Corona blues

La angustia detrás de una crisis epidemiológica y quienes escuchan

“Intervención en crisis, buenas noches,” una voz suave, llena de calma, responde. El operador 35 -así es como él se presenta- pregunta y escucha. Le digo que me siento abrumada, que no es la primera vez pero sí una de las peores. “¿Por qué te sientes abrumada?”, tiene un tono terso, pausado. Después de escuchar, deja un silencio entre mis palabras y las suyas. Impone un ritmo lento en la conversación para desacelerarme. Me pregunta cómo me llamo, cuántos años tengo y mi escolaridad. Me dice que no solo yo me siento así, que somos muchos, que lo sentimos de diferentes maneras. “Esto es mucho más grande que tú”, habla como susurrando y crea una atmósfera de intimidad entre nosotros, a pesar de que está en un call center con otras personas como él hablando con personas como yo.  Sabe qué decir y cómo decirlo, fue preparado para eso. Sabe -porque lo instruyeron- que en esta crisis muchos necesitaremos sosiego.

El operador 35 es una de las 72 personas que atienden las líneas de apoyo psicológico que el gobierno de Jalisco asignó como parte del programa “Quererte en casa”. Esta campaña se inició a la par de las medidas obligatorias de aislamiento que el gobernador Enrique Alfaro anunció el 19 de abril y su objetivo es prevenir y responder a las afectaciones emocionales a través de consejos para cuidar la salud física y mental durante la cuarentena. Además, se integraron la línea de intervención en crisis del Instituto Jalisciense de Salud Mental (SALME) y la de la Unidad Policial de Atención en Crisis (UPAC) al 075. Esta línea ahora opera como un menú que redirige las llamadas a la diferentes instancias, dependiendo de la necesidad del usuario. Las opciones que ofrece son reportes de violencia familiar y contra la mujer, apoyo para manejo de emociones para hombres, apoyo psicológico para personal de salud y apoyo para manejar la ansiedad, irritabilidad o depresión. Esta última es la opción 1 en el menú. 

La estrategia de reforzar una línea de intervención en crisis surgió del incremento que se dio en las llamadas al número que SALME atendía desde antes. En marzo de 2019 esta línea recibió 820 llamadas, en el mismo periodo de este año fueron mil 43; el incremento fue del 27%. El personal que atendía esta línea no fue suficiente para brindar un servicio 24/7, así que se integró toda la plantilla que atendía la línea de la UPAC y algunas de las personas que trabajan en el Consejo Estatal Contra las Adicciones en Jalisco (CECAJ). Todo este equipo de primeros respondientes está integrado por psicólogos; sin embargo, muchas de estas llamadas se pueden derivar  a segundos respondientes u otras instituciones para brindar atención más especializada. Por ejemplo, el personal de salud es derivado a un equipo de profesores de la universidad ITESO para que éstos den seguimiento al caso. Por otro lado, las personas cercanas a alguna muerte ocasionada por COVID-19 son derivadas al DIF Jalisco que generó un equipo de trabajo específicamente dedicado al manejo del duelo en esta situación. El 80% de las personas que han presentado cuadros de ansiedad y depresión han sido derivadas a módulos de salud o del DIF en su localidad, aunque no se sabe cuántas de éstas realmente han acudido a recibir ayuda. 

Desde que se asignaron estas líneas, el 19 de abril hasta el 11 de junio, recibieron 3 mil 320 llamadas. La causa más recurrente ha sido la ansiedad con 822, seguida de depresión con 443. Han buscado ayuda desde todos los municipios de Jalisco, principalmente en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG), pero también han atendido llamadas de la Ciudad de México y otros estados. La gran mayoría de personas que llaman son mujeres: mil 942, en contraste con los mil 123  hombres que se han comunicado.

Por otro lado, el Hospital Civil de Guadalajara lanzó una iniciativa desde el 6 de abril para atender tanto al personal de salud como a la población general que pudieran presentar alguna afectación psicoemocional derivada de la crisis por coronavirus. El programa, “Psicovid-19” tiene dos números de Whatsapp con un equipo de psicólogos que atiende 12 horas al día y se habilitaron dos espacios para que el personal de salud pueda acudir a “desestresarse”. Hasta el momento, en este programa se ha dado atención a 149 personas, tanto del personal de salud como de la población general; y el 75% son mujeres. La mayoría de estas personas han sido atendidas más de una vez sumando 298 intervenciones en total. También se han derivado a SALME o al servicio de psiquiatría aquellos casos que rebasan las posibilidades de una contención básica. Los malestares más comunes son problemas de sueño, ansiedad, ataques de pánico y miedo. 

