Comunista a los dieciséis

Entrevista a Jerónimo Zarco

Ilustración Andie Lolo

La brecha generacional es evidente. Mientras yo estoy al borde de un colapso de nervios porque no logro ajustar el Zoom, Jerónimo (Ciudad de México, 2004), despreocupado, está ya en la sala de espera de la plataforma, al mismo tiempo que revisa su correo y contesta mensajes en WhatsApp. Por fin logro enlazar. Es camarada Jerónimo, el comunista de TikTok.

Comenzó a crear contenidos en esta red social para explicar —con las limitaciones obvias de la plataforma— los elementos más referidos y controversiales del comunismo, la relación de esta teoría con el activismo antirracista y la lucha para frenar la catástrofe climática que se avecina, por ejemplo. Twitter lo descubrió y se le vino encima un chubasco de fama: pasó en TikTok de 7,500 seguidores a 36,000. En Twitter el crecimiento fue todavía más sorprendente: de 400 a 25 mil seguidores.

Espera que pronto se apacigüen las interacciones para recuperar de lleno la lectura de la teoría marxista. También afirma que le molesta la polémica vaciada de contenido y de ideas, «no solo por arriesgada, sino porque da flojera», y trata de contestar a todos los comentarios cariñosos, al mismo tiempo que ignora aquellos que no aportan nada a la discusión, para cuidar de su tiempo y de su salud mental.

DRGR: ¿Cómo te han caído estos días de fama súbita?

JZ: Fue muy imprevisto. Yo subía mis vídeos de vez en cuando para una audiencia pequeña. De la nada, me suben a Twitter y ahí exploto: empiezan a caerme más y más seguidores; mis vídeos se vuelven virales, con miles de vistas. Y yo dije: «¡ay! ¿qué está pasando?». Fue muy súbito. La verdad, estoy contento, me estoy acostumbrando.

Sé que por los temas de los que hablo me van a llegar bastantes comentarios en desacuerdo, un poco agresivos, pero sabía que iba a llegar esto en algún momento. Bueno, no la fama, pero los comentarios malos. Estoy muy contento porque hay mucha gente que me apoya, al igual que hay mucha gente que no está de acuerdo conmigo: entonces, yo feliz.

DRGR: ¿Cómo te iniciaste en la teoría comunista o en el comunismo militante?

JZ: Ahorita estoy en la teoría, en algún momento me tocará militar. Por ahora estoy leyendo mucho. 

Curiosamente, fue George Orwell con su Rebelión en la granja quien me introdujo al comunismo, al parecer los esfuerzos de convertir ese libro en propaganda anticomunista no funcionaron en mí. Justamente entendí que los problemas del socialismo tienen que ver más con su mala aplicación que con su teoría.

Lo que definitivamente me empujó a la lucha anticapitalista fue cuando me involucré en círculos de activismo climático. Hay una frase famosa, que me gusta mucho: «la lucha climática sin lucha de clases es simplemente jardinería». Poco a poco me di cuenta de que la única forma de evitar una crisis climática es una transformación completa del modo de producción y del sistema económico, por lo tanto, la lucha climática tiene que ser anticapitalista.

A partir de ahí: pum, pum, pum, teoría marxista y, bueno, aquí me ves. 

DRGR: Más o menos, ¿cuánto llevas en este proceso?

JZ: Leí por primera vez Rebelión en la granja el último año de secundaria. Ahorita acabo de entrar al último año de prepa. Pero me empecé a introducir a la lucha climática hace dos años y definitivamente me identifiqué socialista hace un año.

DRGR: ¿Tu familia tiene tradición comunista?

JZ: No. Bueno, mi abuelo estuvo en el movimiento del 68, en la UNAM. Mis papás son socialdemócratas, de los que votan por AMLO, pero jamás se han identificado totalmente con la lucha anticapitalista y son medio tibios.

DRGR: ¿Ya sabes en qué universidad te gustaría estudiar?

JZ: Sí. Quiero tomarme un año sabático. Después quiero hacer trámites para una doble licenciatura en la UNAM, en Ciencia Política y Derecho. Me inclino más por la Ciencia Política; Derecho voy a ver si se arma o no. Eso ya es una cuestión que resolveré después.

DRGR: Y en un futuro algo más extendido, ¿piensas en la academia o en la militancia partidista?

