La escuela, los juegos, su infancia: los derechos violentados de la niñez

Los niños en pandemia

“Tenemos que usar cubrebocas por el bicho”. 

Helena, una niña de cuatro años, no entiende muy bien qué es el coronavirus, ni lo que significa la palabra pandemia, una que incluso le cuesta trabajo pronunciar. Pero sí sabe que desde que empezaron las clases a distancia extraña a sus maestras, disfruta la escuela en casa porque pasa tiempo con sus papás, pero también le gustaba salir al parque a jugar y sobre todo, salir sin cubrebocas. 

Lo mismo pasa con Leonora quien extraña su escuela, sus maestros, el recreo, viajar a la playa y hasta ir al Oxxo. Para la niña de cinco años, el coronavirus es solo un bicho que te hace sentir mal. 

Lo mismo para Diego quien tiene la misma edad y no entiende qué es una pandemia pero sabe que el coronavirus “es una bola que tiene muchas patas que enferma a las personas”. Y esa bola es la causante de que no pueda ver a sus amigos ni a sus maestras. 

Para los niños y niñas de Jalisco, el coronavirus es algo extraño que no hace mucho sentido pero que ha sido la causa de que no puedan salir, de que no puedan ir a la escuela e incluso de que tengan que hacer labores que no les corresponden. 

Y aunque en ocasiones la rapidez de la vida adulta y las responsabilidades hacen que se invisibilice a la niñez, ellos también han percibido los cambios y han sufrido el encierro, los límites y las decisiones de quienes los rodean en un mundo adultocentrista. 

¿Cómo han vivido la pandemia algunos niños y niñas y qué pérdidas han tenido a causa de la crisis sanitaria?

 

Escuela

Lo que todos en el estado nos enteramos fue que en marzo pararon de pronto las clases. Incluso, el discurso oficial fue que Jalisco pararía antes que el resto del país a manera de “responsabilidad” y “cuidado” ante la pandemia. 

Supimos que los estudiantes se fueron a casa y en cuestión de semanas sus profesores se organizaron para darles clases vía remota a través de internet, o del celular de sus padres, o de grupos de Whatsapp o Facebook o incluso llevándoles las copias de los trabajos a las escuelas o a sus casas dependiendo de sus recursos. 

Pero de lo que no se habló tanto fue de cómo afectó esto a los estudiantes. Cómo los niños de preescolar de pronto se quedaron sin sus compañeros para compartir, para aprender, para seguir estructurando su pensamiento a través de lo que ven. 

Cómo los niños de educación básica tuvieron que recurrir a sus padres para que les explicaran las tareas o algunos incluso tuvieron que acostumbrarse a ver la televisión para aprender algunas cosas. 

Y también, cómo los jóvenes de preparatoria o universidad se graduaron vía remota, o de plano tuvieron que dejar las clases ante la crisis económica o la falta de herramientas para continuar. 

“Muchos niños ya necesitan volver a clases. Además, han sido los últimos que se han tomado en cuenta, hay bares abiertos, antros, eventos de más de 300 personas y hay parques que siguen cerrados, ¿cómo puede ser posible?”, criticó María José Francés, directora y fundadora de Nido Komapi, una escuela privada para niños y niñas hasta los tres años.

Y es que, en cualquier entorno, el paro, la cuarentena ha sido difícil para la niñez. Desde dejar de ver a sus amigos, hasta hacerse responsables de cosas que no les tocan. Aunque claro, hay realidades aún más difíciles. 

De acuerdo con la profesora Erandy Calderón, sus alumnos se han enfrentado a dificultades que ya estaban ahí pero que la escuela había sido una especie de contención, de espacio seguro para alejarlos de la violencia o el abandono. 

La maestra de quinto grado ha acompañado a un alumno quien ante la falta de trabajo de sus padres, ahora va con ellos a los mercados para cargar bultos. En lugar de aprender en su salón o de jugar en el recreo, el niño de 10 años empezó a trabajar para que la familia salga adelante. 

Lo mismo con los y las menores que cuidan a sus hermanitos mientras los padres trabajan. O los padres con adicciones donde antes, prepandemia, las abuelitas los cuidaban o tenía pretextos para alejarlos de ellos, pero ahora se han quedado atorados en casa. 

De acuerdo con la profesora de la escuela primaria urbana 162, lo que más les afecta a los niños es perderse las clases, incluso a pesar de ser a distancia, por tener que cumplir con otras responsabilidades que no les tocan. “A algunos los veo tristes, decaídos y no queda de otra más que darles las palabras de aliento, enaltecer su trabajo”. 

Además de los aprendizajes académicos, hay otras características importantes de la educación que se están perdiendo y que podrían afectar a su desarrollo. Cosas como la socialización entre pares, el sentirse en un lugar seguro para externar sus preocupaciones que tal vez no pueden decir en casa, resolver conflictos, regular sus emociones son algunas claves que suceden en las aulas a cualquier edad. 

