Limpiar tu casa no es una actividad esencial

Las trabajadoras del hogar sin derechos laborales durante la cuarentena.

 

Desde mediados de marzo, “Lupita”, quien prefirió el anonimato, fue obligada a dejar de trabajar. Obligada porque ella no quería hacerlo por miedo a perder su salario, y así fue. Lupita es trabajadora del hogar y de los 4 patrones que tiene, dos dejaron de pagarle. “Ya que vuelvan las cosas a la normalidad, vemos”, fue lo único que le dijeron. 

Como ella, en Jalisco y en el país, varias trabajadoras del hogar han perdido sus salarios o peor aún, sus patrones les piden que sigan trabajando a pesar de no ser una actividad esencial y no les garantizan medidas de seguridad ni atención médica. 

En México, de acuerdo con la asociación civil Parvada, solo el 2% de las trabajadoras del hogar tienen seguridad social; es decir, están inscritas en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). En el 2018, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) emitió una resolución en la que declaró inconstitucional que dichas trabajadoras no tuvieran seguridad social. A partir de ahí, el IMSS diseñó una política para proteger los derechos de las trabajadoras. 

 

 

Sin embargo, durante la crisis sanitaria nacional, la mayoría de las trabajadoras del hogar no solo no tienen seguridad social sino que sus derechos se ven vulnerados cuando el patrón les reduce el sueldo sin negociación o las obliga a continuar con su trabajo. Parvada ha registrado 62 casos de trabajadoras del hogar en la Zona Metropolitana de Guadalajara, de las cuales 36 descansan sin paga. De acuerdo con Ana Farías, directora de dicha asociación civil, por ley se debe negociar una disminución de salario si el patrón no puede pagar completo pero de ninguna manera se debe tomar a cuenta de vacaciones ni cualquier otro arreglo. 

“Se negocia a partir de una relación de poder como normalmente se tienen en estas áreas laborales. Mucha gente cree que porque no pagan seguro social, no tienen nómina o contrato no existe la relación laboral y entonces creen que la legislación no les aplica a ellos, pero sí puede haber repercusiones legales”, aseveró. 

En el caso de “Lupita”, dos de sus empleadores solo le avisaron que ya no fuera a trabajar, pero no le dijeron si le seguirán pagando. Casi dos meses después no ha recibido noticias de ellos, ni para pagarle ni para saber cómo se encuentra. Ella es el sostén principal de su familia de 6 personas incluídos niños y durante la cuarentena han batallado para conseguir la despensa y productos básicos. Además, ella y su esposo son personas vulnerables por su edad y sus enfermedades. “ Me dijeron que luego nos vemos pero para trabajar, para pagar no. Si me pagaran por lo menos no estaría padeciendo los pagos pendientes, por eso trabaja uno, por la necesidad”.

Y aunque sus otras dos patronas la han tratado con cariño incluso a la distancia, para “Lupita” no todos los jefes son iguales y a veces se olvidan de ella. Según Farías, esta es una muestra de los discursos contradictorios. “Es muy común el discurso de que quieren mucho a la trabajadora, es como de la familia, pero al enfrentarse a situaciones concretas esa visión de solidaridad no existe. La trabajadora deja de existir cuando cruza la puerta de la casa a la calle”.

En otros casos los patrones les piden que sigan trabajando. Las recogen y las llevan en empresas de transporte privado, les piden que se bañen al entrar a casa, que se cambien de ropa y de zapatos. Todo para no dejar de hacer la limpieza del hogar. 

Además de violar la ley porque la limpieza del hogar no es considerada una actividad esencial, es también un reflejo de la sociedad y los roles de género donde las mujeres -patronas o trabajadoras del hogar- son quienes se llevan la carga más pesada de las tareas en casa. En algunas situaciones las mujeres trabajan desde casa, se hacen cargo de los hijos y de las parejas y es por eso que prefieren que alguien más haga la limpieza en lugar de pedirlo al resto de la familia. “Siempre es más fácil desobedecer a la autoridad y pedirle a alguien que limpie que pelearte con tu familia. En la pareja las mujeres se llevan la carga más pesada del trabajo en la casa”, insistió Farías. 

Incluso en cuarentena, cualquier trabajadora del hogar tiene derecho a denunciar falta de paga o una reducción injusta. Sin embargo, lo más recomendable es que si el patrón aún percibe su salario completo le pague a la trabajadora sin que acuda a trabajar. Si el ingreso del jefe no lo permite, hay que negociar un salario justo. Así se garantizan las medidas de higiene y previenen enfermedades. 


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Katia Diéguez

Katia Diéguez

Es periodista formada en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Jalisco. Desde su formación como estudiante y ahora como profesionista ha trabajado en diferentes medios locales como Más por Más, el Diario NTR, Territorio y Mural de Grupo Reforma. En este último trabajó como reportera de la sección local y realizó coberturas diarias y de investigación principalmente en temas de género, derechos humanos, infancia, diversidad sexual y educación. Además, ha complementado su educación con cursos y talleres de periodismo narrativo, de investigación, transparencia, género y derechos humanos.