JZ: Todavía no lo tengo muy claro. Por ahora, considerando que mi mamá es académica, eso me empuja hacia allá, pero tampoco sé si la academia es cien por ciento para mí. También un poco de militancia y organización sería interesante.

DRGR: Pasemos a lo conceptual y político. Para ti, ¿qué encierra el concepto de comunismo?

JZ: Una evolución social. Una total transformación de la manera en que socializamos, en la que nos organizamos y, sobre todo, en la que nos relacionamos con la comunidad, con lo colectivo. Es progresar a partir de lo que tenemos; entender la sociedad en la que vivimos y rechazar las cosas nocivas de su sistema. Es una cuestión de progreso, de ir más allá de lo que hoy existe.

DRGR: Entonces, ¿te identificas con ciertos valores de la socialdemocracia? Es decir: con la transformación por medios institucionales, con la democracia partidista. ¿O tienes más referencias en el marxismo ortodoxo de la dictadura del proletariado?

JZ: Entiendo la importancia de participar en democracias burguesas por muchas razones y, aunque entiendo las ideas reformistas, como ir a votar —porque no creo en el concepto de «la verdadera izquierda», que no debe de participar en democracias burguesas, sí estoy mucho más inclinado hacia el concepto de revolución del marxismo ortodoxo.

La verdad, sí rechazo bastante a la socialdemocracia, sobre todo viviendo en un país como México. 

DRGR: ¿Los partidos tienen que ser populares aunque no sean de izquierda o tienen que ser de izquierda aunque no sean populares?

JZ: Bueno, esa ya es una pregunta un poco más complicada. Por ejemplo, ahora que estamos viendo la contienda por Morena, está interesante ver los comentarios de Attolini, que rechaza la idea de que Morena sea de izquierda, y más bien tiene una idea de populismo anticorrupción. 

Yo sí creo y defiendo que sin ideología no hay política. Por lo tanto, establecer bien las bases ideológicas de un partido y hacer un análisis teórico de las condiciones materiales del país es indispensable, aunque también deben de tener una visión popular y ajustarse al contexto.

DRGR: Si la encuesta de Morena llegara a tu casa en este momento, ¿responderías Attolini o Citlalli?

JZ: Citlalli. Pero no me considero militante de Morena, la verdad.

DRGR: Ya. ¿Qué piensas de Morena?

JZ: Reconozco su importancia en el contexto político actual y, sobre todo, histórico; creo que México necesitaba un cambio en el statu quo político. Una lucha anticorrupción, una lucha antineoliberal era de esperarse. Sin embargo, sí creo que tiene muchos defectos que tenemos que criticar, considerando que la oposición en este momento está muy debilitada.

Si quieres que te resuma mi idea, hay que reconocer la importancia histórica del movimiento popular alrededor de la figura de Andrés Manuel López Obrador, sin embargo, esto no lo exime de las críticas que tenemos que hacerle, a falta de una oposición en el país.

DRGR: ¿Andrés Manuel te parece una persona conservadora o una persona que está a favor del avance de derechos y de libertades?

JZ: Es que depende: como persona es bastante conservadora, tiene sus valores religiosos; pero también, hasta cierto punto, como político tiene algunos rasgos progresistas. Sus ideas individuales son conservadoras, pero en la práctica lo modera. Por ejemplo, yo sí creo que en este sexenio va a haber aborto legal y matrimonio homosexual en todo el país y que van a tener apoyo de la figura presidencial. Esa es mi opinión, pero entiendo que es un pronóstico extraño.

DRGR: Cuando hablas de que el gobierno de Andrés Manuel es antineoliberal, ¿no ves más bien un recambio o una recomposición en las élites económicas? Salinas Pliego y Slim se ajustan a los proyectos del gobierno pero continúa la misma acumulación en manos de unos pocos hombres.

JZ: Tenemos que entender que ser antineoliberal no quiere decir ser anticapitalista. Al fin y al cabo, en el capitalismo ya sea neoliberal o socialdemócrata, siempre va a haber una élite y siempre va a haber unas pocas personas con gran acumulación del capital que, obviamente, van a tener muchísimo poder. Por lo tanto, estas personas van a intentar adaptarse al nuevo gobierno y van a hacer alianzas empresariales con el Estado.

