Adultos mayores, doblemente excluidos y discriminados

Los adultos mayores en pandemia

Alejandro Ramírez tenía dos años como empacador en una tienda de autoservicio. Le llevó unas semanas convencerse de tomar el trabajo porque prefería algo más retador donde pudiera poner en práctica sus habilidades como técnico en electricidad después de haberse desempeñado en ese campo durante los últimos 34 años.

La empresa donde ejerció todo ese tiempo lo jubiló aunque Alejandro aún se sentía fuerte y quería seguir activo, productivo, pero por su edad no tuvo suerte y nadie lo contrató. Por eso, con tal de no quedarse solo en casa, accedió a trabajar de empacador en una cadena de tiendas de autoservicio. 

Rápido se habituó a la dinámica interna y se insertó en un nuevo círculo social. Trabajaba en las tardes, lo que le daba tiempo de salir a caminar en la mañana, leer y mantener ordenada su casa. Pero la pandemia trastornó su dinámica. A partir de marzo, el trabajo de empacador para los adultos mayores de la tienda donde colaboraba Alejandro desapareció, les pidieron que se quedaran en casa por tratarse de uno de los grupos más vulnerable ante la nueva COVID-19.

“Yo no iba tanto por el dinero porque tengo mi pensión, iba por trabajar, era una motivación. De repente nos dijeron que ya no íbamos a poder estar en la tienda y que ellos nos hablaban cuando pudiéramos regresar, dijimos ‘bueno, a lo mejor unos 15 días, tres semanas’, ya van ocho meses”, relató Alejandro.

De un día para otro, la tienda que le ofreció un espacio para empacar compras a cambio únicamente de propinas, le impidió el ingreso como cliente por ser un adulto mayor de 60 años. Por motivos de seguridad sanitaria, se volvió protocolo impedir el acceso a grupos que se consideran vulnerables.  

“Al principio obedecí, me quedé en mi casa y dije ‘bueno, solo voy a salir a comprar mi mandado’. La sorpresa que me llevé fue que no me dejaron entrar ni como cliente, le dije al vigilante que entonces dónde iba a comprar mi mandado, lo básico, no me dijo nada pero no me dejó entrar. Ahí empecé a desesperarme y me asusté de lo que pudiera seguir pasando”.

Alejandro vive solo, no tiene hijos o familiares que lo procuren, siempre se había valido por sí mismo y aunque está sano, la pandemia comenzó a sembrarle un nuevo miedo que no sabía que tenía: a salir a la calle, contagiarse y no saber qué hacer con la enfermedad.

“Yo sí me he sentido rechazado, apestado por la sociedad pues, y solo. He tenido días muy difíciles de no saber ya ni qué hacer”, lamentó el jubilado, que afortunadamente no ha carecido de recursos pero sí de espacios donde lo reconozcan como parte de la sociedad y lo incluyan.

A pesar de que Alejandro ha pasado por duros momentos de depresión y soledad como resultado del aislamiento y las políticas que lo han relegado, reconoce que es afortunado, ya que otros de sus compañeros empacadores se quedaron sin fuente de ingresos, obligados a salir a trabajar por su cuenta en un contexto virulento que no les da cabida.

 

De la protección, a la exclusión

En Jalisco, la población con 65 años y más es de 627 mil personas, según el Instituto de Información Estadística y Geográfica (IEEG). Representa el 7.5% del total de jaliscienses. Sin embargo, alrededor del 60% de estos adultos mayores tiene alguna comorbilidad que incrementa su riesgo de complicación en caso de infectarse con el nuevo coronavirus.

Con base en estas estadísticas, los gobiernos federal y estatal comenzaron a implementar restricciones de acceso a espacios públicos e incluso privados de primera necesidad, entre los que figuraron las personas de la tercera edad, sin distinguir casos excepcionales como aquellos que no tienen el apoyo de un familiar para llevarles alimentos.

La selectividad del virus de inmediato alertó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que desde mayo emitió advertencias a países en vías de desarrollo, como los latinoamericanos, para evitar que las brechas de desigualdad y desprotección hacia los adultos mayores se agudizaran con las medidas de aislamiento, pues parte de que las políticas orientadas a este grupo son deficientes para garantizarles una vida en plenitud.

