La revista Territorio

Desde la redacción

Desde la redacción de Territorio

Hacer periodismo es diferente para cada medio de comunicación, para cada reportero y para cada situación que se vive. No es lo mismo reportar la pandemia desde Italia que desde México, o reportar una crisis económica desde la versión oficial o la versión de quienes lo viven. 

Por ello, en Territorio hemos decidido compartir un poco de las experiencias que vivimos, los dilemas, las decisiones que se toman en la redacción todos los días y los retos a los que nos enfrentamos. Esto, con la intención de transparentar nuestro trabajo y mostrar cómo es hacer periodismo desde un medio como el nuestro; colaborar con nuestra experiencia y abrir el debate hacia las diferentes formas de informar e interactuar con la información y la realidad.

 

La revista Territorio

El primero de octubre de 2014 empezamos a trabajar en lo que sería el primer número de la revista Territorio. Aunque ese fue el proyecto que nos dio a conocer, la revista era parte de un conjunto de ideas que teníamos planeadas lanzar con diversos objetivos: la consolidación de una plataforma de periodismo independiente, la rentabilidad en el largo plazo, la construcción de una comunidad y un proyecto educativo amplio e incluyente.

La revista era una publicación mensual y digital, y se publicaron 24 números, durante dos años. Cada uno estaba guiado por una palabra distinta que iban desde poder, clase, modelo, mapa, otro, hambre, trampa, hasta juego. 

En cada número invitábamos a un ilustrador para que dibujara una portada inspirada en la palabra del mes. Además, Inés de Antuñano se encargaba de ilustrar las entrevistas, reportajes, crónicas, que a veces también acompañamos con fotografías de Abraham Pérez. En cada número se incluía una galería de fotos pensada y ejecutada por un fotógrafo invitado.

A partir del trabajo de los ilustradores, empezamos a generar productos para nuestra tienda, como camisetas, libretas, prints, bolsas.

Un año decidimos lanzar un calendario, junto con Edgar Seis y Cuadra Urbanismo, en donde cada mes fue comisionado a un ilustrador distinto y con una temática específica. Eso nos sirvió para hacer eventos, charlas y hacer crecer nuestra comunidad. 

De vez en cuando hacíamos ejercicios para que los contenidos que publicábamos trascendieran las redes digitales. Desde abrir nuestra redacción para recibir personas y escuchar sus opiniones sobre la revista, hasta organizar charlas, conciertos o caminatas por algunas zonas icónicas de la ciudad. 

Todo esto lo llevamos dos años a un pequeño stand durante la Feria del Libro de Guadalajara. Por una semana ocupaban ese espacio para organizar charlas, conciertos, presentaciones, coberturas con estudiantes e invitamos ilustradores a intervenir nuestro stand. 

Uno de los números fue sobre la palabra oriente y decidimos trasladar nuestra redacción durante una semana a distintos centros culturales, plazas y espacios del oriente de la ciudad. Una zona muy poco visibilizada de Guadalajara y que ha mantenido a su alrededor una serie de prejuicios negativos. La idea era hacer una cobertura para recuperar historias, temas y espacios que eran fundamentales para la identidad de la ciudad. 

Para el número de periferia, hicimos una campaña de fondeo para llevar nuestra redacción a otras ciudades del país, y le preguntamos a nuestros lectores qué ciudad les interesaba que visitaremos, y se decidió por la Ciudad de México. La campaña fue un éxito y visitamos barrios, centros culturales, redacciones y proyectos que nos parecían relevantes. Cubrimos temas como el comercio informal, la bicicleta, el medio ambiente y la inseguridad. La idea era llevar nuestro método de trabajo a otras ciudades, aprender de otras personas y acercar a nuestra comunidad a otros proyectos y espacios. 

La idea de la revista era pensar geográficamente la ciudad: desde las personas que la habitan y los lugares en los que se relacionan. Hacer un esfuerzo por traducir valores, referentes culturales y  aspiraciones de los espacios urbanos ciudad.

La editorial del primer número decía: 

 

México es un país tejido por ciudades, pero con una geografía que facilita la dispersión y el desconocimiento mutuo. Mientras la ciudad estimula la cohesión social, la descentralización y el cambio; el territorio amplía la distancia, la brecha informativa e incentiva los prejuicios entre nosotros. En este sentido, acercar el territorio informativamente contribuye a fortalecer la colectividad; sobre todo en un país que ya no se puede pensar como un conjunto de lugares aislados sino de múltiples espacios sin centro ni periferia.

 De ahí la importancia de que en el contexto actual, en donde la información sobre lo que sucede fuera de una ciudad es fragmentaria e incompleta -enfocada principalmente en describir los hechos locales en función de sus implicaciones nacionales e ignorando su entorno rural- las comunidades, la tecnología y la información son herramientas fundamentales para fortalecer el conocimiento colectivo, conectar ciudades, y ayudar a entender mejor la complejidad de nuestros problemas. Porque mientras no comprendamos lo que ocurre en otros lugares, seguiremos sin identificar el territorio donde habitamos.

 

Pueden revisar todos los números en revista.territorio.mx

 


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