La crisis climática que azota a Jalisco

Escasez de agua, incendios y una pandemia mundial

Desde el jueves pasado la ciudad se llenó de ceniza. O bueno, por lo menos una parte cercana al Bosque de la Primavera vio caer la tizna y se inundó de humo y el olor a quemado por el incendio que duró 77 horas y que arrasó con al menos 4 mil 500 hectáreas del área natural protegida. 

Durante 4 días, más de 500 brigadistas trabajaron en el paraje Las Canoas frente a  cinco puntos que fueron apagando conforme pasaron las horas. El fuego se logró controlar el domingo pero dejó, como sucede algunas veces después de los incendios, muchas dudas sobre qué se pudo hacer mejor y cómo se pudo haber prevenido. 

Y aunque el gobierno del estado pareció estar presente al menos en redes sociales con un video del gobernador Enrique Alfaro narrando lo que sucedía y con imágenes en el helicóptero, aún así las autoridades fueron criticadas en medios de comunicación y en redes sociales por no ofrecer información oportuna, sobre todo del tamaño del área dañada y del costo que representó apagar un incendio de esa magnitud. 

Ahora, en el recuento de los daños, los especialistas han comparado el incendio con el que sucedió en abril del 2012 cuando se quemó el 10% del bosque, es decir, 3 mil 300 hectáreas, a causa de la quema de basura ilegal. 

Y es que, de acuerdo con la organización civil Anillo Primavera quienes vigilan y cuidan del bosque, en realidad no fueron 4 mil 500 hectáreas quemadas como dijeron las autoridades, sino entre 6 mil y 7 mil de acuerdo con datos del satélite Sentinel, un programa respaldado por la agencia espacial europea, desde donde se puede observar la superficie dañada. 

Con dicho dato de los académicos y activistas de Anillo Primavera, resalta que en comparación con el 2020, con corte al 30 de abril, este año se quemaron más hectáreas que el año pasado. De enero a abril del 2020, la Secretaría de Medioambiente y Desarrollo Territorial (Semadet) registró 5 mil 639 hectáreas de superficie afectada. 

¿Qué muestra este incendio sobre el cambio climático, el manejo de las autoridades y la actitud de quienes viven en la zona metropolitana? 

El cambio climático que pareciera un mito

Desde hace al menos una década, los medios y los especialistas nos han bombardeado con prevenciones por el cambio climático y sus consecuencias que ya son latentes. Nada más claro que una crisis sanitaria mundial. 

Y los incendios son también una bandera roja ante la crisis que vive el medioambiente. Esa fue justo parte de la respuesta de Sergio Graf, titular de la Semadet, al ser cuestionado por las causas del incendio en el bosque. “Sí coincide una parte con lo que se quemó en el 2012. Este año tenemos peores condiciones climáticas que el 2012”, comentó ante los medios. 

Y si, los incendios son una causa y también una consecuencia del cambio climático. De acuerdo con Sandra Valdés, coordinadora de Anillo Primavera, tras un incendio con esta magnitud vendrán las consecuencias para los habitantes. Cuando un regulador natural tan importante como el Bosque de la Primavera pierde su vegetación, por ende pierde su fauna y todos los beneficios de ambas. 

“Está demostrado que la primavera es un regulador climático para la ciudad y el estado del ecosistema es directamente proporcional a la calidad de vida que tenemos”. La explicación de Valdés es que después de un incendio todo se revierte: si antes el bosque mejoraba la calidad del aire o la temperatura, ahora se respirará peor y la ciudad será más calurosa.

Además, de acuerdo con una investigación de Mural, cada 5 o 7 años se ha registrado un incendio de las magnitudes del que se vivió la semana pasada cuando deberían de suceder cada 35 años por la naturaleza del bosque y el tipo de flora. 

Sin embargo, la crisis climática no puede ser una excusa para dejar pasar incendios, ni la falta de agua en la ciudad ni ciudadanos enfermos de coronavirus, ni cualquier otro reto que se presente. 

“El cambio climático definitivamente tiene que ver, sin embargo no es una justificación sino que debería de ser prevención. Si ya sabemos que estamos ante un escenario de cambio climático entonces nuestras herramientas de prevención las tenemos que elevar, hacerlas más fuertes y eficientes”, insistió Valdés. 

Lo que hace -o no- el gobierno para proteger al bosque

El 6 de marzo de 1980, se declararon como área natural protegida las 30 mil 500 hectáreas del bosque La Primavera. Declarar un área como protegida permite que se le reconozca su importancia, pero también que se regule para garantizar su protección. 

Y son esas regulaciones las que los académicos han pedido que se revisen, se actualicen y se cumplan. Tan solo el programa de manejo del bosque La Primavera tiene 20 años de retraso. “Se duplicó la ciudad y el bosque no ha duplicado su programa de manejo”, criticó la especialista. 

