La seguridad colectiva: el fenómeno de la colonia Americana

La lucha por la tranquilidad

En el 2019, Leticia cerró su negocio en la colonia Americana después de un asalto. Este fue el incidente más violento que vivió y lo que la llevó a dejar su tienda, pero desde el comienzo trabajó con la incertidumbre de vivir un hecho violento, el hartazgo de cerrar y abrir el negocio con miedo y cuidarse de quienes entraban al lugar. 

En los dos años que Leticia trabajó en la colonia compartió el miedo de vecinos, comerciantes y clientes: ser víctimas de un delito, algo que ha ido incrementando en la colonia Americana en los últimos años y aún más tras la pandemia. 

Los datos dicen que el último año bajaron las denuncias por robos a persona pero desde que inició el 2021 aumentaron los robos de vehículos. De acuerdo con Mural, hasta los primeros días de junio se registraron 24 denuncias al respecto, cuando en 2020 hubo 16.

Y el sentimiento colectivo coincide, cada vez son más los casos en los que los vecinos se enteran que a un familiar les robaron su carro afuera de la casa, o que se metieron a robar al café de la vuelta o que a un peatón le arrebataron su celular. 

La colonia Americana es una de las más importantes en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) en términos económicos y sociales. Es conocida como la zona rosa de Guadalajara por la cantidad de restaurantes, bares y antros que tiene. Es el punto de reunión de jóvenes para trabajar y socializar, pero también es una zona en donde viven familias con casas antiguas y aún permanecen varias obras arquitectónicas importantes. Es el centro de reunión pero también el foco rojo por el incremento incesante de delitos. 

Sin embargo, la raíz de la eliminación del problema, de que bajen los delitos, radica en la idea de que la seguridad es un derecho no un servicio municipal. Es decir, no se trata solo de hablarle al policía cuando asalten a alguien y que metan al delincuente a la cárcel, sino que conlleva responsabilidad de los vecinos, de quienes trabajan en cuerpos de seguridad y de los gobiernos. 

Octavio González, experto en seguridad le llama “coproducción de seguridad”, bajo esta idea de que todos se involucren y logren una ciudad más segura. En esta labor, el primer actor y el más importante es el ciudadano quien tiene la facilidad de involucrarse con su entorno, conocer a los habitantes, la dinámica de su cuadra, los policías que la patrullan. Y no se trata de “pasarle la bolita” a los vecinos, sino de entender que si no hay unión, si no se conocen entre quienes cohabitan un espacio, va a ser difícil entender las problemáticas y exigir soluciones a las autoridades. 

Además, es una cuestión de cambiar la cultura policial donde se usa a la policía para atender todos los aspectos de la vida cotidiana que les estorban. Por ejemplo, cuando llega un pepenador a una cuadra y se llama a la policía para que se lo lleven, en lugar de entender el fenómeno que obliga a las personas a pepenar y crear soluciones vecinales menos violentas. 

“Yo pienso que si (los vecinos) pueden organizar eventos como la romería o partidos de futbol, también pueden organizarse en temas de seguridad”. 

Y es que no es sencillo, una organización vecinal toma tiempo y cuando no hay otros intereses detrás en ocasiones las intenciones se diluyen, pero por eso son importantes porque son representantes de las necesidades en común. 

Así es como lo entendió  “Sofía”, quien prefirió el anonimato, y defiende que la inseguridad también se combate con la organización vecinal. Ella nació en la colonia Americana y ha sido espectadora de su crecimiento económico y de inseguridad, pero su percepción es que desde que inició la pandemia aumentó el crimen organizado. Aumentaron las historias de terror de sus vecinos y cuando sintió la inseguridad más cerca y quiso organizarse con sus vecinos se dio cuenta que faltaba organización. 

Ella y más de una veintena de vecinos se reunieron por primera vez hace unos meses con el fin de hacer algo ante la inseguridad, de organizarse entre vecinos sin fines económicos ni políticos y apoyarse. La primera sesión de la asamblea pareció más un grupo de desahogo donde contaron sus malas experiencias y sus frustraciones, pero se han ido organizando para crear comisiones y no perder el foco: unirse y cuidarse. Crearon un manifiesto donde expusieron sus intenciones y trabajan en un mapeo de incidencia delictiva de la colonia. 

