El acuerdo es vivir

El 8M en Guadalajara (y alrededores)

Fotos: archivo de Evelyn Herrera

1. La otra emergencia

Al revisar la compleja historia de las ideas alrededor de los feminismos se puede entender que la marcha del 8M en una ciudad como Guadalajara (y otras partes del mundo), fue un hito cultural que sin exagerar, es de proporciones históricas. De acuerdo con el académico Jorge Rocha, la manifestación con mayor asistencia-40 mil persona- fue para exigir el esclarecimiento del asesinato del Cardenal Posadas, en el año de 1993. El 8 de marzo de 2020 marcharon, según Protección Civil, 35 mil mujeres: “En número fue la segunda más concurrida, pero por las demandas y porque fue sólo de mujeres, me atrevo a afirmar que ha sido la marcha más potente en la historia de este estado.”

No fue un triunfo total porque nada lo es, pero sí fue amplio, legítimo e irreprochable. Salvo un par de excepciones, la prensa registró con transparencia la profundidad del evento. Lo que ocurrió en Guadalajara es parte de un fenómeno global en el que mujeres de cualquier origen, ideología y raza, no necesariamente identificadas o representadas por el feminismo encuentran un punto común: el hartazgo en el aumento de los feminicidios y asesinatos de mujeres; de las desapariciones y las violencias; del acoso y la discriminación. Fue una combinación de lo mejor de la experiencia política y organizativa de la red de colectivas #YoVoy8deMarzo, junto con la suma de mujeres con posiciones encontradas, no siempre representadas pero que compartían el rechazo contra la violencia de género.

Contribuyeron a la magnitud de la marcha, el movimiento testimonial y de denuncia #MeToo, la extraordinaria traducción de autoras feministas a un formato performático de Las Tesis, los casos mediáticos de extrema violencia contra las mujeres que provocaron indignación en la opinión pública, y el trabajo, organización y experiencia de la red de colectivas feministas locales, nacionales e internacionales. 

Pero principalmente una crisis de violencia de género y feminicidios que aumenta, a pesar de no saber en realidad cuántos feminicidios ocurren en el país cada año. En México, según datos recopilados por Lisa Sánchez, directora general de México Unido Contra la Delincuencia, 10 mujeres son asesinadas diariamente, 1 de cada 10 feminicidios se cometen contra niñas y adolescentes menores de 17 años; de las mujeres mayores de 15 años vivas, el 66% han sufrido algún incidente de agresión física (34%), emocional (49%), económica (29%) o sexual (41.3%), a manos de agresores conocidos o desconocidos, tanto en el espacio privado como en el público.

Aunado a esto, ocho días después de la marcha, se decretó una emergencia sanitaria o encierro obligado que ha incrementado las violencias contra las mujeres, adolescentes y niñas, revelando la incapacidad del estado por atender la otra emergencia mundial en donde, según la ONU: “una de cada tres mujeres ha sufrido en algún momento de su vida violencia física o sexual, principalmente por parte de su pareja.” Una crisis que se convierte en “una pandemia mundial que recuerda que la violencia provoca más muertes que la tuberculosis, la malaria y todos los tipos de cáncer juntos.”

A partir de una serie testimonios reconstruimos algunos fragmentos de lo que sucedió el 8 de marzo en Guadalajara (y Lagos de Moreno).

 

2. Romper con la tradición  

Mayli Vázquez y Johana Sosa 

Lagos de Moreno es una ciudad de aproximadamente 150 mil habitantes de la región de los altos de Jalisco en donde la mayoría (97%) de la población es católica. Es una región conservadora que no es ajena a las agresiones contra las mujeres. Para Mayli Vázquez, maestra de bachillerato y licenciada en humanidades, son muy pocas las mujeres organizadas en contra de las violencias, y el tema es urgente. Las mujeres que participan en el activismo político son de otras ciudades: León, Guadalajara o Aguascalientes. El contacto con el exterior es lo que permite a Lagos el movimiento y la digresión. Mayli busca provocar reflexiones, junto con sus alumnas de bachillerato, sobre los estereotipos alrededor del feminismo y la utilidad de sus ideas y prácticas. Durante esos diálogos, sus alumnas siempre le preguntaban sobre la marcha del 8 de marzo, el paro y la posibilidad de participar. Desde hace años, las generaciones que pasan por esos salones de clase se muestran más entusiasmadas, capaces, informadas y despiertas. A partir de la iniciativa de sus alumnas formó un grupo para que otras mujeres se pudieran integrar y desde ahí se decidió que la marcha sería exclusiva de mujeres y que se dividiera en contingentes de acuerdo a las posturas de cada grupo. La idea, que al final cambió, era montar un cementerio con sangre derramada en la plaza principal. Al final Mayli no pudo asistir por problemas personales, pero al ver a través de fotos y videos, a sus alumnas inundar las calles de una ciudad tan conservadora, enraizada en las clases sociales y basada en estereotipos, le hizo llorar.

