Años de acoso en la universidad, ¿qué se ha hecho?

Violencia de género

“Y ahora que estamos juntas y ahora que si nos ven, abajo el patriarcado que va a caer que va a caer”. 

Ese fue el canto de celebración de alumnas y profesoras el 26 de julio del 2018 cuando se dio a conocer, meses después de haber interpuesto una denuncia, la destitución de Horacio Hernández Casillas, un profesor de la Universidad de Guadalajara (UdeG) a quien encontraron culpable por acoso y hostigamiento sexual hacia al menos una profesora y una alumna.  

Tanya Méndez y “Cynthia”, denunciaron al coordinador de la carrera de Antropología de perseguirlas sexualmente, de proponerles asesorías en privado para después acosarlas y de utilizar su posición para hacer favores o tomar represalias.

Méndez, quien es profesora, doctora e investigadora en el CUCSH denunció que perdió oportunidades laborales por no dejarse besar o tocar los senos, que fue obligada a saludar al coordinador de beso y hasta le ofreció pornografía. 

El caso creció después de que las mujeres hicieran pública su denuncia penal y que varias alumnas, profesoras y personal administrativo se les sumaran tanto a nivel administrativo como en redes sociales y manifestaciones. 

Esta no era la primera vez que se sabía de una denuncia por violencia de género al interior de la universidad, pero llamó la atención por la relevancia y el poder que ostentaba Hernández Casillas al interior del CUCSH y la insistencia de las víctimas con su denuncia a pesar del miedo a las represalias o a que se ignorara el caso. 

El proceso fue duro y revictimizante de acuerdo con Tania Méndez. Hubo irregularidades como que no les permitieron incluir a todos los testigos que ellas propusieron, tiempos largos establecidos en el reglamento que beneficiaban al victimario y en general resistencia por parte de las autoridades educativas. 

La denuncia llegó hasta el Consejo General Universitario, se involucró el abogado general y la presión se sentó principalmente en el entonces rector del centro Héctor Raúl Solís, quien anunció ese verano la destitución del profesor. 

A raíz del caso, la Universidad de Guadalajara se comprometió a crear un protocolo de género, algo que no tenían a pesar de que las denuncias se seguían acumulando. Y aunque emitieron un documento, a casi tres años de la denuncia, los casos persisten en la universidad. 

La Unidad de Igualdad y el trabajo que falta

“(Después de la destitución) me sentí castigada, sobre todo en mi departamento. La gente que trabajaba con él se quedó ahí”, explicó Tanya Méndez. 

Han pasado años después de haberse enfrentado a su jefe y recibir críticas por su insistencia y aun así la profesora sigue recibiendo rechazos y trabas como no poderse cambiar de departamento o no recibir estímulos que por ley le corresponden. 

Pero a pesar de eso, Méndez ha persistido en la defensa de los derechos de las mujeres que forman parte de la UdeG y se ha involucrado en materias de género y en asesorías a planes de estudio con el fin de incidir de manera positiva. 

No se arrepiente de la denuncia y la volvería a hacer, pero el problema no se acabó con su caso. En el 2020 se registraron al menos 12 denuncias por acoso y hostigamiento sexual en algún centro universitario a pesar de que las clases se dieron a distancia por la pandemia. Además, más de la mitad, el 50%

de las denuncias no habían tenido resolución al cierre del año. Del 2016 al 2020 se contabilizaron 50 denuncias solo en los centros de educación superior. 

Ante una crisis de violencia de género inminente que también ha afectado a la UdeG, pareciera que aquél protocolo que prometieron no fue suficiente y tres años después de la denuncia de Tanya y “Cynthia”, la universidad anunció un programa más robusto con la creación de la Unidad de Igualdad. 

“Tardó porque no debió de haber sucedido en primera. Intentaron el protocolo y se quedó en el tintero, no lo veían como prioridad. Me parece que si no pasa esto (la denuncia contra Hernández Casillas), sigue siendo una cuestión invisible”, criticó la profesora. 

En febrero de este año, el rector Ricardo Villanueva anunció la creación de dicha unidad de igualdad junto con la planeación de foros abiertos para escuchar a la comunidad educativa y modificación de normas para atender la violencia de género. 

“La Unidad surge para ver todos los temas que tienen que ver con prevención, atención, sanción y erradicación de las violencias de género; y la generación de planes para fomentar la igualdad dentro de la universidad”, explicó Érika Loyo quien está al frente del proyecto. 

El primer objetivo al que se ha dedicado Loyo ha sido el de la creación de un protocolo. Convocaron a foros abiertos para conocer las necesidades de la comunidad tanto estudiantil como profesores, profesoras y personal administrativo y a partir de ahí crear el documento.. 

En la experiencia de Tanya Méndez, urge atender la revictimización y aligerar los procesos administrativos para que las denuncias avancen. No es secreto que tanto en la universidad como en la Fiscalía y en cualquier otra instancia donde las mujeres denuncian violencia, se llega con miedo a que las juzguen o no les crean. De acuerdo con la profesora hay casos que se hablan poco, sobre todo entre el personal administrativo, porque sigue habiendo el temor de perder su trabajo. 

Para ello, Loyo explicó que el proceso de denuncia cambiará para concentrarse en los primeros contactos, personas bien capacitadas quienes recibirán las quejas en los centros universitarios, preparatorias, oficinas y espacios cercanos a la comunidad. La clave será la capacitación “con un estándar especializado en atención a mujeres víctimas enfocado en calidad de la atención, no revictimización y enfoques transversales. Ganarse la confianza después de tantos temas que han ocurrido es un asunto difícil”. 

Otro problema es el de “los intocables”. Profesores, administrativos y estudiantes, en su mayoría hombres, que pareciera que son inamovibles y que denunciarlos resultaría contraproducente e incluso peligroso para las víctimas. La unidad de igualdad tendrá que trabajar en la capacitación al personal para dejar en claro que las sanciones se aplicarán sin excepciones. 

Tras la publicación del protocolo trabajarán también en un plan de prevención y uno de igualdad con la intención de al menos sentar bases para trabajar hacia una universidad equitativa. 

“Quisiera dejar un antecedente de un buen funcionamiento de una unidad para la igualdad; dejar indicadores, metas claras, me encantaría dejar algún cimiento de sistemas de cuidados y construir un área de reeducación. Mi aspiración es que cualquiera que quiera ser parte de la UdeG debe saber que hay estándares de comportamiento”, insistió Loyo quien aclaró que toda respuesta será a largo plazo. 

Por lo pronto, las niñas y mujeres que son parte de la Universidad de Guadalajara aún se mantienen a la espera de aquella promesa de una universidad segura para ellas.


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Katia Diéguez

Katia Diéguez

Es periodista formada en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Jalisco. Desde su formación como estudiante y ahora como profesionista ha trabajado en diferentes medios locales como Más por Más, el Diario NTR, Territorio y Mural de Grupo Reforma. En este último trabajó como reportera de la sección local y realizó coberturas diarias y de investigación principalmente en temas de género, derechos humanos, infancia, diversidad sexual y educación. Además, ha complementado su educación con cursos y talleres de periodismo narrativo, de investigación, transparencia, género y derechos humanos.