De acuerdo con la experiencia de la directora de Komapi, quienes regresaron a clases en septiembre con grupos “burbuja” y muy reducidos, el discurso de los niños ha cambiado. Se nota en sus juegos, en sus dibujos y en sus pláticas que conocen sobre el coronavirus y aunque la mayoría no lo ve como algo triste, sí es parte ya de sus vidas y le tocará a los adultos a su alrededor canalizarlo en algo positivo o al menos no traumatizante. 

“Mi hijo de seis años está muy acostumbrado a estar en su casa, ya no le gusta mucho salir incluso ni a casa de sus amiguitos. Yo creo que definitivamente va a repercutir en el adulto en el que se irán convirtiendo (los niños y niñas de ahora), yo creo que más profundamente si va a quedar alguna repercusión porque los primeros años de la niñez son los más valiosos de nuestra vida”. 

El 2 de diciembre el gobernador Enrique Alfaro anunció que, si los números de contagiados y hospitalizados no se disparaba, podrían volver las clases el 25 de enero de manera mixta: presencial y en línea con grupos reducidos. 

A decir de Erandy Calderón y de acuerdo con su trabajo durante la pandemia, sí será positivo el regreso pero será difícil. Prevé un desajuste mayor entre la disciplina que han adquirido la mayoría de los padres de sus alumnos y la mezcla de modalidades para impartir clases. 

Y es que, aunque la maestra ya esté presente para explicarle a sus alumnos, la profesora ha reflexionado que ningún tipo de educación se puede llevar a cabo sin el apoyo de los padres, algo que le ha tomado esfuerzo conseguir porque pareciera que varios se desentienden cuando los y las niñas entran a los salones . De los 20 alumnos, reconoce que 19 padres de familia ya se han hecho responsables pero los atiende a cualquier hora, cualquier día de la semana y ha cumplido la labor de maestra, psicóloga, amiga y hasta confidente. 

“Los he ido a visitar a su casa, al tianguis donde trabajan, les imprimo las actividades si no tienen internet. Les he cerrado las opciones del “no” y los papás se han comprometido mucho”. 

 

Seguridad

La pandemia también ha traído consigo un aumento en las violencias más graves contra la niñez. Una de ellas es el abuso sexual infantil. 

Durante los 10 meses que van de crisis sanitaria se han dado a conocer casos de abuso sexual de menores, desapariciones y violencia doméstica que exponen la realidad del país y del estado que solo se agravia ante la presencia de un virus desconocido. 

Puerto Vallarta, Tala, Elsy, 100 corazones no son solo algunos nombres propios. Son nombres de municipios violentos, de una niña víctima de feminicidio y de instituciones opacas que muestran tan solo un fragmento del problema, muchas veces invisibilizado, de violencia contra las niñas y niños. 

De acuerdo con la Fiscalía Estatal, de enero a septiembre se registraron mil 648 carpetas de investigación por abuso sexual infantil. Lo que significa que, en promedio, este año 45 niñas y niños han sido abusados sexualmente cada semana. 

El año pasado se reportaron 2 mil 422 casos, poco más que este año, pero aún así no significa que los abusos bajaron sino que aumentaron las dificultades para salir de casa, que las y los niños busquen un espacio seguro para contárselo a alguien e incluso que alguien pueda denunciar el abuso ante las autoridades. 

Otra violencia es la disminución en la adopción de niños institucionalizados y la falta de oportunidades para que las y los niños tengan un hogar y una familia. 

Desde enero hasta agosto, según cifras del Consejo de la Judicatura del Estado, solo se han adoptado a 11 menores, en comparación con los 36 que culminaron el proceso en el 2019. 

A esto se le suman los problemas de siempre: muchos niños abandonados y pocas facilidades para la adopción. Es que, de los mil 400 menores institucionalizados y 3 mil 380 voluntarios solo 114 se encuentran disponibles para ser adoptados.

La crisis sanitaria vino a exponer las carencias y violencias que se viven en un estado muchas veces opaco. Pero ante la incertidumbre, las y los maestros, las personas defensoras de los derechos de la niñez, las madres y padres responsables y todos aquellos que rodean a los niños y niñas y se preocupan por ellos se encargarán de protegerlos y nunca más invisibilizarlos; con o sin pandemia. 

 


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Katia Diéguez

Katia Diéguez

Es periodista formada en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Jalisco. Desde su formación como estudiante y ahora como profesionista ha trabajado en diferentes medios locales como Más por Más, el Diario NTR, Territorio y Mural de Grupo Reforma. En este último trabajó como reportera de la sección local y realizó coberturas diarias y de investigación principalmente en temas de género, derechos humanos, infancia, diversidad sexual y educación. Además, ha complementado su educación con cursos y talleres de periodismo narrativo, de investigación, transparencia, género y derechos humanos.