Este impulso aprovechó la experiencia de otras organizaciones como Mujeres Organizadas en la que participa Johana Sosa, educadora popular  que trabaja dando acompañamiento pedagógico a niños y niñas en comunidades rurales. Las actividades de su organización prepararon el terreno a través del trabajo político dentro de la universidad, la organización del Primer festival feminista en 2017, y otras actividades con la idea de denunciar la violencia contra las mujeres. Con eso se afianzaron las redes entre mujeres que se presentaron en la primera marcha feminista en Lagos: mamás, hijas, mujeres de comunidades originarias, señoras católicas atraídas por la lucha contra la violencia contra las mujeres, y que tuvo como resultado un asistencia aproximada de mil personas.

 

 

Judith Hermosillo

Judith tiene 29 años y es de Guadalajara, estudió comunicación y desarrollo social, se ha dedicado gran parte de su vida profesional a atender jóvenes en entornos educativos o laborales. Nunca había participado en una marcha feminista pero su hermana más chica prendió la mecha. Dice que es la más involucrada en el tema del feminismo, tiene mucho mayor conciencia y participación. Para Judith, las nuevas generaciones no solo tienen más información, sino que tienen mucho más referentes, personas o modelos a seguir. Las redes que usan están llenas de perfiles diversos, en donde no hay un solo rol de mujer, ni de joven, y todo es mucho más aceptable. Hay un alcance distinto de estos temas y los ven con mayor frescura, naturalidad e interés de participar. 

Los primeros acercamientos con el feminismo para Judith fueron tardíos (25 años), y en un espacio muy formal: la maestría. En clase dice que se discute más la teoría que la vivencia y eso no le resultó tan atractivo, le daba la impresión de que el feminismo era muy rígido y que solo había una forma de ser feminista. Le parecía contradictorio que el feminismo apostara por la diversidad y la libertad, pero si estabas en contra de una postura, te rechazaban. Con el paso del tiempo, desde la vivencia personal empezó un proceso de reflexión que le ayudó a encontrar algunas respuestas y reconocer cosas en su entorno familiar y crianza; a ser más crítica sobre la vida de sus abuelos, tías; a empezar a ver las cosas con ese lente de género. Ahí le hizo sentido y entendió que no solo hay una sola forma de asumirse feminista. Fue un proceso más largo pero más consciente. La marcha fue una buena oportunidad para unir experiencias dentro de su familia y darse cuenta de las cosas que no platicaban pero les preocupaban a todas.

“Mi papá siempre ha sido un enemigo de las marchas. Si yo siguiera viviendo con mis papás no nos hubieran dejado ir. El hecho de no vivir con ellos y que pueda ser otro referente de autoridad para mis hermanas, ayudó a que fuéramos y eso abrió posibilidades de conversación. Mi papá fue mucho más receptivo a escuchar estos temas, porque no es lo mismo pelearte con la noticia que pelearte con tu hija. O no creerle a un periódico y no creerle a tu esposa que fue. A partir de ahí ha sido más abierto. Hace diez años no hubiera podido pasar. La marcha terminó de cerrar ese ciclo. No me queda duda de que este es un trabajo de muchos años, muchas personas y colectivas, para que ahora esto tenga sentido.”

