La sociedad y los medios como clave para la justicia en Jalisco

Una activista, un fotógrafo y una periodista durante la jornada de protestas por la muerte de Giovanni López

Ha pasado más de un mes desde el asesinato de Giovanni López a manos de la policía municipal de Ixtlahuacán de los Membrillos. Entre la revelación del asesinato y el coraje colectivo se vivieron días de manifestaciones violentas. Varios gritaron, sacudieron los brazos y exigieron respuestas a lo que se ocultaba detrás: los nulos cuidados a los derechos humanos en los protocolos de acción por parte de la fuerza pública. 

La participación de los colectivos, activistas, familiares y periodistas fue clave para hablar de lo que sucedió y no de lo que sigue pendiente. Pero, ¿cómo lo vivieron?, ¿qué había detrás de cada tuit, hashtag, publicación, comentario, nota, foto e imagen que formaron parte de este relevante momento para la ciudad?, ¿qué pensaban y sentían?

 

“Morras, hagan un desmadre”

Este fue el banderazo con el que la colectiva Yo Voy 8 de Marzo se movilizó la madrugada del 8 de junio, minutos después de que iniciara el traslado a Puente  Grande de los detenidos durante las manifestaciones un par de días antes. Afuera de la Fiscalía, las familias y las activistas vigilaban los hechos y por ello solo les tomó minutos activar campañas de viralización en redes con el hashtag #LibertadParaLos6, lo que unas horas después sería la bandera para exigir su liberación en redes sociales y a la postre, lograrlo. 

La cara de Evelyn Herrera dibuja una sonrisa y de pronto suelta una pequeña risa cuando recuerda el momento. Una sonrisa de seguridad y emoción. Un semblante que advierte que cuando la Red 8 de Marzo y demás colectivos se truenan los dedos para entrar en acción, no hay quién las pare. “Esto que pasó el fin de semana tenía características como de película. Tenemos 24 hrs para resolver este pedo, así que órale, en chinga. Y estuvimos en chinga”, dice al recordar lo que vivieron al enterarse de los detenidos el sábado 6 de junio.

Evelyn sabe que las primeras 48 horas desde el momento de la desaparición son cruciales, por lo tanto, son las horas en las que no se duerme ni descansa. Lo ha vivido en varias ocasiones. Le ha tocado acompañar a familiares y amigos de personas desaparecidas. Le ha tocado vivir el exceso de fuerza por parte de la autoridad y la tortura; fue detenida y torturada en 2012 al formar parte del colectivo #YoSoy132. También le ha tocado ser familiar; su hermana Nayeli se encuentra desaparecida desde el 1 de mayo del 2019. 

 

La fuerza de lo colectivo

Cuando habla de la red, la mayoría del tiempo Evelyn habla en plural, se entiende a sí misma como parte de un gran equipo y sus palabras reflejan empatía. Dice que la red ha logrado sensibilizarse con las familias y amigos de las personas desaparecidas. Por ejemplo, la labor de acompañamiento que realizaron con las familias de los jóvenes detenidos se complementó con ejercicios pedagógicos sobre procesos de resistencia y diálogo. También buscaron transmitir la importancia de “respetar las distintas formas de protesta social y no criminalizar a las personas que quiere demostrar su descontento”, lo cual implica derribar estereotipos, vencer la barrera de la discriminación. Ellas saben que plantando las semillas es más rápido que florezca una nueva forma de pensar en las personas. 

Evelyn se identifica con el barrio. Lo demuestra en su peculiar manera de hablar y expresarse, usando términos digeribles, adornados con palabras altisonantes que funcionan como referencias para lograr transmitir una idea, lo cual ayuda a comprender la intención de sus palabras. Esta manera de expresarse la ha madurado por la convicción de saber a cuál público dirigirse, a los sectores que ella  identifica que les urge el trabajo que hace la red. 

Los 9 años de experiencia que carga consigo le han ayudado a forjar una capacidad de análisis sobre las protestas y se ha inclinado hacia causas que liberen a las clases oprimidas y discriminadas. Tanto ella como algunas compañeras de la red coinciden con que las manifestaciones  de junio sirvieron para visibilizar al sector que más ha sufrido de represión policiaca y que por lo general se da debido a la discriminación por no formar parte de lo “socialmente aceptable”. 

“Este pedo de la policía es súper potente. Nunca había visto este tipo de manifestaciones porque no estaba la típica banda que una ve en las manifestaciones. Estaba la banda de barrio, nuestra banda.”, dice Evelyn. Y concluye la idea: “Estas manifestaciones han logrado movilizar a estos sectores que tienen un chingo de rabia, pero no están politizados. Ahora los mueve su experiencia de vida”. 