Aunque, como Marcela Palacios -especialista en psicología y encargada de este programa- bromea, “no se trata de que todos vamos a terminar en el psiquiátrico”, pero sí nos encontramos ante una ola de padecimientos psicoemocionales que pueden tener efectos duraderos. En los “Lineamientos de respuesta y de acción en salud mental y adicciones para el apoyo psicosocial durante la pandemia por COVID-19 en México” que la Secretaría de Salud Federal publicó se advierte que “las personas que pasan tiempo en aislamiento pueden mostrar síntomas de depresión grave y relacionados con el estrés postraumático hasta tres años después”. Así mismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que, ante una crisis epidemiológica como la que ahora vivimos, “el 80% de la población puede mostrar un incremento de síntomas que podrían afectar su salud mental como la angustia, el miedo, el pánico y el terror”. 

Esto no significa que la mayoría de la población vaya a buscar ayuda en estos programas, sin embargo, algunas de estas emociones se pueden percibir en los discursos que elaboramos en las plataformas de redes sociales. Liliana Zaragoza Cano, cofundadora y coordinadora del Laboratorio de Interconectividades, explica que “todo lo que experimentamos con el cuerpo se traslada al espacio virtual y que aunque la población en Twitter está sesgada -por el acceso a internet y a la plataforma- los datos encontrados sí pueden reflejar los sentimientos de les usuaries”.

Para observar algunas de las emociones en la discusión virtual, analizamos 11 millones 993 mil 997 tweets en toda la plataforma que estuvieran escritos en español y que contuvieran palabras relacionadas al contexto de la cuarentena. Encontramos que 723 mil 511 contenían palabras relacionadas a síntomas de ansiedad, depresión y estrés. Las palabras que más se utilizaron fueron “sentir”, “siento”, “cuarentena” y “trabajo”; las que más se mencionaron juntas fueron ‘sentir’ y ‘miedo’ con 12 mil 579 tweets, seguido de ‘cuarentena’ y ‘harta’ con 12 mil 214.

Aunque la ansiedad y la depresión han tomado mayor visibilidad en este contexto, estos padecimientos no son nuevos ni espontáneos. Antes de la crisis por coronavirus, la OMS calculaba que había más de 300 millones de personas con depresión y que, de seguir esta tendencia, para el año 2030 la depresión sería la principal causa de discapacidad en todo el mundo. Para Patricia Ortega, psicóloga académica de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y defensora de derechos humanos de las mujeres, esta tendencia está intrínsecamente relacionada con el sistema económico en el que vivimos. “El proceso más extremo de individualización característico del capitalismo en su momento neoliberal no sólo nos impide ver una solución colectiva a esta crisis, sino que también nos hace sentir que tenemos que enfrentarla solas”. La individualización no es característica de esta pandemia, pero se exacerba con el aislamiento. Por otro lado, el mandato de rendimiento que el mismo sistema mantiene, combinado con la incertidumbre y vulnerabilidad a la que somos expuestos, genera una presión que se busca resolver en lo individual. “Las exigencias para todas las personas siguen estando presentes, los patrones y las escuelas no están cediendo”. Patricia explica por qué es casi inevitable sentirse vulnerable, ansioso, angustiado y deprimido ante esta situación. Por otro lado, hace énfasis en que la colectividad opera como contrapeso a la individualización y “no deja vivir la angustia o la ansiedad a los niveles en los que individualmente se pueden vivir”. El peso se reparte. 

En este sentido, han surgido iniciativas de cuidado y acompañamiento fuera del Estado para contener el malestar psicoemocional derivado de esta crisis de forma gratuita. Un grupo que se ha visto vulnerable durante la cuarentena son las madres. Muchas han tenido que maniobrar con los cuidados de los hijos, el trabajo doméstico y el trabajo profesional, multiplicando sus labores. Por eso, cuando Yunuén Macías, Ivonne Ramos y otras cuatro psicólogas se preguntaron cómo podían apoyar a su comunidad en esta crisis, pensaron en las mamás. Este equipo sabe que la carga no es repartida de forma equitativa con los padres ya que, como explica Yunuén, “la crianza y el trabajo doméstico siguen arraigados socialmente en las mujeres”. Además, Ivonne, quien es madre de una bebé de un año, explica que la maternidad muchas veces se ejerce en red con otras mujeres y la situación de aislamiento las ha dejado solas con la carga. Con esto en mente, lanzaron una campaña los primeros días de mayo y de inmediato llegaron algunos correos pidiendo información, pero las solicitudes aumentaron cuando se dio el anuncio de que las clases presenciales no se reanudarían este semestre. Recibieron alrededor de 40 correos, pero solo seis madres llevaron el proceso con sesiones semanales a través de Zoom.  