 

 

Emilia Díaz y Jackie Padilla

El foro “Por el derecho a decidir” organizado por las sociedades de alumnas y alumnos de Relaciones Internacionales y Gestión Pública del ITESO, y que se iba a celebrar el 26 de septiembre de 2018, fue cancelado ante las presiones de grupos conservadores. Ante eso, alumnos, activistas y ciudadanos protestaron a través de las redes sociales con el hashtag #ITESOdialoga, y el día en que se llevaría a cabo el foro, cientos de estudiantes, entre las que se encontraban Emilia (21) y Jackie (22), se reunieron afuera del auditorio Pedro Arrupe, y exigieron que se abriera el diálogo. La presión de los alumnos logró que se realizara el foro y tuvo muchísima afluencia. A partir de ese momento, y ante la revelación de que la cancelación había sido por orden del Obispo, algunas alumnas pensaron en la urgencia de crear una colectiva feminista en la universidad y decidieron organizarse.

Gracias a las redes sociales, el éxito fue inmediato. El objetivo de Lavanda Fem era convertirse un espacio de reflexión feminista y de mujeres. El diagnóstico era que una colectiva feminista en un espacio universitario era urgente en un contexto de violencia, acoso y machismo. Lavanda Fem se ocupa de organizar círculos de lectura feministas, ha participado en intervenciones donde se denuncia el machismo de los grupos de estudiantes en Facebook; el acoso de profesores, organizan jornadas contra la despenalización del aborto, altares dedicados a las víctimas del feminicidio, paros, festivales, charlas con invitadas especiales y talleres informativos sobre aborto y sexualidad, entre muchas otras cosas. 

Para Emilia y Jackie, el ITESO hace muy poco por la violencia de género, y un ejemplo de esto es su Protocolo para la atención a la violencia de género, que tiene muchas lagunas y es poco realista, además de que la Comisión encargada de resolver  no ha sido apta para llevar los casos de denuncia. De ahí la convicción de Lavanda Fem de ser una herramienta para que las alumnas ya no tengan que preocuparse por el acoso de los profesores y de lograr que la universidad sea un espacio seguro para ellas. 

La primera vez que se involucraron directamente con la red #YoVoy8deMarzo como colectiva convocante y organizadora, fue este año. Aunque Emilia y Jackie coinciden en que el paro activo del 5 marzo del 2020, convocado por ellas y en donde participaron más de mil asistentes en actividades como talleres, pláticas, picnics, clases abiertas, fue un hito en la historia de Lavanda Fem y del ITESO. Ambas están de acuerdo en que hace 5 años nunca hubieran pensado que el auditorio Pedro Arrupe, el más grande del ITESO, se llenara con una charla sobre masculinidades.

En la colectiva participan alrededor de 18 mujeres de carreras como psicología, audiovisuales, relaciones internacionales, ingenierías, derecho y gestión cultural.

Emilia estudia psicología y Jackie artes audiovisuales, y para ellas el feminismo es la conciencia de las mujeres sobre las violencias que viven y que se organizan para erradicarlas. Es un estilo de vida que viven con mucha libertad.

 

 

3. Lo personal es político

Lau Cortés

Laura Cortés es colombiana, estudió sociología, letras, literatura, investigación educativa y estudios de género. Ha participado en la colectiva #CalleSinAcoso, fundada por Citlalli Murillo, además de colaborar en trabajos de investigación e incidencia sobre presupuestos con enfoque de género a nivel federal y local. Desde su punto de vista en Jalisco hay mucho potencial de organización y mucho trabajo de incidencia en los gobiernos estatales. Los meses previos a la marcha ya percibía mucha expectativa, dudas y emoción. El debate en redes era muy activo y sus alumnas le decían: hay que salir, esto no es normal, llévanos a la marcha. Mucha gente empezó a interesarse en el tema. Se creó un grupo en facebook en el que participaron muchas mujeres para debatir si debían ir hombres o no, la pertinencia del pañuelo verde, morado o celeste, temas como el aborto y más. En el grupo había tensión y expectativas acumuladas, dudas y emoción, pero también mucha rabia.

Aunque las organizadoras llegaron a la marcha un poco desgastadas, con cierto hartazgo, cansancio y desgaste generalizado por los interminables debates y las amenazas que recibieron. La marcha les dió mucha energía y les dejó la tarea de cómo involucrar a nuevas compañeras. Les quedó claro que el feminismo no se puede convertir en un club de amigas y que es importante articularse con otras mujeres, no solo entre colectivas.