Sin embargo, sí acentuaría la idea antineoliberal de Andrés Manuel por dos razones: aunque se han visto contradicciones, en la práctica hemos visto las no condonaciones a empresarios; empezó a apretar a las empresas para que paguen sus impuestos. Y también creo que hay que tener en consideración la cualidad performativa del lenguaje, el discurso no sólo tiene consecuencias en el pueblo sino también en las élites. Yo creo que sí va a haber un cierto cambio en las estructuras y en las relaciones que hay entre Estado y empresas.

Pero, definitivamente, su antineoliberalismo no es total.

DRGR: Entonces, ¿tú crees que el discurso y la ideología pueden modificar las relaciones sociales de producción?

JZ: No creo que las relaciones sociales de producción, pero sí las relaciones entre el Estado y las empresas.

DRGR: ¿Y cómo le llamarías a eso?

JZ: No le llamaría relaciones sociales de producción, por el hecho de que al Estado lo considero primordialmente burgués. Por lo tanto, no considero que ese cambio lleve a un gobierno totalmente popular. Al final, la inequidad va a seguir ahí, no importa cuántas becas reparta AMLO.

DRGR: Repartir las rentas del Estado no va a hacer propietarias de los medios de producción a las personas.

JZ: Exacto. También me gustaría destacar que la «cuarta transformación» no es solo la figura de AMLO. Obviamente su figura es central, pero no tenemos que olvidarnos de que no es el único actor importante en este momento histórico.

DRGR: Ya para cerrar el tema de Andrés Manuel, me gustaría conocer tu opinión sobre tres proyectos de su gobierno: el tren «maya», la refinería de Dos Bocas y la guardia nacional.

JZ: El tren «maya» me parece, como activista por justicia y acción climática, una barbaridad. Es un proyecto ecocida que no tiene suficientes regulaciones ecológicas y que además, va a utilizar diésel en lugar de electricidad. Desde el punto de vista anticolonial, el hecho de que ni siquiera hayan escuchado a las comunidades afectadas me parece asqueroso. Las comunidades ya se pronunciaron y las han ignorado totalmente. Desde el punto de vista anticapitalista, es un proyecto con bastante participación de la industria privada; no es un proyecto antineoliberal. Me opongo de forma rotunda.

En cuanto a la refinería, lo mismo. Entiendo la política de querer recuperar la soberanía energética. Entiendo que el obradorismo es como un hijo del cardenismo, hasta cierto punto. Sin embargo, construir refinerías es algo que hubiera estado bien en los setenta, hoy es una cosa totalmente anticuada. Además, tendríamos que apoyar otras alternativas como la nacionalización del litio, que se está debatiendo en este momento, porque va a dar paso a nuevas energías indispensables en la lucha contra la crisis climática. Y nacionalizar recursos sí nos va a hacer recuperar esta soberanía energética.

Finalmente, sobre la guardia nacional como estrategia de seguridad, no estoy seguro de qué tan eficiente pueda ser. Sin embargo, en la práctica los han puesto a hacer cosas verdaderamente lamentables como la intervención de Estados Unidos en la cuestión migratoria de México que ha afectado los derechos humanos de los migrantes.

DRGR: Pasando a otros temas, hablabas en tu Twitter hace unos días de antisemitismo, refiriéndote a estas teorías de conspiración sobre las élites judías. ¿Cuál es tu opinión sobre el Estado de Israel? No de la ocupación de Israel en Palestina, absolutamente condenable, sino de Israel como ente histórico, como un hogar nacional para el pueblo judío.

JZ: Qué pregunta más difícil. El problema con criticar a Israel es que el antisionismo muchas veces se confunde con antisemitismo, y cruzar esa línea es muy peligroso. 

No sé si se puede hablar de Israel sin tocar el tema con Palestina. Incluso si el pueblo judío es nativo del territorio, creo que no se justifica la creación de un etno-Estado…

DRGR: Tú sabes que desde fuera del comunismo una de las principales críticas es al estalinismo que sabemos, es un desarrollo muy particular del comunismo, no lo abarca todo, pero: ¿tú qué opinión tienes de Stalin?

JZ: Hay que reconocer las cosas buenas y malas del periodo estalinista. Definitivamente Stalin como individuo ha sido muy tocado por la propaganda anticomunista. Pero ese hecho no lo exenta de críticas que le tenemos que hacer a su persona, de crímenes contra la humanidad.

Sin embargo, la puesta en práctica del marxismo-leninismo se materializó en lo que conocemos como estalinismo. Fue criticable, sí. Pero hay cosas que tenemos que reconocerle: vencer a los nazis, vencer al fascismo. Tenemos que aplaudirle y reconocerle.

