La criminalización femenina

Los abortos bajan y las mujeres denunciadas aumentan

Es viernes por la tarde, debajo de tu lengua están las pastillas que provocarán el aborto; en el otro cuarto tus papás ven la televisión; tu primo, el que es tu agresor y también vive en tu casa toca a la puerta. No sabes en dónde o cómo esconderte, tienes miedo y culpa de que te juzguen. 

Para muchas mujeres así luce un aborto, sobre todo en tiempos de pandemia. Para algunas es esconderse porque en casa ni siquiera saben que están embarazadas; para otras es hacerlo a escondidas de su agresor con el que viven; algunas no tienen baño o cuarto propio y otras más prefieren un aborto casero en lugar de arriesgarse a ser criminalizadas en una clínica u hospital. 

La pandemia causada por el coronavirus ha reducido las opciones para las mujeres jaliscienses que quieren abortar. En la entidad, la interrupción legal del embarazo (ILE) solo aplica para quienes han sufrido una violación o para menores de 14 años. Para las demás, las opciones son viajar a la Ciudad de México o a Oaxaca, o practicar un aborto casero. 

De enero a junio de este año se realizaron 20 interrupciones legales del embarazo a mujeres jaliscienses en alguna clínica pública de la Ciudad de México, una disminución del 42% de ILE en comparación con el mismo periodo de tiempo el año pasado. Desde el 2016 que no se registraban esos números e incluso en abril del 2020 no se atendió a ninguna mujer de Jalisco. 

En las clínicas privadas de la capital del país como la Fundación Naiset, PROFEM o Marie Stopes registraron una disminución de hasta un 50% de pacientes jaliscienses. Durante los meses de cuarentena las mujeres llegaban con embarazos más avanzados y otras desistían por el cierre de algunas clínicas y la prohibición de entrar con acompañantes. 

“Hemos notado que sí ha incrementado el número de embarazos y (las mujeres) se están esperando todas las semanas posibles antes de abortar”, explicó Luisa García, directora de la clínica Profem en donde, durante la cuarentena, también aumentaron 50% las llamadas para pedir información. 

 

Durante la pandemia, cuando muchas mujeres fueron forzadas a convivir con su agresor, bajaron las posibilidades para abortar, pero subieron las denuncias y la persecución en su contra. 

Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad (SESNS), de enero a junio se abrieron 10 carpetas por el delito de aborto en Jalisco; la cifra se duplicó en relación con el año pasado. 

Por su parte, las colectivas y mujeres que acompañan abortos caseros en Jalisco han registrado un aumento considerable en la solicitud de mujeres que les piden ayuda. 

La red jalisciense Me acompañan mis amigas, que forma parte de la colectiva Me cuidan mis amigas GDL se creó en abril a raíz de la cantidad de ayuda que pedían las mujeres. Desde entonces y hasta la fecha, reciben entre 1 y 2 solicitudes de acompañamiento para un aborto casero. Es decir que mínimo, la red ha acompañado a 183 mujeres a hacer un aborto en casa, pero la cifra puede llegar hasta 366. 

En contraste, la Secretaría de Salud Jalisco registra solo 5 servicios de interrupción voluntaria del embarazo en lo que va del año. En 2 de esos casos fueron mujeres menores de edad de 16 años atendidas en el Hospital General de Occidente. Y otras dos fueron casos al interior del estado en Puerto Vallarta y Tepatitlán. 

En Jalisco las mujeres se quedaron sin opciones este año para viajar y abortar de manera segura, pero la persecución en su contra sigue en aumento. 

La importancia en las redes de apoyo

En México, solo existen dos estados donde el aborto es legal para cualquier mujer, en el resto de las entidades pueden ser denunciadas y encarceladas por ello y en Jalisco se castiga con cuatro meses hasta dos años de prisión. 

Sin embargo, en muchas ciudades existen colectivas de mujeres que apoyan a otras, que las acompañan y que las escuchan durante el proceso de un aborto casero. La intención es ofrecer información con base en los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud para que el aborto casero sea lo más seguro posible, pero sobre todo para que las mujeres no se sientan solas. 

Frida y Fernanda son dos mujeres jóvenes que forman parte de la red Me acompañan mis amigas en Jalisco. Son un grupo que, aunque no conozcan a la mujer que va a abortar, la apoyan y la escuchan como lo haría una amiga. 

Ellas acompañan abortos caseros principalmente a mujeres en Jalisco a través de mensajes o llamadas telefónicas y las guían desde la primera toma hasta la última cita con el médico. No cobran, no descansan en días festivos o fines de semana, pero sobre todo, no dejan a las mujeres solas. 

Casi todas las mujeres a las que han acompañado han llevado su embarazo en secreto y el proceso de aborto también es así. Otras mujeres llegan a ellas con poca información sobre el procedimiento, algunas confían en tés o remedios caseros para abortar y que pueden poner en riesgo su salud. Pero principalmente, varias deciden abortar en un contexto de violencia que no quieren aceptar como que su pareja o su familia las violenta. 