Durante años, los integrantes de Anillo Primavera han pedido que se haga un proyecto integral que incluya la prevención de incendios, la protección de la flora y la fauna y el manejo de las actividades y los visitantes. 

“He visto cómo se incendia un bosque pero nunca un plan de recuperación para las zonas incendiadas. Es más barato un buen proyecto de prevención y restauración de las zonas que ya están incendiadas”. 

De acuerdo con Valdés, una primera acción es regular la cantidad de personas que entran al bosque en temporada de estiaje que es cuando más calor hace y más riesgos hay de incendios, pero también es cuando más visitantes llegan por la temporada de vacaciones de semana santa y pascua. Alrededor de 40 mil personas van al bosque en los tres días santos y no hay regulación, ni registro, ni control.

Otra intervención que urge es la regulación de la zona de amortiguamiento en el perímetro inmediato del bosque. El bosque no es solo su área natural protegida sino los corredores a su alrededor que permiten el paso de animales y protege al ecosistema de la ciudad. 

Urge que se regulen los planes de ordenamiento, los planes parciales y los permisos de uso de suelo para garantizar dicha zona de amortiguamiento y evitar asentamientos irregulares. 

Un ejemplo es que el fuego de la semana pasada se inició en los límites entre el área conurbada y el bosque en las colonias Brisas de La Primavera y Lomas de La Primavera, dos asentamientos irregulares. 

Además, es también necesario que se regulen las presiones inmobiliarias que amenazan los alrededores del bosque como Santa Anita Hills, un proyecto que pretende urbanizar 15.9 hectáreas en el cerro del Tajo en Tlajomulco de Zúñiga. 

La obra está detenida desde hace seis años gracias a activistas del bosque de la Primavera quienes han interpuesto amparos, el más reciente ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) por el riesgo ecológico y arquitectónico. 

La construcción del desarrollo inmobiliario representa riesgo de derrumbes en casas y escuelas, erosiones, sismos y precipitaciones, de acuerdo con un estudio de impacto ambiental y de riesgo que hizo la empresa GEA Sostenible.

¿Y las personas cuidan de los bosques? 

Otro punto importante para atender la crisis climática es la responsabilidad de los ciudadanos y la educación sobre cómo cuidar el bosque y por qué. 

Si bien, las redes sociales y el alcance de la información ha permitido que cada vez más personas sepan sobre el bosque (en el 2012, 7 de cada 10 personas de la Zona Metropolitana de Guadalajara no sabían dónde estaba La Primavera, de acuerdo con Anillo Primavera), sobre su cuidado y la importancia que tiene en la ciudad, aún falta mucho para entender el impacto que tienen las visitas y las acciones de los ciudadanos en las áreas boscosas. 

La primera recomendación es entender que el bosque no es un lugar de recreación y que su visita conlleva responsabilidades. Es decir, desde lo básico como no tirar basura ni colillas de cigarro, hasta entender que el ciclismo y la construcción afectan no solo a los árboles y demás flora, sino a los animales que son esenciales para el ecosistema. 

“Si me voy a correr voy a un lugar donde no haga daño, en el bosque no. El simple olor de las personas hace que los animales dejen de pasar ahí”, explicó Valdés. 

Dentro de los planes integrales del área natural protegida, también se recomienda que se incluyan planes educativos para todos los niveles donde se comprenda la razón por la cual el bosque es un “pulmón”, para la ciudad. Explicar cómo es que regula la temperatura y la importancia del trabajo de la captación del dióxido de carbono que hacen estos espacios verdes tan grandes. 

“Guadalajara tiene la gran oportunidad de ser una ciudad muy diversa por toda la fauna y flora, sin embargo, no sabemos cómo cuidar esta diversidad. Si protegemos sus corredores biológicos vamos a seguir teniendo Primavera para muchos años”, recalcó la especialista y académica del ITESO. 

Después de las llamas, la recomendación de los activistas es no ir al bosque y no reforestar. Es necesario dejar que el ecosistema sane por sí solo y durante unas semanas no alterarlo. Lo mejor es apoyar a organizaciones que protegen al bosque desde sus corredores biológicos con donativos o voluntariado y compartir su trabajo para estar al pendiente de su trabajo en zonas estratégicas a largo plazo. 

Algunos sitios son la fundación Selva Negra quienes tienen un proyecto de rescate de uno de los corredores biológicos, o el Bosque Escuela del ITESO. 


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Katia Diéguez

Katia Diéguez

Es periodista formada en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Jalisco. Desde su formación como estudiante y ahora como profesionista ha trabajado en diferentes medios locales como Más por Más, el Diario NTR, Territorio y Mural de Grupo Reforma. En este último trabajó como reportera de la sección local y realizó coberturas diarias y de investigación principalmente en temas de género, derechos humanos, infancia, diversidad sexual y educación. Además, ha complementado su educación con cursos y talleres de periodismo narrativo, de investigación, transparencia, género y derechos humanos.