En Jalisco, que se salven y reactiven los que puedan

Las políticas de reactivación no son para todos

Han pasado casi 4 meses desde que el gobernador de Jalisco Enrique Alfaro pidió permanecer en casa por al menos “cinco días” y en los que se advirtió que los índices de contagio podrían aumentar de manera exponencial, desde entonces el confinamiento se volvió una obligación permanente y la estabilidad económica de muchas familias en la ZMG ha cambiado de manera radical. 

Quédate en casa sin sueldo ni seguro

Son las 6 de la mañana, Ana lleva una hora levantada, pero apenas llegó al tianguis de Oblatos. Coloca una manta en el suelo y extiende en ella la ropa de segunda mano que vende. Lleva más de un mes sin poder instalarse debido a la epidemia por COVID-19. Más tarde llega una camioneta del Ayuntamiento de Guadalajara para repartir víveres a los comerciantes y brindarles un apoyo a aquellos que no han tenido ventas o no se han podido establecer, pero no fueron suficientes y Ana no alcanzó caja.

Ana y su mamá, María Luisa, son mujeres robustas y morenas, ambas tienen el cabello rizado y muy oscuro. Su madre tiene apenas 50 años y ella acaba de cumplir 22, desde hace ya tres años se han dedicado al comercio de diferentes productos en tianguis y mercados, pero desde la llegada del nuevo coronavirus, no tienen ingresos adicionales a la ropa de segunda mano que venden. Esa mañana se organizaron con otros comerciantes para instalar sus puestos y no retirarse a pesar del hostigamiento de la fuerza pública que han recibido desde que el Gobierno de Jalisco prohibió las aglomeraciones en espacios públicos.

Ana lleva más de un mes viviendo con un ingreso semanal de $250 pesos, su mamá tiene diabetes tipo 2 y no cuenta con ninguna afiliación a algún servicio médico para su tratamiento. Desde hace 3 años su hija es la cabeza de su familia, dejó la preparatoria y juntas se dedicaron al comercio en la colonia Obregón. Desde entonces han vendido alimentos, productos de cocina y ropa americana de segunda mano para poder estabilizar su economía.

El tianguis de Oblatos se instala cada martes y es conocido por la variedad de productos que se pueden encontrar: desde alimentos preparados, frutas y verduras, ropa americana y de segunda mano; telas, hilos, bordados; refacciones para todo tipo de aparatos y coches; productos de limpieza, medicamentos, cables, discos, etc. Puedes durar horas en el mercado caminando entre los olores de la manteca caliente que cocinan tostadas, antojitos o pescado frito; escuchar los éxitos del momento junto a las voces de los comerciantes que te invitan a pasar a ver sin compromiso; y ser parte de las conversaciones de los vecinos que se encuentran en los pasillos y se saludan con gusto al encontrarse.

 

Mercado de Oblatos. Foto: Fabricio Atilano.

 

Es un punto de encuentro, un espacio público que se levanta a las 3:30 de la tarde esperando que el bullicio vuelva a instalarse la próxima semana. Sin embargo, los vecinos de la zona ya no frecuentan el tianguis del martes con la regularidad que les distinguía, y ahora es una especie de esqueleto de puestos que en su mayoría sólo están montados sobre una sábana en el piso, exponiendo los productos y a los vendedores al calor y luz del sol. Ya se pueden distinguir sin esfuerzo las conversaciones de las personas y sentir que el espacio es aún más grande porque entre puesto y puesto hay una considerable distancia por aquellos que no pudieron instalarse. Algunos aún siguen y resisten a la ausencia del ruido común.

A unas cuadras de ahí, decenas de personas esperan afuera de la Clínica 110  a recibir información de sus familiares que ingresaron en días anteriores a las zonas especiales para la atención de pacientes infectados. Dicha clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) es una de las 14 en Jalisco destinadas a atender a las y los derechohabientes del IMSS enfermos por COVID-19. Las calles aledañas al hospital tienen menos peatones de lo normal, no están todos los puestos de comida que se acostumbraban y que son el sustento de muchas familias. 

Ana sabe que salir a vender cerca de los hospitales implica un doble riesgo para ella o su mamá de contraer el virus y no contar con un servicio médico para poder ser atendidas, pero ella también sabe que si no es el COVID-19, será el hambre. Esta no es la primera vez que María Luisa, su mamá, es desplaza de sus espacios de trabajo. En 2015 Enrique Alfaro era el candidato a Movimiento Ciudadano para la presidencia municipal de Guadalajara y en una de sus visitas de campaña prometió a los comerciantes de Obregón mejores condiciones. La mamá de Ana recuerda que todos le dieron su voto a Alfaro, pero las cosas no fueron como lo prometió.

No fue el presidente municipal electo, Enrique Alfaro el que volvió, sino inspectores y agentes del municipio que obligaron a todos los que no tenían un permiso de venta a mover sus puestos. Ana y María Luisa no tenían los permisos para vender en las calles de Obregón así que se instalaron en los tianguis a partir de ese momento. Eso desarrolló en María Luisa una enfermedad que aún no ha podido tratar, la depresión. Hasta el día de hoy madre e hija enfrentan el pánico colectivo por el coronavirus, ser desplazadas de sus espacios de comercio y no saber cómo vender su mercancía, qué comer y cómo pagar los medicamentos.