La Red Yo Voy 8 de Marzo cuenta con una característica imposible de omitir: la alegría de luchar por lo justo y defender sus ideales. Tienen rabia, coraje, frustración, indignación y a veces miedo, pero logran transformarlo en el vehículo para seguir sembrando semillas. “El miedo te consume o te convierte hasta que te libera”. Por lo pronto, les toca esperar para salir de nuevo a las calles, mientras, ellas no muestran dudas: la colectividad es el camino. 

La verdad no se puede editar.

Algo no estaba bien y lo presentía Fabricio. “No había policías ni agentes de vialidad resguardando la manifestación”, la cual tuvo como punto de partida el Parque Revolución el 4 de junio a las 5:00 pm. El contingente avanzó hacia el centro por la avenida Juárez entre vehículos en movimiento. “Era difícil sacar fotografías mientras esquivaba carros”, recuerda. 

Fabricio es una persona que proyecta amabilidad y confianza. Dueño de una voz de tono cordial, al principio resulta complicado imaginarlo en acción, con posturas firmes y carácter inquebrantable que logra acercarse a los hechos con una mirada especial.

Al llegar al centro se preparó para lo que parecía inevitable. Las protestas se tornaron violentas y el ambiente se tensó, lo cual se plasmó en la fotografía que para él representa lo sucedido: la imagen de una camioneta de la policía Estatal de Jalisco en llamas, dañada y grafiteada con una bandera del estado en el cofre y una pancarta al frente que decía “Justicia para Giovanni. Lo mató la policía”.

Ese día sintió el ambiente como en ninguna otra ocasión le había tocado.

Al enterarse que la manifestación del viernes se llevaría a cabo afuera de la Fiscalía se preguntó por qué en un lugar alejado, con pocas rutas de salida y con calles largas. Mientras se trasladaba, un compañero le advirtió por mensaje que estaban reprimiendo la protesta. Al llegar, un par de policías le preguntaron a dónde iba, en cuanto respondió lo aventaron hacia una camioneta y  lo sostuvieron con fuerza del pañuelo alrededor del cuello.

“¿De dónde vienes?”, le preguntaron. “De un medio, soy privado”. “Yo también soy privado”, le contestaron con violencia. “Vengo a cubrir las protestas, cabrón. Suéltame”, fue su respuesta cuando no le permitieron explicar su trabajo. Al pedirle una identificación que acredite ser parte de un medio de comunicación, el agente que lo tenía sometido le dijo “Esto yo también lo puedo hacer”. Estos actos lo hicieron sentir como nunca antes se había sentido haciendo su trabajo: vulnerable. 

Durante su adolescencia, Fabricio fue hacía grafitis. Experimentó la respuesta de la autoridad ante este tipo de actos y supo que la violencia no es la vía para encontrar soluciones. Esto lo llevó a una catarsis: su trabajo también sirve como denuncia. 

La foto que eligió para describir una de las protesta en el centro de Guadalajara es simple pero potente: una mano sosteniendo una plantilla con el rostro de Giovanni, junto a la palabra “Justicia”, con el cielo de fondo. 

Esa tarde, sucedería lo que unos días después se volvió viral en redes sociales. Fabricio tomaba fotografías de la confrontación entre manifestantes y policías, cuando sintió un golpe que buscaba tirar su cámara. Se le acercaron policías y decidió tirarse al suelo y gritar para llamar la atención “buscaba proteger mi cámara como se protege el balón jugando fútbol, metiendo el cuerpo”. 

Ahí también recordó la última entrevista de Rubén Espinosa, fotoperiodista asesinado en 2015. “¿Cuántas moscas deben caer a tu sopa para considerar que ya está mal? Solo una. Con una sola mosca es suficiente para saber que esa sopa no se puede comer. No es necesario que la sopa se llene de moscas para notarlo”. Con un solo acto de violencia contra periodistas y manifestantes, dice Fabricio, se debe alzar la voz y denunciar lo que sucede. 

Es por eso que no desaprovechó la oportunidad de hacerle saber directamente al gobernador sobre su caso. El 8 de junio se encontraron mientras Fabricio fotografiaba un evento del gobierno estatal. Ahí aprovechó para contarle al gobernador Enrique Alfaro sobre la violencia de la que sufrió días atrás por parte de elementos de la policía municipal. “Hacía como si no estuviera enterado de nada. Me hacía preguntas básicas y se comprometió a darle seguimiento a mi caso directamente”. 

