El trabajo doméstico y los seguros insuficientes

El avance y efectividad del programa piloto para las trabajadoras del hogar

Ana Emilia llevaba poco más de un año de “haberse salvado” de la COVID-19. Es diabética y se acerca a los 60 años por lo que su miedo a enfermarse era alto. 

El pasado mes de abril el miedo se hizo realidad y se contagió. Primero llegó el dolor de cuerpo y la temperatura, pero creyó que podría ser una infección. Ante los síntomas su hija insistió y la llevaron a una clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) donde le hicieron la prueba y días después le confirmaron el diagnóstico. 

Ana Emilia es empleada doméstica y cuenta con seguro social, pero nada de eso fue garantía para que tuviera una buena recuperación. 

“Yo prefería morirme en mi casa que tener que quedarme en la clínica”, dijo. Y es que, en cuestión de días el cuadro se complicó: las radiografías mostraban que sus pulmones estaban dañados y ya había desarrollado neumonía. De acuerdo con el diagnóstico de dos doctores, la mujer tenía que ser hospitalizada porque sus probabilidades de sobrevivir en casa eran bajas. 

Pero no quiso, con una visita a la clínica 46 del IMSS decidió que no se quedaría ahí. “Si no me moría de COVID, me iba a morir de tristeza”. Y es que, el poco tiempo que estuvo ahí vio pasar decenas de enfermos en camillas, enfermeras que no se daban abasto, familiares afuera esperando cualquier información. “Era un olor a muerte bien difícil de explicar”. 

Y así, a pesar de tener seguro social y los beneficios que ofrece el IMSS, no fue suficiente para recibir una atención médica digna. Entre apoyo de amigos y familiares y el esfuerzo de su hija consiguieron un concentrador de oxígeno, vitaminas y comida para que la mujer se pudiera recuperar. Más de un mes después, Ana Emilia logró sobrellevar la neumonía y ahora le quedan solo unas cuantas secuelas y mucha terapia pulmonar para volver a su vida normal. 

Entonces, ¿de qué le ha servido a las personas trabajadoras del hogar tener seguro social en esta pandemia? 

Las ventajas y lo que falta

En abril del 2019 entró en vigor el programa piloto para trabajadoras y trabajadores del hogar con el fin de agilizar su registro y recibir su afiliación al IMSS. 

Desde entonces y hasta febrero del 2021, la institución ha registrado 20 mil 266 personas trabajadoras del hogar inscritas en Jalisco. La cifra ha ido en aumento para casi la mayoría de los estados y Jalisco ocupa el cuarto lugar con más trabajadoras del hogar registradas después de la delegación sur de la CDMX, el lado oriente del Estado de México y la delegación norte de la CDMX. Aún así, dicha cifra es baja y representa solo poco más del 2% del total de personas trabajadoras del hogar en la entidad y a nivel nacional solo el 0.9% están afiliadas. 

“Es mejor que no tener nada pero llegó la hora de dejar de ponerle parches al sistema de seguridad social. Necesitamos en México un sistema universal de seguro social desligado de la situación laboral, es decir, que tú por ser mexicano o por vivir aquí, tengas garantía de seguridad social independientemente de tu situación laboral”, criticó el doctor David Foust, sociólogo e investigador del ITESO especialista en temas de políticas sociales y macroeconómicas. La intención es dejar de ver la seguridad social como un derecho para los trabajadores sino para todos los ciudadanos.

Foust, junto con un grupo de académicos del ITESO hicieron un análisis de las condiciones laborales de las personas trabajadoras del hogar en Jalisco durante la pandemia y encontraron que, además de la precarización y la violación de sus derechos, muchos y muchas ni siquiera identifican cuáles son esos derechos que tienen y que pueden defender. 

El estudio encuestó a 9 trabajadores y trabajadoras y registró que de marzo a noviembre del 2020, todos perdieron su empleo, aunque antes de terminar el año 8 de 9 lo recuperaron. También, antes de la pandemia el 44% no tenía acceso a servicios de salud y 2 de 9 perdieron esos servicios durante el confinamiento. 

Sobre sus derechos al terminar su empleo, 5 de 9 dijeron creer que no tienen derecho al finiquito, a pesar de que la Ley Federal del Trabajo estipula que sí les corresponde tras un despido. 

Uno de los hallazgos más relevantes para Foust fue que 7 de 9 trabajadoras consideran que no pueden negociar con sus patrones y ninguna de las personas trabajadoras del hogar encuestadas negoció su despido. “Yo lo que leo detrás de ese dato es que consideran que no tienen voz, como si no fuera opción negociar con los patrones, si les quieren decir que adiós pues adiós”. 

Dentro de esas desigualdades también entra la de género donde hay una brecha marcada en la que la mayoría de quienes hacen trabajo del hogar remunerado son mujeres. Según el INEGI, 9 de cada 10 mujeres mexicanas hacen las labores remuneradas del hogar y en Jalisco, 7 de cada 10 personas trabajadoras son mujeres. 

La discrepancia entre mujeres y hombres se mantiene desde que inició el programa piloto en abril del 2019, por ejemplo, en febrero del 2021 se registraron mil 177 mujeres trabajadoras del hogar afiliadas al IMSS y solo 400 hombres. 

Ana Emilia es parte de esa cifra que demuestra la violencia sistemática a la que se enfrentan las mujeres en México. Solo las mujeres en su casa trabajan, el resto de sus hijos no lo hacen o no comparten las ganancias con ellas. Y aunque su empleadora continúo con sus responsabilidades como pagarle su salario, a nivel nacional sólo 2.3%  de las trabajadoras tienen un contrato laboral y 87.7% no tiene prestaciones como seguro social, aguinaldo, vacaciones pagadas, entre otras. 

La clave, insistió Foust, es un seguro social universal que cubra desde los servicios de salud hasta el desempleo o la muerte para todos los ciudadanos sin importar su estatus laboral. 

“Claro que es caro, pero es más caro lo que estamos viviendo: contagios, muertes, crisis económica. No se puede tener todo”. 

Además, es responsabilidad del estado, de trabajadoras y trabajadores y de empleadoras y empleadores conocer y compartir los derechos laborales. 

“Puede ser que muchos patrones no sepan cuáles son los derechos de las trabajadoras del hogar, muchos consideran un empleo solo el que se da en una fábrica, una universidad, esto es como una “chambita”, se piensa que no hay una relación contractual”, criticó el académico del ITESO. Y aseguró que aunque no haya nada firmado, sí existe una relación contractual y todos los trabajadores tienen derechos. 

El cambio más significativo pero que conlleva más tiempo, agregó, es que el más rico deje de ver la desigualdad como algo bueno para medirse y presumir. “Los mexicanos no estamos peleados con la desigualdad e incluso a algunos les gusta distinguirse entre otros”. Urge repudiar la desigualdad y denunciar la violación de los derechos laborales. 


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Katia Diéguez

Katia Diéguez

Es periodista formada en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Jalisco. Desde su formación como estudiante y ahora como profesionista ha trabajado en diferentes medios locales como Más por Más, el Diario NTR, Territorio y Mural de Grupo Reforma. En este último trabajó como reportera de la sección local y realizó coberturas diarias y de investigación principalmente en temas de género, derechos humanos, infancia, diversidad sexual y educación. Además, ha complementado su educación con cursos y talleres de periodismo narrativo, de investigación, transparencia, género y derechos humanos.