“Hay chicas que se sienten muy culpables, a otras les cuesta trabajo darse cuenta que están en una relación violenta, que en realidad quedaron embarazadas por una violación y no por tener sexo con su novio. Hay chicas que nos dicen que abortaron hace dos meses pero el novio no quiere usar condón y tienen que volverlo a hacer”. 

Otra red de apoyo es Necesito abortar, una casa de acompañamiento en Monterrey, Nuevo León donde Sandra Cardona junto con otras voluntarias reciben a mujeres de diferentes contextos durante su aborto. 

Además de un espacio limpio, privado y seguro, la red les ofrece información científica, legal y sirve como un espacio de contención emocional, algo que muchas de ellas nunca han tenido. 

Durante todo el proceso de aborto, Sandra y su equipo las apapachan con todas sus peticiones: incienso, pasteles, películas. O a veces, sin que ellas sepan que lo necesitan, las acompañantes escuchan con atención sus problemas y la violencia que han vivido y que las llevó a un embarazo no deseado. 

“Nosotras tenemos una manera de acompañar donde el centro es la mujer, yo siempre digo que es un acompañamiento muy amoroso, tratamos de que ellas se sientan lo mejor posible. No tienen por qué vivir el aborto a una manera de castigo sino consentirse, estar tranquilas”. 

Y aunque han atendido muchos casos desde el 2016 cuando iniciaron, para Sandra es claro que ninguna mujer aborta por placer, pero cada una tiene un contexto diferente que la lleva a tomar esa decisión. Ya sea una niña de 15 años que fue abusada sexualmente por su primo, una mujer que vive violencia sistemática de su familia y pareja, o una feminista con un esposo enferma, todas, asegura, deben tener la opción. 

“El aborto en la vida de una mujer a veces es una decisión difícil. Algunas dicen que sienten que (después de abortar) se quitaron un peso de encima y no es que se quitaron un peso, es que pudieron sentirse libres de tomar una decisión”.

 

Caso de víctima de 15 años que se practicó un aborto.
Caso de mujer y esposo con cáncer que se practicó un aborto.

 

¿Y quienes abortan? 

El aborto no es una decisión de mujeres de ciertos contextos o con ciertos perfiles. Abortar es una decisión que toman las mujeres católicas, agnósticas, con doctorado, con hijos, solteras, divorciadas, funcionarias públicas y niñas. 

En la red Me acompañan mis amigas todos los días reciben casos de mujeres con perfiles diferentes. Según lo que recuerdan Frida y Fernanda han recibido a mujeres que eran provida hasta que tuvieron la necesidad de abortar. También, acompañan a estudiantes, madres solteras o mujeres indígenas. Pero la mayoría, aseguran, son católicas. 

En ocasiones los grupos en contra del aborto son también grupos religiosos que hacen creer que las que abortan son mujeres que no creen en dios o que no tienen educación. 

Pero los datos revelan que la edad, las creencias o el nivel educativo no determinan un aborto. Por ejemplo, el 50% de las mujeres jaliscienses atendidas en la Ciudad de México este año son católicas. Las edades oscilan entre los 19 y los 38 años, y el 35% de ellas ya habían tenido al menos un parto. Registraron un caso de una mujer que tuvo 3 partos y que solicitó una ILE, ella tiene 38 años, es católica, estudió la licenciatura y está casada. 

Aún así, la mayoría de quienes acudieron a una clínica legal en la capital del país este año eran procedentes de la Zona Metropolitana de Guadalajara y solo una del municipio de Ameca. Las mujeres en las localidades más pobres siguen siendo las que menos recursos y opciones tienen. 

Para activistas como Frida y Fernanda, la legalización del aborto no hará que disminuyan los casos, pero si procurará que menos mujeres se hagan daño, sean perseguidas por la autoridad o incluso mueran por un embarazo no deseado. 

“Si el aborto fuera legal la experiencia sería muy diferente. Hay chicas que no tienen el privilegio de tener un cuarto o acceso a un baño propio y si existiera un lugar donde pudieras hacerlo la experiencia sería diferente, quitas el factor del miedo a la criminalización, de que pedir ayuda significa ir a la cárcel”. 

Hasta que eso suceda, las redes, las colectivas y las amigas estarán ahí para acompañarlas. 

 


En Territorio buscamos involucrar a nuestros lectores en el fortalecimiento del trabajo periodístico que realizamos. Por eso necesitamos de su apoyo para producir información con utilidad, permanencia, calidad y rentabilidad. Este trabajo es posible gracias a tu contribución. Si quieres apoyar a Territorio, lo puedes hacer donando desde acá, comprando algunos de nuestros productos en la tienda o asistiendo a alguno de nuestros cursos.

#TerritorioBienPúblico

Katia Diéguez

Katia Diéguez

Es periodista formada en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Jalisco. Desde su formación como estudiante y ahora como profesionista ha trabajado en diferentes medios locales como Más por Más, el Diario NTR, Territorio y Mural de Grupo Reforma. En este último trabajó como reportera de la sección local y realizó coberturas diarias y de investigación principalmente en temas de género, derechos humanos, infancia, diversidad sexual y educación. Además, ha complementado su educación con cursos y talleres de periodismo narrativo, de investigación, transparencia, género y derechos humanos.