El Secretario General de Gobierno, Enrique Ibarra, lo invitó a su oficina para abordar la situación y ofrecerle el mismo acompañamiento que se les ofreció a los jóvenes detenidos en la Fiscalía. Esa reunión lo puso incómodo. No le gustaba ser atendido de esa manera, solo quería que se cumpliera con el debido proceso, sin tratos especiales. Por eso, rechazó el acompañamiento y medidas de seguridad. “No quiero ocupar un espacio que otra persona, víctima de abuso por parte de la autoridad, puede tomar. Lo mío no fue grave, los otros casos sí”, menciona. 

Para Fabricio, las imágenes son la ventana para conocer la historia de los momentos en los que no pudimos estar presentes para atestiguar. “Ahora sí creo que hay autoridades a las que les incomoda este trabajo y puede haber represalias”. 

Con mirada firme y voz tranquila, confiesa que aún hay una pregunta que ronda su cabeza: ¿Cuántos “Giovannis” aún no se han descubierto?

 

 “Hey, ¿siguen vivos?”

Era una de las preguntas que “María”, quien prefirió el anonimato, y colegas suyos colocaban en el grupo por el cual se comunicaban para monitorearse mutuamente durante la protesta del día sábado 6 de junio. Era una frase que reflejaba la preocupación de periodistas por cuidar su integridad y la del resto.

María no dimensionó el nivel de tensión que podría alcanzar lo sucedido ese día en el centro de Guadalajara. “No pensé que las cosas se fueran a poner así de violentas e inseguras”. María admite que antes de vivir las protestas de cerca y aprender todos los detalles que un reportero debe contemplar, consideraba a los manifestantes más activos como revoltosos. Pero lo que hizo hacerla cambiar de opinión y perspectiva fue conocer los casos de las “detenciones arbitrarias” del viernes a las afueras de la fiscalía. 

Hechos muy distintos a lo que a ella le tocó presenciar afuera de Casa Jalisco. “Los manifestantes en Casa Jalisco cumplieron con lo de la protesta pacífica. De hecho se alargó y acabamos a las 10 pm en el Parque Rojo, pero siempre se portaron de manera tranquila. Si había alguien que se quisiera exceder, entre ellos lo calmaban”. Contrario a lo que vivió el sábado, donde se sintió vulnerable y tuvo la necesidad de contactarse con amigos y conocidos para dejarles instrucciones por si en algún momento dejaba de contestar su teléfono. Se sintió vulnerable, pero abrir de esa manera los ojos le dio la valentía para no dar un paso atrás. 

María recuerda que tratar de colocarse en el lugar de las familias de los jóvenes arrestados le ayudó a empatizar. Para ella, los estereotipos influyeron en que varios de los detenidos fueran “elegidos”, considerando que algunos de los que sufrieron violencia, ni siquiera participaron en las marchas. 

Estas situaciones reflejan las fallas de las instituciones en su forma de operar. Dos días bastaron para que la reportera ajustara la manera en la que interpreta la información oficial por parte del gobierno, ya que los mensajes emitidos jueves y viernes por parte del gobernador, no coincidían con la realidad que a ella le tocó presenciar. Al contrario, lo que le sorprendió fueron las acciones de paz por parte de los manifestantes, que intervinieron ante policías para ayudar a un reportero atacado, y cuando miembros del contingente del sábado ofrecieron alimentos y bebidas a las policías que resguardaban Palacio de Gobierno. 

 

Después de vivir esto, las prioridades cambian

Para María, después de participar como reportera el sábado afuera de Palacio de Gobierno, muchas cosas dejaron de tener la importancia que creían tener. Esta experiencia le dejó un sabor extraño, ya que por un lado enfrentó la apatía de un buen sector de la población ante problemas como la represión y la desaparición forzada. Y por otro lado, le ha dado la fuerza y claridad de ideas, para entender que este momento requiere de un buen periodismo, que se acerque a la verdad tomando en consideración distintas perspectivas. Solo así, se podrá involucrar a los que hoy aún no se deciden a ser parte de quienes buscan justicia y vivir en paz. 

Si eres joven, mujer, activista o quieres alzar la voz, significa que actualmente eres parte de un sector de riesgo en Jalisco, pero también significa que la lucha porque tus derechos y los del resto se respeten y hagan valer. Es la manera de evitar ese riesgo. 

 


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