartículas de 2.5 micras -más dañinas que las de 10 micras- de longitud que el promedio anual de seguridad sugerido, alerta en su página Breath the life respira la vida, una campaña liderada por la OMS para proteger la salud humana y el medio ambiente de los efectos de la contaminación atmosférica.

Según este indicador, los habitantes de las otras dos ciudades más pobladas del país también están expuestos a PM 2.5 por encima de la línea de seguridad: la Ciudad de México están al doble y Monterrey, está 3.6 veces más.

“Aunque no siempre podemos percibirla, la contaminación atmosférica es la causa de algunas de nuestras muertes más comunes”, se lee en la página, misma que señala que el 36% de las muertes por cáncer de pulmón, 34% de los pacientes con ictus enfermedad cerebrovascular, 27% de las enfermedades cardiacas y 35% de las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (EPOC) se deben a la presencia de contaminantes en el aire.

Del 2000 al 2015 fallecieron en el área metropolitana -sin contar a los municipios de Juanacatlán, Ixtlahuacán de los Membrillos ni Zapotlanejo- 6 mil 260 personas por tumores malignos en los órganos respiratorios, 20 mil 379 por enfermedades cerebrovasculares, 39 mil 20 por enfermedades isquémicas del corazón y 473 por enfermedades del pulmón debidas a agentes externos, según el registro administrativo de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Siguiendo las cifras de Breath the life y del INEGI, del 2000 al 2015 habrían muerto en el AMG al menos 21 mil 579 personas a consecuencia de enfermedades causadas por la contaminación del aire, siendo Guadalajara (75.1%), Zapopan (14.4%) y Tlaquepaque (4.1%) los municipios donde más sucedieron los decesos, y Tlajomulco (2.7%), Tonalá (2.4%) y El Salto (1%) donde menos ocurrieron.

En el 2008, el aire que los habitantes de Guadalajara respiraron fue de calidad ‘regular’ pues el promedio anual del IMECA fue de 86 puntos, según el reporte oficial del año 2009. La media anual de puntos IMECA registrada en 2016 no se encuentra en la página del SIMAJ.

Al fondo se ve el Cerro del Cuatro, la parte sur del Área Metropolitana de Guadalajara / Foto: Angel Melgoza

 

La comodidad del asiento

Mario es un hombre con las manos y el pantalón manchados de aceite, quien trabaja en un taller mecánico en Tlaquepaque. Mientras trata de encontrar la causa de un ruido extraño en una camioneta blanca, explica en qué consiste la afinación vehicular:

Se cambia aceite, filtro de aceite, filtro de aire, filtro de gasolina, válvula PCV, lavada de inyectores, lavada de bujías, y se revisan todos los niveles de líquidos de todos lados (…) La más importante es la válvula PCV, una recicladora de gases, aunque en una afinación todo es importante.

Aquí reciben vehículos para afinar todo el año. El servicio cuesta mil 600 pesos y obtener el holograma de verificación en un taller acreditado cuesta entre 320 y 400 pesos. Sin embargo, Mario -quien pidió omitir su nombre real por temor a represalias- dice que si los clientes piden el holograma de verificación él se los puede conseguir por 250 pesos, en media hora, sin necesidad de afinación.

Aunque los propietarios de vehículos motorizados los afinaran y verificaran de manera legal, los niveles de contaminación no bajarían mucho porque se permite emitir más hidrocarburos a los vehículos más viejos y contaminantes. Para el profesor Curiel Ballesteros basta comparar el nivel de contaminantes que las normas le imponen a un vehículo nuevo con el nivel que le permiten a uno de los años 70 u 80, para descubrir que es una octava parte de lo que le permiten a un auto viejo.  

Los automóviles modelo 1994 y más recientes tienen un nivel máximo permitido de emisiones de hidrocarburos de 200 partes por millón -unidad de medida utilizada en las pruebas de verificación-, mientras que los modelo 1979 y más antiguos pueden expulsar hasta 700.

La cantidad de vehículos motorizados que circulan en Guadalajara, El Salto, Tlajomulco, Tlaquepaque, Tonalá y Zapopan -principal fuente de nitrógeno, monóxido y bióxido de carbono en el AMG- se triplicó en los primeros 15 años del siglo XXI, al pasar de 671 mil 638 en el año 2000 a dos millones 73 mil 197 en el 2015, el equivalente a todos los habitantes de Guadalajara y Tlaquepaque juntos.

Simultáneamente, la cantidad de habitantes que utilizan el transporte público descendió al pasar del 68% en 2013 al 59% en el 2016, según datos de la encuesta que realiza el observatorio Jalisco Cómo Vamos.

 

Los ricos también se enferman

La estación de monitoreo Las Pintas, en El Salto, comenzó a operar en 2011, mientras que la estación Santa Fe, en Tlajomulco, lo hizo a partir del 2013. Ambas son zonas al sur de la ciudad carecían del sistema para medir la calidad del aire y, al iniciar sus monitoreos, desbancaron a todas las estaciones de la red respecto a los peores niveles de contaminación atmosférica registrados.

Los informes anuales de Monitoreo de Calidad del Aire de la SEMADET 2014 –primer año en que la totalidad de los datos producidos en la estación Santa Fe fueron incluidos- y 2015 detallan que, sólo cuatro estaciones registraron 63 días de precontingencia –“mala” calidad del aire-: Santa Fe registró 30, Las Pintas 20, Tlaquepaque siete y Miravalle seis. Adicionalmente, sólo Santa Fe y Las Pintas registraron días de contingencia –“muy mala” calidad del aire -con tres y cuatro días, respectivamente.

