Los lixiviados causan daño genético y neuronal

Son residuos que se derraman desde el relleno sanitario Laureles

Los lixiviados que almacena y derrama a las comunidades vecinas el relleno sanitario Laureles, ubicado en Tonalá, Jalisco, no solamente deja a su paso un olor fétido y aspecto repulsivo, sino que su consumo tiene la capacidad para generar daño genético y neuronal.

Así lo evidenció un estudio experimental realizado por el biólogo Omar Ricardo Torres González, egresado de la maestría en Salud Ambiental de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quien administró durante dos meses a ratas jóvenes una dosis de lixiviados extraída de Laureles para evaluar su potencial genotóxico.

Sus resultados permitieron evidenciar que el material genético de los roedores se fragmentó (prueba de micronúcleos en eritrocitos), lo cual atribuye el autor al efecto de los metales pesados de los lixiviados en las células de la sangre. Además, la sustancia indujo la muerte neuronal en la corteza prefrontal del cerebro, una región encargada de memorizar, solucionar problemas y otras funciones cognitivas.

A decir de Torres González, los efectos de los lixiviados en seres vivos se habían estudiado en grupos como peces o crustáceos mas no en mamíferos terrestres como la rata, cuyo sistema nervioso tiene mayor afinidad con el de los seres humanos; en Tonalá y El Salto, algunos de ellos entran en contacto con esta sustancia tóxica a través de arroyos contaminados.

En Tololotlán y Puente Grande la gente conoce dónde están los derrames de lixiviados, desde las montañas de basura de Laureles hasta los cauces que atraviesan campos de cultivo, granjas e incluso escuelas; con particular amabilidad guían a los reporteros y fotógrafos para que documenten la irregularidad que por años ha impactado en su calidad de vida.

 

 

La propia Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ) emitió en junio una recomendación dirigida a diversas autoridades en donde documenta, entre otras irregularidades, el derrame de lixiviados a comunidades vecinas e instruye a la reparación de los daños, pero solo recibió aceptación parcial por parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (Semadet).

Tanto el estudio de Torres González como el plan de cierre y abandono de Laureles coinciden en la alta carga de metales pesados que registran los lixiviados del vertedero. Cadmio, plomo, mercurio, cobre, cromo, arsénico y más figuran en el inventario de compuestos, resultado de la disposición inadecuada de residuos diversos en el vertedero.

 

Bomba de tiempo

Que el relleno sanitario de Laureles sea un foco de contaminación por lixiviados se debe a que en 2016, Caabsa Eagle, la empresa operadora del sitio, adquirió una planta de tratamiento supuestamente especializada en ese tipo de desecho. Sin embargo, solo operó unos meses debido a que el saneamiento era deficiente y no cumplía con la norma.

Al caer en desuso la planta de tratamiento del relleno sanitario, al que diariamente se envían 2 mil 700 toneladas de basura doméstica del Área Metropolitana de Guadalajara, la respuesta de los administradores fue crear fosas para acopiar los líquidos y circularlos al interior del predio sin darles manejo ni salida, salvo los derrames que no reconoce Caabsa.

Derivado de esto, a la fecha, Laureles acopia más de 38 millones de litros de lixiviados almacenados en 11 fosas, de acuerdo con datos del Plan de cierre y abandono. Dicho volumen es equiparable con la capacidad de almacenamiento de 15 albercas olímpicas.

Pero no solamente significan un riesgo para la salud pública, pues constantemente se derraman estos desechos líquidos de color cobre hacia Tololotlán, sino que también son un problema para el eventual desuso del vertedero.

De acuerdo con el plan de cierre, que se creó a partir de que el gobernador Enrique Alfaro fijó un plazo de dos años a partir de septiembre de 2019 para dar por clausurada la vida útil del sitio, Laureles debe desalojar los lixiviados a un ritmo de 320 mil litros diarios para proceder con el cierre definitivo.

El riesgo que identificó el documento de mantener en el predio tal cantidad de líquido altamente tóxico es desestabilizar las montañas de basura que se han acumulado a lo largo de 25 años. Sin embargo, mientras su carga de metales pesados sea tan alta como la que ha registrado en los últimos muestreos, no es posible enviarla a plantas de tratamiento convencionales que no tienen la tecnología para descontaminarla.

Mientras los lixiviados se incrementan y las montañas de basura crecen con el ingreso diario de los residuos de Guadalajara, Tonalá, Tlajomulco, El Salto y Juanacatlán, el tiempo sigue corriendo y, a la fecha, solo resta un año para el cierre del vertedero, aunque no se ha concretado ningún proyecto para darle salida a las 11 fosas de sustancia tóxica.

 

No pueden ni dormir

¿Cómo es vivir en Tololotlán y Puente Grande, vecinos próximos de Laureles y el Río Santiago? Juanita Macías lo describe como una pesadilla. Desde hace 23 años se mudó a Tololotlán y a partir de entonces comenzó con molestias respiratorias y alergias que padece a la fecha.

La mujer atribuye sus afecciones a “la basurera”, como se le conoce en el barrio al relleno sanitario, pues la señala como responsable de propiciar plaga de ratas, derramar lixiviados, del arrastre de basura a través del viento hasta sus casas e incluso de sofocarles una semana entera con el incendio que ocurrió en abril del pasado y estuvo activo durante una semana. A la fecha, la Procuraduría Estatal de Protección al Ambiente no ha fincado responsabilidades.

“A veces nos han llegado a despertar a las tres de la mañana los olorones a basura que nos llegan, no sé qué hagan a esa hora pero nos despierta, es tan desagradable, le duele a uno la cabeza, no se puede ni dormir. Tiendes la ropa y hasta se apesta, como si no la hubieras lavado. Yo en mi caso desde que estoy aquí padezco de alergias, siempre he usado cubrebocas porque siempre estoy enferma”, relata Juanita en su negocio familiar.

 

 

Sobre estos y otros impactos en la población, la CEDHJ ecomendó a la Secretaría de Salud en junio pasado elaborar un diagnóstico toxicológico para trazar la relación entre el mal manejo de Laureles y las enfermedades de la región.

Sin embargo, la Secretaría de Salud se declaró abiertamente incapaz de elaborarlo debido a que no cuenta con recursos económicos ni humanos, aunque el gobernador Enrique Alfaro anunció una inversión superior a los mil millones de pesos para el saneamiento del río Santiago que incluye el cierre de Laureles, al ser también un tributario de la contaminación del cauce.

Mientras las autoridades discuten el tema a través de misivas por escrito, las poblaciones de Tonalá y El Salto son las que atraviesan los arroyos de lixiviados con sus autos, a pie, o entran en contacto indirecto a través de los alimentos que consumen, cultivados en campos vecinos de los derrames tóxicos.

 


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Violeta Meléndez

Violeta Meléndez

Reportera desde 2011 especializada en medio ambiente. Ha trabajado en medios impresos y digitales de Guadalajara en la cobertura de noticia diaria y realización de investigaciones, su especialidad es el manejo de recursos naturales, impacto ambiental, desarrollo urbano sustentable y divulgación de la ciencia. Estudió Periodismo y Biología, ambas licenciaturas por la Universidad de Guadalajara.