Una de las dificultades para el activismo feminista es la idea de que tienes que conocer a alguien para participar. Esta marcha cambió un poco esa idea. Puedes ir con tus propias amigas y no tienes que pertenecer a un grupo o colectiva. No tiene que ser una cosa muy formal, con juntarte con tus amigas es suficiente y poderoso. Para Lau, la marcha dejó un germen de activismo feminista que trasladará a otras prácticas más cotidianas, como las relaciones amorosas o la amistad.

Pero aún más importante, para Lau desde hace tiempo la vida de las mujeres ha ido cambiando y eso potenció la participación del 8M. Ahora pueden sentarse con una amiga a platicar sobre su relación de pareja y eso es una gran acción feminista. De ahí la importancia de las redes micro personales, de convertir lo privado en político. Hay muchas redes de mujeres que se están tejiendo y que son muy eficaces para hablar sobre lo que les gusta. Ahora hay mayor capacidad de respuesta de las mujeres frente al acoso. Es posible hacer política en las relaciones de pareja, se pueden crear redes de acompañamiento para comunicarse y ser mejores aliadas. Ahora se cuestiona el trabajo doméstico y el rol del hombre en la casa. Es un germen morado en la vida de las mujeres que sirve para cuestionar todos los aspectos de la vida. Ahora las mujeres tienen en su vida personal y cotidiana reflexiones feministas.

 

 

Evelyn Herrera

El primer involucramiento de Evelyn Herrera con la red feminista #YoVoy8deMarzo, fue organizando la marcha del 2018 a la que asistieron unas 600 personas. Aunque nació en 2013, desde 2014 la red #YoVoy8deMarzo se encarga de la organización de la marcha del 8M. Se organizan a través de asambleas públicas, en un proceso plural, colectivo y horizontal. Las asambleas se realizan en un espacio público, en este caso el parque del refugio, y pueden sumarse mujeres de forma abierta. Este año el tema fue la violencia feminicida y la desapariciones de las mujeres. En las asambleas participaron entre 40-60 mujeres, un récord de asistencia. El trabajo se divide en comisiones que van desde temas como seguridad, primeros auxilios, trabajo, comunicación, logística, creativa, audiovisual e intervenciones, entre otras. 

La red trabaja todo el año y busca organizarse de manera continua. El año pasado trabajaron en su formación política mediante círculos de estudio entorno a los feminismos. Aunque Evelyn prefiere abandonar los espacios tradicionales, pues la reflexión dice, no le sirve tanto a una señora de Las Pintas, ni que a su mamá se le nombre feminista si su papá la violenta. Para Evelyn, si el feminismo no es popular no puede servir de mucho.

Años atrás el proceso habían sido dolorosos porque la organización había fragmentado colectivas por desacuerdos políticos de forma y modo. El proceso de organización dura de dos a tres meses, y las mujeres que componen la red dan su dinero y tiempo. Hay disensos y eso genera rupturas. Muchas colectivas deciden abandonar la organización. En las asambleas de retroalimentación de las últimas marchas fue muy doloroso porque tuvimos que aceptar que no habíamos logrado el acompañamiento que habíamos prometido a las familias de mujeres desaparecidas, debido a una falta de cuidado y por una reflexión efímera, una falsa empatía. Pero en 2020 decidimos que las familias iban a encabezar la movilización y que íbamos a acompañarlas. 

Mi hermana desapareció el primero de mayo de 2019 y todo el esfuerzo de la red que construimos me arropó. Me dijeron que me dedicara a dolerme. Nos tocó estar del otro lado. Nos ayudó a entender más a las familias de los desaparecidos. Entonces decidimos que el 8 de marzo iba a ser por los feminicidios, y por las y los desaparecidos.

 En la red pensaban que a la marcha iban a ser 10 mil personas, pero jamás imaginaron que serían más de 30 mil. Para Evelyn el gran factor que llevó a 35 mil personas a salir a marchar fue la impunidad. “Las desapariciones, los feminicidios, la violencia de género se han vuelto una práctica cotidiana. Despertarte todos los días y ver un titular sobre otra mujer desaparecida/asesinada genera rabia y hartazgo.” 

