El gobernador (in)cómodo

Enrique Alfaro apuesta por ser el contrapeso del poder central, aunque (siempre) sea un pésimo momento para Jalisco.

La oposición cómoda

Como terriblemente desgastante ha definido el gobernador Enrique Alfaro el conflicto con el presidente López Obrador durante el año y medio de gestión de su gobierno. “Desgasta mucho, es muy cansado y es verdaderamente penoso que en medio de una circunstancia como esta, estemos peleando contra el virus y contra el gobierno”. Durante una gran parte de su gestión ha buscado beneficiarse, por necesidad o conveniencia, de la construcción de un contrapeso al poder central, sin rendirle cuentas a nadie; y aunque hoy le rinde algunos frutos en el aumento de su popularidad, y en su apuesta por demostrar que el modelo que eligió para enfrentar la pandemia es el correcto, no siempre ha obtenido beneficios concretos ni para su gobierno ni para las personas que representa.

Aún antes de que asumiera sus responsabilidades públicas, el gobernador ya había decidido resolver su desacuerdos con el presidente en la arena pública nacional. El primero, a través del rechazo tajante de la participación en las mesas de seguridad del superdelegado Carlos Lomelí, una figura creada por el presidente para controlar programas sociales y políticas de seguridad, y que unos meses después renunció en medio de una investigación de la Función Pública por conflicto de interés y enriquecimiento ilícito. 

El segundo conflicto, que presentó acompañado frente al escenario teatral de la rotonda de los hombres ilustres, el gobernador acusó al gobierno federal de centralizar el Presupuesto hacia sus propios intereses, ignorando las necesidades locales. “No se contempla inversión federal para ninguno de los proyectos que, desde Jalisco, definimos como estratégicos”. 

En ambos casos el gobernador expresó que su principal preocupación era la posible vulneración de la soberanía, la constitución y el pacto federal. El reclamo era totalmente pertinente si no se tratara de un acto de populismo fiscal: de un gobierno como el de Jalisco que solo recauda 9 de cada 100 pesos de sus ingresos, altamente dependiente de las finanzas federales y que no termina de asumir el costo político de la recaudación. Además con un margen de acción política muy reducida, al contar con el 5% del control del Congreso federal.

Durante la crisis de desabasto de gasolina, a principios del 2019, el gobernador decidió abrir un nuevo frente de batalla con el gobierno federal por considerar que a Pemex le faltaba una explicación convincente sobre el problema de abasto de gasolina en Jalisco. Propuso un esquema de información más oportuno y la operación temporal del ducto de Salamanca. Acusó al gobierno federal de que Jalisco sufría las consecuencias de cambiar la distribución de la gasolina, y de no medir el impacto que esta medida tendría entre los ciudadanos. La verdad es que había poco por hacer. Además, el conflicto de actores políticos, en medio de una gran molestia cotidiana para las personas, y una interrupción de su realidad, terminó por minar su popularidad. La percepción general era la de un gobernador enojado, incapaz de resolver los problemas locales, y más interesado en explicar su conflicto con el presidente en medios nacionales que rendir cuentas a nivel local.

La calma de esta primera etapa del gobierno llegó a mediados de febrero del 2019, cuando el gobernador logró reunirse con López Obrador en Palacio Nacional, y al salir de la reunión, manifestó su satisfacción de los acuerdos concretados sobre la conclusión de la Línea 3, los planes para una la Línea 4 del Tren Ligero, y la presa “El Purgatorio” que abastecería de agua a la Zona Metropolitana de Guadalajara. Se trató de una concesión que no necesariamente fue resultado del conflicto en el que el gobernador se montó los primeros días de su gestión.

 

Los costos de la tregua 

Lo que siguió fue una tregua de nueve meses que no hizo más que resaltar los problemas y las necesidades locales, más allá de los conflictos nacionales. Estaba claro que los problemas de las personas no siempre coinciden con los problemas del gobernador. La inseguridad, el aumento en la percepción y el número de víctimas, los desencuentros con la prensa, el atraso en la implementación del programa de gobierno y que llamaron refundación, y ser uno de los gobernadores peor evaluados del país. 

El bajón de gran opositor nacional a gobernador local se expuso claramente en marzo de 2019, cuando la periodista Sonia Serrano y su equipo revelaron que Guillermo Romo Romero, empresario que fue captado junto al gobernador de Jalisco durante una gira laboral en un partido de basquetbol de los Lakers, en Los Ángeles, California, fue beneficiado con una millonaria licitación: “El contrato más importante en lo que va de la actual administración estatal” por 3 mil 634 millones de pesos para el “arrendamiento de maquinaria pesada, equipo y accesorios para la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural”.

El gobernador reaccionó a regañadientes en una entrevista banquetera a las revelaciones de Sonia Serrano: “cada quien su responsabilidad, nada más yo les digo una cosa, durante muchos años he hecho una carrera política y ningún periodiquito va a inventarme una historia de corrupción, despreocúpense no hay nada que esconder”.