Las Pintas y Santa Fe registran los peores niveles de contaminación por dos razones, según Curiel Ballesteros. La primera es la dirección de los vientos que llegan a la ciudad: del norte y del oeste, predominantemente. La segunda es la geografía: el cerro del tesoro y el cerro del cuatro fungen como un embudo que concentra y dirige una importante cantidad de aire hacia el sur.

Para el epidemiólogo Gallardo Rincón, la calidad del aire también es un valor en el mercado inmobiliario, aunque argumentó que sería ingenuo pensar que las enfermedades generadas por la contaminación atmosférica son exclusivas de una clase social: “la contaminación afecta por igual al hijo del rico que al hijo del pobre, al turista, a Trump en la casa blanca o a Peña Nieto en Los Pinos”.

 

Acciones dispersas

En la investigación “Más de una década de aire sucio en nuestra ciudad, 2000-2010 el CEJ recomendó a autoridades, padres de familia, maestros, pediatras y habitantes de la ciudad racionalizar el uso de vehículos de combustión interna y promover la compra de unos menos contaminantes.

Además, reducir las partículas suspendidas y los compuestos que las forman; habilitar la medición de las micropartículas 2.5 en todo el SIMAJ -actualmente sólo las estaciones Centro, Miravalle y Santa Fe cuentan con tecnología para registrar este indicador-; promover que quienes padecen enfermedades cardiorrespiratorias en la ciudad conozcan los riesgos asociados a la contaminación atmosférica, y promover que México cuente con normas de calidad del aire y de combustibles limpios más estrictas.

La noche del 31 de septiembre del 2016, durante la clausura de  la II Cumbre de Cambio Climático de las Américas, en medio de la resonancia de aplausos de más de un centenar de empresarios y políticos de diferentes partes del mundo, el gobernador de Jalisco y anfitrión, Aristóteles Sandoval Díaz, firmó el documento “Llamado a la acción de Jalisco”. En él se comprometió a reducir los gases de efecto invernadero de todo el Estado en un 80%… para el 2050.

“El discurso del gobernador es que todos estamos apurados por el cambio climático, pero que Jalisco es una cosa maravillosa. En estos cuatro años de administración ya deberíamos estar viendo resultados, no planes o proyectos”, enfatiza la directora del CEJ, quien recalca que falta medir las partículas de 2.5 micras y que la información recabada durante 21 años no ha sido utilizada por las administraciones estatales para tomar decisiones que reduzcan la contaminación del aire en el área metropolitana.  

El 27 de agosto del 2015 se publicó en la Ley para la Acción ante el Cambio Climático en el Estado y el 16 de agosto del 2016 su reglamento.

En ambos documentos el gobierno del Estado anunció la creación de un Fondo Ambiental Estatal que destinará recursos para la contrarestar efectos del cambio climático, “siempre y cuando exista la suficiencia presupuestaria”. Además, se invita a la población a participar con propuestas para combatir la contaminación. Sin embargo, ninguno de los escritos establece mecanismos para racionalizar el uso de vehículos que utilizan combustibles derivados del petróleo ni para reducir las micropartículas; tampoco se habla de equipamiento para que las estaciones del SIMAJ midan las PM 2.5. No se establecen vías de comunicación entre autoridades de salud y enfermos de padecimientos cardio respiratorios ni se fijan nuevos niveles máximos de emisión de contaminantes.

“La verdad es que es muy cansado que después de tantas administraciones sigamos con que no sirven las estaciones de monitoreo, no hay filtros, no hay reactivos, no hay presupuesto, se funde el cable, se funde el foco o se va la luz. El punto es que nunca salimos del tercer mundo”, lamenta Maite Cortés.

Para Gallardo Rincón, hay tres vías para que las personas dejen de atentar contra su propia salud: “soltar el coche, exigir a las autoridades que el transporte público sea mejor y dejar de comprar productos de las industrias contaminantes”. De igual manera, recomendó que urbanistas, expertos en salud pública, economistas y sociólogos asesoren a los gobiernos sobre la forma en la que la ciudad se mueve.

“La ciudadanía –dijo Curiel Ballesteros- debe comprender la importancia que tiene la calidad del aire para su salud hoy y el resto de su vida, para que cuando el gobierno le pregunte qué necesita, la primera respuesta sea ‘un aire más limpio para vivir mejor’.

Para ver el cerro del cuatro desde el hospital 180, que está a unos 12 kilómetros en línea recta, hay que poner una mano sobre la frente para proteger la mirada del sol vigilante. Este mediodía la colina café se aprecia envuelta por una fina tela grisácea.

Lilia cruza caminando la carretera San Sebastián el Grande-Santa Fe, rumbo a su camioneta en el estacionamiento junto a una gasolinera de la que entran y salen autos, motos y mototaxis. En cuestión de minutos, los combustibles con los que se abastecen dichos vehículos comenzarán a transformarse en gases a cada acelerón. Gases invisibles. Gases que las personas se acostumbraron a inhalar.

En la página del SIMAJ, seis de las 10 estaciones de monitoreo están de amarillo: detectan más de 50 puntos IMECA, pero un cuadro gris contiene una leyenda que invita a no caer en pánico: “Calidad del aire BUENA (sic.)”.

 

“Contaminantes atmosféricos en la zona metropolitana de Guadalajara de impacto en la salud ambiental”, estudio de María Garibay Chávez y Arturo Curiel Ballesteros, en el que calcularon la contaminación que diferentes fuentes vertieron a la atmósfera de 1996 al 2008 en el AMG.

 

**Agradecemos a la administración de la torre Vía Libertad por el acceso para tomar las fotografías que acompañan este reportaje.