Después del 8 marzo, los mensajes de mujeres no dejaron de llegar para participar en la red. Ya planeábamos círculos feministas (“feminismos para mi mama”). Estábamos rompiendo las olas del feminismo y se cruzó la pandemia. El estado no necesitó la fuerza pública para desactivar la organización. Nos carcomen las ganas de estar en la calle. La pandemia nos ha enseñado la importancia de la colectividad. No se pueden inmovilizar los proyectos.

La apuesta de Evelyn por el feminismo es dotarse de herramientas para ayudar a otras mujeres en situaciones parecidas a la de su hermana que desapareció. “En algún momento logré ayudar a mi hermana y tener un acercamiento con ella una semana antes que desapareciera. Nos reconciliamos. Estuvo en mi casa unos días y por primera vez la veía convencida de abandonar esta vida llena de violencia. La veía muy motivada. Después me reproché que si el feminismo hubiera llegado a mi vida unos meses antes, mi acercamiento hubiera sido antes, y por ende no hubiera desaparecido. Yo siempre he sido muy clavada con la lucha, eso no es muy bueno porque te hace olvidarte de ti misma. Cada mujer que se planta frente a mi me hace pensar en mi hermana. A la colonia jodida en donde yo crecí (El Tapatío) ojalá hubiera llegado un grupo de morras feministas a hablarnos sobre violencia, el amor romántico y que habían otras opciones.”

El 30 de abril y en plena contingencia, el Colectivo Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco (Fundej) le pidió al Ayuntamiento de Guadalajara que retirara lonas de personas desaparecidas y las denuncias feministas colocadas durante la jornada del 8 de marzo en la glorieta de las y los desaparecidos. En respuesta, la familia de Nayeli realizó un acto para colgar de nuevo una imagen de su hermana y exigir su búsqueda. En un comunicado que leyeron expresaron que “se está usando esta situación excepcional de contingencia por COVID-19 para apaciguar la lucha y borrar del espacio público las acciones de búsqueda y presión al Gobierno que, tanto las familias de personas desaparecidas como el mismo movimiento feminista en la ciudad realizan”.

“Ninguna pandemia detendrá nuestra búsqueda”, decía una de las pancartas de la familia.

 

 

Mitzi Pineda

Mitzi es parte de la asamblea #YoVoy8deMarzo, productora independiente de podcast y productora asociada de Esto no es radio

Mitzi no se esperaba una marcha tan grande y durante la organización en la que partició, le impresionó ver a mujeres tan capaces y tan ocupadas dando tiempo para articular este movimiento. “Se aventaban jornadas triples porque trabajan, son mamás y además se daban un tiempo para ir a las asambleas para discutir nuestras diferencias ideológicas.” A Mitzi le llamó la atención que durante las asambleas de organización de la marcha se acercaron mujeres que nunca se habían visto apeladas por el movimiento y de un nivel socioeconómico más alto: “pedían que se les incluyera, pero que no se tocara la ideología pro vida”.  Mitzi piensa que el feminismo tiene peleas muy específicas que no va a dejar por la comodidad de nadie. “Llegan cuando se dan cuenta que también a las mujeres ricas las pueden asesinar, cuando se ven atacadas desde su privilegio pero no están dispuestas a dejarlo por el bienestar de otras mujeres.”

Mitzi se encargó del registro sonoro de la marcha, al llegar a la glorieta de las y los desaparecidos no paraba de llorar mientras grababa los pronunciamientos. “Soy parte de la generación que logró esto, es muy impactante y difícil. Me tomó dos días procesarlo. Las marchas no solucionan nada y menos cuando pedimos todo.”

Para Mitzi es difícil pensar que las cosas van a cambiar después de la marcha y el encierro no está ayudando: ¿cómo seguir presentes sin estar presentes en las calles?  Se nos está negando esta herramienta que habíamos encontrado que era la visibilidad.

“Lo más valioso de la marcha fue encontrarse con otras mujeres para tejer redes cuando sea necesario. No cambió la violencia machista, pero nos encontramos para protegernos ahora que no podemos estar en las calles y que se nos niega la memoria visible. No olvidemos que el feminismo no son marchas, ni pancartas, ni colores, es el trabajo de las mujeres organizadas para garantizar la seguridad de nosotras mismas. Siempre creemos entender muchas cosas pero hay que cuestionarnos. Se nos ha hecho creer que somos más valioso como individuos para poder separar la fuerza que tenemos comunitariamente.”