 

Angela y Esther

Ángela y Esther son dos jóvenes de 24 y 16 años que también tuvieron que desplazarse y buscar otros giros en los productos que vendían en distintos tianguis de la ciudad, ya que se vieron afectadas por falta de asistencia ya que sólo se les permitía la venta de productos esenciales como alimentos. Ellas y su familia administraban 6 puestos de maquillaje, pero con la llegada de la COVID-19 invirtieron sus ahorros en galletas y cereales para que las autoridades municipales les dejaran vender. De tener 6 puntos de venta de maquillaje pasaron a sólo dos puestos de galletas en los lugares que sí les han permitido, entre ellos, el tianguis del martes en Oblatos.

Con la instalación de sólo dos puestos de galletas y la inversión de sus ahorros, la economía se su familia se ve seriamente afectada, debido a que la cabeza del negocio, que es su madre, ha dejado de salir a trabajar, además que sus hijos y hermanos de Esther Ángela mantenían a sus familias con los ingresos de los puestos de maquillaje. La familia completa ha vivido por años del comercio y no cuentan con servicios médicos o un seguro en caso de contraer el virus. Salir a vender es la forma de ganarse la vida y al mismo tiempo, ponerse en riesgo.

 

Mercado de Oblatos. Foto: Fabricio Atilano.

 

Irregularidades a domicilio

Según el Mapa de Casos de COVID-19 en Jalisco, las zonas más afectadas por el virus en Guadalajara se encuentran cerca de los hospitales que atienden a pacientes diagnosticados con COVID-19. Los barrios aledaños a estos hospitales se encuentran en un “riesgo alto”, sin embargo, no se han tomado consideraciones para evitar que las y los vecinos de las zonas eviten salir de casa o que los negocios tomen medidas de alta seguridad sanitaria. Además, son barrios con espacios públicos como parques, jardines, canchas, hospitales y centros de comercio.

 

Mapa de casos activos cerca de la clínica 110
Mapa de casos activos cerca del Centro Médico.

 

Fernando, un joven de 23 años que vive en el barrio La Perla en Guadalajara, muy cerca del centro médico, sale todas las mañanas a trabajar desde Uber Eats, una aplicación de comida a domicilio. Desde que se declaró la cuarentena obligatoria en la ZMG, él se traslada todos los días en su moto a colonias como Providencia, La Americana y Chapalita donde recibe pedidos para entregar a diferentes domicilios en las mismas zonas para personas que pueden quedarse en casa y evitar contraer el virus. Sin embargo, él sí está en constante contacto con gente, espacios aglomerados e intercambio de dinero.

El joven conoce las medidas de prevención básicas como usar cubrebocas, mantener una distancia de más de un metro entre personas, usar gel antibacterial y procurar lavar sus manos con frecuencia. Además, Uber Eats recomienda la desinfección del vehículo en el que se transporta y Fernando procura pasar trapos con cloro al manubrio de su moto con frecuencia. Sin embargo, la plataforma no brinda ningún tipo de seguro en caso de que sus “socios” adquieran el virus mientras trabajan. La empresa estadounidense sólo proporciona una especie de reembolso de alrededor de $150 pesos para la compra de productos de sanitización.

En marzo Fernando perdió un empleo con el que podía cotizar en Infonavit o darse de alta en el IMSS. Como él, cientos de personas utilizan las plataformas de entrega de comida para solventar sus gastos básicos y mantener familias completas, corriendo el riesgo de sufrir un accidente o contraer COVID-19 sin un seguro médico que lo respalde.

 

Repartidor de Uber Eats. Foto: Fabricio Atilano.

 

Desde que inició la “cuarentena” en Jalisco, los repartidores de las plataformas de servicios a domicilio se manifestaron en Casa Jalisco para solicitar ser tomados en cuenta para los apoyos económicos que se destinarán a los negocios y trabajadores no formales. El pasado 27 de mayo, un repartidor de DIDI Food falleció después de ser atropellado en Iztacalco, Ciudad de México. Este hecho llevó a una manifestación de repartidores de diferentes plataformas para exigir al Estado la creación de derechos laborales para este tipo de empleos no regulados en México y administrados por empresas trasnacionales.

Ana, Maria Luisa, Ángela, Esther y Fernando son sólo una pequeña muestra de una crisis económica que ha afectado a miles de personas quienes, al dedicarse a empleos no formales, no cuentan con garantías como seguro social o un sueldo base para poder “quedarse en casa”. A partir del 20 de junio se activaron las economías en el estado, pero siguen sin existir consideraciones para estas otras realidades de la economía no regulada en Jalisco.


En Territorio buscamos involucrar a nuestros lectores en el fortalecimiento del trabajo periodístico que realizamos. Por eso necesitamos de su apoyo para producir información con utilidad, permanencia, calidad y rentabilidad. Este trabajo es posible gracias a tu contribución. Si quieres apoyar a Territorio, lo puedes hacer desde acá.

#TerritorioBienPúblico