“Es imposible acabar con la delincuencia pero hay que trabajar para prevenirla. Lo primero es conocer a los vecinos, saber quiénes somos y hacer camaradería. Con la asamblea sí me siento más acompañada y por lo menos no siento la impotencia de qué hacer, son problemas tan grandes que no puedes solucionar tú sola”, explicó. 

En el 2019 se publicó la nueva Ley de participación ciudadana para la gobernanza de Jalisco en la que se estableció que cualquier modo de organización vecinal era válida más allá de las asociaciones vecinales conocidas desde años. Es decir, que cualquier grupo o asamblea es legítima ante la ley. 

Cualquier forma de organización vecinal es importante según Octavio González porque es ahí donde se puede prevenir, solamente que esas acciones no son llamativas o “sexys” porque no parecen tener la incidencia que los vecinos esperan. Por ejemplo, un taller infantil de pintura no parece resonar como una acción relevante contra la inseguridad, pareciera más impactante que se detenga a 15 personas en situación de calle y que los sentencien con años en la cácrcel, pero la socialización, la generación de confianza y la toma del espacio público son esenciales para cambiar la cultura violenta y buscar una disminución en los delitos. 

“La gente no está dispuesta a comprometerse con la prevención, no es lo atractivo. Es un problema de cultura de la seguridad”, defendió el experto. 

Y es que pareciera absurdo que la mayoría de los habitantes de la ZMG pide seguridad a sus autoridades pero vivimos inmersos en un ambiente violento donde pedirle a alguien que baje su música conlleva el riesgo de recibir una respuesta grosera; o vemos todos los días en los medios la representación de un gobernador autoritario. 

“A la ciudadanía la violencia no le importa, le importan los delitos materiales y eso habla de una degradación progresiva del entendimiento de la vida pública. La seguridad no son solo delitos sino todo el entorno, el sentido de pertenencia. Nos faltan muchas piezas del rompecabezas para entender el tema, principalmente la ciudadanía y el sistema de justicia. Todos tenemos un grado muy alto de responsabilidad, cada uno en diferentes niveles”. 

A pesar de las malas experiencias, muchos aún reconocen la belleza en la colonia Americana. Leticia, por ejemplo, no descarta la idea de volver a abrir su negocio ahí pero asegurando mayor comunicación con los vecinos y empresarios de alrededor. 

“La verdad es que no podemos dejar de hacer las cosas con miedo pero sí tener muchas precauciones: cerrar el mismo día que el resto de los locatarios, poner bastante luz afuera, buscaría un lugar con un montón de movimiento, con vecinos a los lados, una alarma vecinal, cuidar los horarios de apertura, de cierre, un botón de pánico y ahora sí que persignarse si eres católico porque no puedes dejar de hacer las cosas”, reflexionó. 

Lo mismo para “Sofía” quien no pretende huir de la colonia de su infancia pero sí trabajar para sentirse segura. 

“A mi me gustaría que se sumaran más vecinos, creo mucho en la organización civil, es importante recuperar nuestros espacios, me gustaría sentirme segura de noche gracias a que haya vecinos caminando de noche. Y también que el ayuntamiento ponga de su parte, creo que un problema muy grande es que las cifras que presenta el gobierno como oficiales no coinciden con nuestra realidad, que acepten que hay un problema y que se atienda. Me gustaría que también se organizaran en otras colonias y creciera la organización interbarrial”. 

La experiencia dice que sin compromiso y vecinos involucrados, la inseguridad seguirá siendo la misma.


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Katia Diéguez

Katia Diéguez

Es periodista formada en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Jalisco. Desde su formación como estudiante y ahora como profesionista ha trabajado en diferentes medios locales como Más por Más, el Diario NTR, Territorio y Mural de Grupo Reforma. En este último trabajó como reportera de la sección local y realizó coberturas diarias y de investigación principalmente en temas de género, derechos humanos, infancia, diversidad sexual y educación. Además, ha complementado su educación con cursos y talleres de periodismo narrativo, de investigación, transparencia, género y derechos humanos.