 

 

4. Una forma de estar en el mundo

Carmen Díaz

Carmen Díaz es profesora del Departamento de Formación Humana del ITESO y considera que algunas claves para entender lo que sucedió en 8M es que hay un trabajo muy fuerte de varios años atrás y muchas veces invisible, pero se trata de la experiencia acumulada de movilización y de la jornada de formación política de la red #YoVoy8deMarzo 

La participación de jóvenes se explica porque están más educadas en el feminismo, y tienen más posibilidades de encontrar y compartir información. Además, para Carmen el tema está mucho más legitimado, durante el tiempo que lleva dando dando clases de género, son cada vez más aceptadas las ideas de igualdad, justicia, y derechos de las mujeres, que promueve el feminismo.

Explica que hay una rabia acumulada al no haber cambios sustanciales en la vida de las mujeres que hace que las mujeres vayan a las calles y no crean que el testado está haciendo lo que le toca.  En el extremo es el feminicidio. pero hay otras violencias estructurales y culturales que sostienen esa violencia física, como el acoso, la humillación  o la discriminación. Las cosas están cambiando sustancialmente y eso quedó claro con el entusiasmo visto en esta marcha.

Después de la pandemia hay muchas conversaciones que se necesitan retomar y que son difíciles de continuar por internet. El confinamiento desinfla un poco, aunque este periodo de pausa obligada nos permite ver cosas que no eran tan evidentes como la organización del trabajo en casa,  la definición de los trabajos esenciales de cuidado de la vida, y las actividades a las que les damos mucho peso pero no son tan esenciales.

Es una oportunidad para ver lo que no está funcionando y repensar cómo podemos difundir alternativas que ya han sido pensado desde el pensamiento feminista como la economía feminista, la agroecología, la conciliación trabajo-familia o la división sexual del trabajo.

Hace veinte años no había colectivos en la universidad. Ahora es menos pesado hacer ese trabajo. Me encanta ver a las mujeres jóvenes agruparse. Me gusta que están bien informadas, que hagan un esfuerzo por tener las mejores respuestas. Son generaciones muy generosas y han logrado hacer llegar su mensaje a muchos espacios.

 

 

Mariana Espeleta

Mariana Espeleta es especialista en temas de género del Centro Interdisciplinario para la Formación y Vinculación Social en el ITESO. Para Mariana muchas mujeres jóvenes han descubierto el feminismo no sólo teórico sino también el de las resistencias en calle, sobre todo en este mundo globalizado en donde es fácil ver a mujeres que tienen una tradición de lucha y de calle muy bien implantadas, como las españolas o las argentinas. Ver esas mareas es muy inspiracional. Muchas mujeres jóvenes empiezan a tener una actitud más politizada. No solo poner en palabras experiencias vitales e indignarse por ellas, sino también la posibilidad de tomar las calles. 

Otro factor que influyó en la cantidad de personas que asistieron a la marcha son los casos mediáticos de extrema violencia que meses antes causaron una tremenda indignación en la opinión pública. También influye que hay mujeres organizadas que han hecho un gran trabajo de base con otros grupos organizados de mujeres. Colectivos que ya tienen experiencia, que proveen la logística y el modelo organizativo. No tienen estructura jerárquica ni permanente pero cada 8 de marzo se reúnen y se planea cómo se va a llevar a cabo la marcha.

Para Mariana el feminismo son una serie de teorías para interpretar la realidad de manera crítica y que busca evidenciar las relaciones de poder entre los sexos. El feminismo se informa de un accionar político que consista en que cuando tenemos todo este conocimiento, empezamos a exigir que las relaciones de poder entre sexos cambie. Es una forma de estar en el mundo (la conciencia feminista). Es una postura política, personal y teórica, en un triángulo que se interrelacionan.

El gran reto del feminismo es lograr un diálogo intergeneracional y de diferentes posturas. Fortalecer las bases para hacerlo permanente y coyuntural. Incorporar a otras clases de mujeres que no están en esta mundo globalizado. Mejorar herramientas organizativas y hacerlas más productivas.

 

 


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Luis Sánchez Barbosa

Periodista. Estudió derecho y política. Es fundador y director de Territorio.