Pero a pesar de las alertas preventivas, el escenario se cumplió en México y en Jalisco.

“Lamentablemente la pandemia trajo un impacto brutal en los adultos mayores, en salud mental lo tuvo, lo está teniendo y seguirá viniendo en próximos meses, son un grupo olvidado. Si a nivel institucional ya había abandono hacia los adultos mayores, ahora se agudizó. Se les prohíbe el ingreso a negocios, etcétera, pero ninguna autoridad emitió recomendaciones para buscar su bienestar físico, emocional, hubo nulos esfuerzos para buscar que este sector estuviera enfrentando la pandemia de una manera más acompañada”.

Las palabras son de José Gutiérrez, presidente del Colegio de Profesionales de la Psicología del Estado de Jalisco, quien recordó que mientras los grupos jóvenes pudieron refugiarse en la virtualidad para mantenerse en contacto con su familia, amigos y trabajo, los adultos mayores en su mayoría carece todavía de ese acceso a los medios digitales, lo que los vulnera por partida doble.

“En toda esta vorágine de migración a la virtualidad no se incorporó a los adultos mayores, se les olvidaron. Era una responsabilidad de las autoridades de los tres niveles de gobierno acercar el conocimiento, el apoyo y las herramientas para que se acercaran a las tecnologías y pudieran tener actividades virtuales que les hicieran más llevaderas esta situación. Hay estudios científicos que cuando el adulto mayor está deprimido o ansioso, el sistema inmunológico baja y los hace más susceptibles a la COVID, esto es producto de una visión reduccionista de la salud”, criticó.

En Jalisco, el 65% de las muertes a causa de la COVID-19 han sido en adultos mayores de 65 años, una estadística que a decir del especialista abona también al ambiente de incertidumbre, miedo y ansiedad que experimentan los aludidos en el contexto de la pandemia.

¿Cómo mantenerse conectados, informados y entretenidos, cuando solo 8% de los adultos mayores en México tiene acceso a internet? Para José Gutiérrez, en este contexto de crisis sanitaria es más necesario que nunca acercarse y acompañar a los mayores, no solo a los familiares sino a los vecinos o conocidos que tienen serias dificultades no solo para conseguir sus productos básicos sino también para encontrar actividades recreativas, productivas y de esparcimiento que propicien un desarrollo integral de su persona.

“Este sector de población no puede seguir a la deriva, están experimentando serios problemas de soledad y vienen todavía tiempos complicados, necesitamos acciones urgentes para incluirlos, abrir su acceso a las tecnologías de comunicación con ayuda de sus cuidadores o las personas que estén alrededor, tienen un derecho legítimo a la educación, a los programas sociales, al entretenimiento, falta programación para ellos”.

En víspera de los festejos navideños, Gutiérrez exhortó a las familias a evaluar concienzudamente si es necesario hacer una reunión con adultos mayores o si se puede implementar alguna dinámica donde sus seres queridos puedan acompañarlo en la distancia.

Si deciden hacerlo presencial, recomienda incorporar medidas que antepongan su integridad. Mantener la distancia, cenar en espacios abiertos, evitar los abrazos y las aglomeraciones en la comida, además de implementar dinámicas diferentes como dirigir palabras de cariño a los presentes en lugar de intercambiar regalos y tener contacto físico.

Lo importante para el especialista es dejar claro que, por encima de las tradiciones, lo más importante es la salud integral de las personas durante todas las etapas de su vida, no solo en Navidad.

 


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Violeta Meléndez

Violeta Meléndez

Reportera desde 2011 especializada en medio ambiente. Ha trabajado en medios impresos y digitales de Guadalajara en la cobertura de noticia diaria y realización de investigaciones, su especialidad es el manejo de recursos naturales, impacto ambiental, desarrollo urbano sustentable y divulgación de la ciencia. Estudió Periodismo y Biología, ambas licenciaturas por la Universidad de Guadalajara.