La tregua con el gobierno federal terminó con el discurso del gobernador durante la inauguración en la Fil de Guadalajara, y que formaba parte de un posicionamiento frente al contenido del Presupuesto de ese año: “No podemos guardar silencio cuando se pretende imponer una idea monolítica de lo que significa lo nacional. El futuro se debe construir desde el respeto de quienes piensan distinto”. 

Así terminaba un año de conflicto que, como explica el periodista Diego Petersen, puede entenderse como: “Alfaro tiene una extraordinaria relación con los medios de la Ciudad de México que le piden opinión, no así con los medios de Jalisco que le piden cuentas. En la opinión es excelente: articulado, con sensibilidad política, y una forma de comunicar directa, (y) sin tapujos, que lo hace empático con quien lo lee o escucha. Por el contrario, para rendir cuentas no es malo, es pésimo: se enoja, confronta, descalifica, y lo peor, toma los asuntos de Gobierno de forma personal.”

 

La pandemia a modo

Unos meses antes de iniciar con las medidas de confinamiento, agrupados en el Plan Jalisco Covid-19, Enrique Alfaro junto con otros seis gobernadores de oposición rechazaron su adhesión al Insabi, el modelo sanitario y centralizado con el que el gobierno sustituyó el Seguro Popular, y que entraba en vigor el 2020. Alfaro pensaba reunirse con el presidente, cosa que no sucedió, para negociar las condiciones de un convenio de coordinación entre el gobierno estatal y federal, y además aprovechar para plantear la posibilidad de acceder a fondos federales para atender temas de salud y seguridad. La idea del convenio era no entregar los hospitales civiles a la federación, mantener infraestructura, presupuesto y personal, garantizando la gratuidad y el acceso universal, y asegurando el compromiso de sumarse al esquema de compras consolidadas para optimizar precios y evitar la corrupción en la compra de medicamentos.

A pesar de la consolidación del convenio, el gobierno de Jalisco volvió a mostrar discrepancias sin asumir responsabilidades recaudatorias, con el intento de centralización del gobierno federal. 

Al final el enfrentamiento abierto contra el Presidente en el largo plazo fue costoso para Alfaro, quien vio seriamente lesionada su popularidad. Para febrero del 2020 el desgaste del gobierno de Jalisco era evidente: en la encuesta de evaluación de gobernadores realizada por Consulta Mitofsky pasó de 31 por ciento de aprobación en enero a 28.6 en febrero. Según esta evaluación, el descenso no ha parado desde el inicio de la administración.

El Plan Jalisco Covid-19 se lanzó en ese contexto como una oportunidad del gobernador para anticiparse y convertirse una vez más en el gobierno a la sombra en el manejo de la pandemia. Aunque es muy pronto para especular, la apuesta ha dado algunos resultados en los niveles de contagios. La popularidad de Alfaro de febrero a marzo pasó de 28.6 a 35.4 puntos, aunque eso signifique estar en el lugar 17 de la tabla general.

 

Pésimo momento

El anuncio de que uno de los ejes de la estrategia es la aplicación masiva de pruebas (20 mil pruebas a un ritmo de 600 diarias) para detectar de manera oportuna a los portadores del virus y evitar su propagación, se vio interrumpido por el cuestionamiento de su viabilidad por parte del Subsecretario de Salud, y porque las órdenes de compra que ya habían sido aprobadas fueron canceladas por el laboratorio que era el proveedor. “Misteriosamente, los que nos habían dicho que las tenían, ya no las tienen”, tuvo que reconocer Alfaro.

En ese contexto, Enrique Alfaro acusó a Hugo López-Gatell, el encargado de la conducción y comunicación de la contingencia sanitaria, de incurrir en “traición a la Patria” al impedir la entrada de pruebas rápidas para la detección de los portadores del Covid-19, que según el gobernador lo hizo para cuidar la estadística: “porque no quiere que se midan, porque no quiere que los mexicanos veamos la dimensión del problema donde estamos parados”.

Al mismo tiempo y en la mañana, el presidente López Obrador llamaba a los gobernadores a respetar y seguir las recomendaciones de los especialistas del Comité de Salud Pública, y a no andar con “ocurrencias” ni “politiquerías” en el tema de la pandemia del coronavirus. En cambio Gatell dijo ante la pregunta expresa de un periodista: “Le mando saludos, estoy seguro que él quiere hacer bien por su estado y qué bueno que esté dedicado a su trabajo”.

Después del acuerdo para el uso de las pruebas, el gobernador aceptó en entrevista con el periódico Mural que hay diferencias entre cómo ha actuado su gobierno y el gobierno federal frente a la crisis. En su opinión, el presidente minimizó el tema y se tardó en responder. El desacuerdo también es con el manejo de la información, que en su opinión es irresponsable. Pero la gran diferencia, según Alfaro, son las pruebas masivas para identificar contagios, de ahí surgió lo que llama el distanciamiento más importante de su administración, y que todavía a un año y medio de administración, no es posible discernir realmente a quién ha beneficiado.


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Luis Sánchez Barbosa

Periodista. Estudió derecho y política. Es fundador y director de Territorio.