En 1945, si preguntaban quién tuvo mayor participación en la derrota del fascismo, la gente respondía que la Unión Soviética. Hoy en día, después de tanta propaganda, la gente piensa que fue Estados Unidos. 

Los crímenes contra la humanidad nos recuerdan que no debemos de idolatrar la figura de Stalin porque, incluso si hizo avanzar al comunismo en el mundo, fue una persona que hizo cosas terribles.

DRGR: Hablando del marxismo-leninismo, el marxismo más ortodoxo tiene rechazo al progresismo y a lo que llaman «políticas de la identidad», es decir, a las luchas de la comunidad LGBT+, de las personas trans, incluso del feminismo. ¿Qué piensas del debate entre el marxismo ortodoxo, que pone como principal sujeto político a la clase obrera, y estas luchas que se enfocan más en las personas?

JZ: Creo definitivamente que bajo el socialismo, y solamente bajo este sistema de producción, la emancipación de las personas va a ser alcanzada. Sin embargo, reconozco que la lucha feminista nos recuerda que la lucha de clases está relacionada con la lucha antipatriarcal. El patriarcado no va a caer una vez que se instaure un nuevo modo de producción.

La lucha feminista, la lucha antirracista, la lucha por los derechos LGBT+ son definitivamente luchas importantes. Pero hay que reconocer que la lucha de clases y la lucha anticapitalista son las únicas que pueden llevar a la total emancipación de las personas. 

Algo interesante es que las luchas por la identidad mejoran las condiciones de vida de las personas incluso dentro del capitalismo.

[Esta última idea de Jerónimo me hace recordar las palabras de Lemebel: 

Yo no voy a cambiar por el marxismo,

que me rechazó tantas veces.

No necesito cambiar.

Soy más subversivo que usted.

No voy a cambiar solamente

porque los pobres y los ricos.

A otro perro con ese hueso.

Tampoco porque el capitalismo es injusto:

en Nueva York los maricas se besan en la calle.]

DRGR: ¿Estas luchas pueden confluir o van por caminos totalmente distantes? Pienso en el feminismo transexcluyente o en las personas homosexuales que no se reconocen dentro de la comunidad LGBT+.

JZ: Creo que el debate dentro de las mismas comunidades de lucha es importante: compartir ideas, discutir. Sin embargo, dentro de la lucha anticapitalista hay divisiones que dañan. Creo que la unidad contra los mecanismos de opresión es importante. Al final, estar divididos todo el tiempo solo va a beneficiar al opresor.

DRGR: En relación con la izquierda latinoamericana y con la Marea Rosa, hay proyectos exitosos y que hicieron justicia a millones de personas como el proyecto de Lula y el de Evo, pero es claro que el proyecto venezolano está a la deriva y ha desilusionado bastante a la izquierda internacional. Muchas personas de izquierda nos hemos distanciado del régimen venezolano. ¿Tú piensas que el régimen de Maduro es una dictadura?

JZ: Creo que el gobierno de Chávez fue una gran victoria para la lucha histórica del socialismo. Y también creo que el régimen de Maduro ha lastimado muchísimo a la izquierda internacional, no nos beneficia. 

A Venezuela tenemos que aplaudirle su antiimperialismo, la constante lucha contra el intervencionismo de Estados Unidos que, tú y yo sabemos, ha sido no solo el mayor enemigo del socialismo sino de América Latina, para su desarrollo.

Yo le critico muchísimas cosas a Nicolás Maduro. Su autoritarismo, su manera de utilizar al ejército y a la policía contra la población. Sin embargo, a Juan Guaidó y todos estos personajes como Jeanine Áñez tenemos que evitar darles poder. Ni Maduro ni Guaidó. La situación de Venezuela es demasiado complicada. Apoyo los esfuerzos antiimperialistas históricos de este país, pero reprocho los ataques del régimen de Maduro en contra del pueblo de Venezuela.

DRGR: Esta última pregunta es tramposa porque es un falso dilema, pero si tuvieras que elegir entre uno de estos valores, ¿te quedarías con la libertad o con la igualdad?

JZ: La igualdad es libertad. La libertad sólo se alcanzará cuando todos seamos iguales.

 

 


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David Ricardo González

David Ricardo González

David Ricardo González Ruiz es estudiante de Ciencia Política en Guadalajara.