Vicky es una de las madres que decidió tomar el acompañamiento. Prefiere no decir su apellido por seguridad porque apenas hace cuatro meses se separó de su ex pareja después varios episodios de violencia. Ella buscó acompañamiento psicológico para atender el dolor de esta experiencia. Desde entonces está en casa de sus padres con su hija de diez años. Al contrario de una gran cantidad de mujeres que se han visto atrapadas en casa con sus agresores, Vicky se alejó de él justo a tiempo y ahora está a salvo. El malestar que la llevó a buscar ayuda no es propio de la pandemia, pero gracias a que la salud mental ha tenido más visibilidad en este contexto, ella tuvo acceso gratuito al acompañamiento que necesitaba. 

El miedo y la incertidumbre son propios de esta crisis sanitaria, pero no tienen su origen en ella. “Vemos que mucha gente ya traía muchos síntomas previos a esto y que la cuarentena los detona”, explica Braulio Romero, administrador de Reconocer Salud Mental, una institución psicológica con una campaña para dar acompañamiento gratuito a quien lo necesite. Han atendido a 28 personas -de las cuales 23 son mujeres y 5 hombres- y encontraron que en la mayoría de los casos las causas de sus padecimientos son anteriores a la pandemia. Braulio interpreta que esto se debe a las exigencias del ritmo de vida que llevábamos, aunado a la poca tolerancia a la frustración frente a la falta de trabajo. También habla de las desapariciones forzadas en México como un fenómeno de “duelos no resueltos” que afecta la salud mental de una parte -cada vez mayor- de la población. 

Por otro lado, el contraste tan grande entre el número de hombres y mujeres que buscan ayuda psicológica atiende a cuestiones culturales. “Los hombres no pueden mostrarse vulnerables, se restringen a sentir y suelen evadir sus emociones, por ejemplo, con el consumo de sustancias”, Braulio explica que no hay diferencia biológica, sino cultural, en el manejo de emociones entres hombres y mujeres. A pesar de que se reportan más casos de depresión y ansiedad en mujeres, la tasa de suicidios a nivel mundial es mayor en hombres. 

Uno de los hombres atendidos por este programa inició su proceso por preocupación económica pues le redujeron el salario. Su situación representa la relación entre la crisis económica con la que se enfrentará México y los padecimientos en la salud mental que la acompañarán. En este sentido, el Dr. Francisco Ramírez, director de SALME, prevé “que las personas van a  presentar trastornos de ansiedad, afectivos, del sueño y de estrés postraumático posterior a la pandemia, porque las enfermedades mentales son multifactoriales. Además del rol biológico, hay factores encadenantes y la economía juega un rol fundamental”.

Uno de los fenómenos que Braulio supone que vendrá, es otra ola de “duelos no resueltos” por la formas limitadas en los rituales alrededor de la muerte. De acuerdo con el protocolo para funerales que emitió el IMSS, no se podrán tocar los cuerpos, los ritos deberán ser con el ataúd cerrado y durar menos de cuatro horas. “Nosotros por nuestra cultura necesitamos el cuerpo para poder iniciar el duelo”, concluye Braulio. 

Con estos pronósticos en mente, algunas de estas iniciativas consideran la posibilidad de seguir operando después de la cuarentena. Estos psicólogos pasaron de sentir miedo a sentirse conmovidos: encontraron en los espacios que generaron una forma de cuidar  su comunidad. Patricia Ortega reflexiona que para superar esta crisis, “lo que necesitamos es recuperar esta sensación de que no somos individuos, no somos personas aisladas, somos comunidad y en colectivo vamos trabajando las cosas”. En un análisis a este contexto, Byung Chul-Han -filósofo surcoreano- observa que la pandemia ha dado lugar a una sociedad en la que se pierde toda experiencia comunitaria; en su país de origen, llaman corona blues a la depresión consecuencia del coronavirus. Los esfuerzos de estos psicólogos son una forma de resistirse a esta pérdida.