No se puede criar en soledad

Una serie sobre lo significa nacer, vivir o ser mujer en México.

Mujeres (In)visibles

Nacer, vivir o ser mujer en México significa violencia y desigualdad para la mayoría de ellas. Tan solo en Jalisco, cada día violentan a 92 mujeres, jóvenes y niñas con delitos como lesiones, abuso sexual, abandono o acoso, entre otros. Además, en el 2020 se registraron 266 feminicidios; es decir, cada semana un familiar, pareja o alguien cercano asesinó a 5 mujeres solo por eso, por ser mujeres.

Pero detrás de las cifras están las historias de ellas, sus vidas, sus logros, sus intereses, sus hijos, su familia y sus luchas. Detrás de cada mujer violentada hay una historia de valentía y de amor que merece la pena ser contada. Detrás de cada denuncia, petición e imagen en redes sociales está una familia pidiendo justicia y sobreviviendo ante la violencia que se vive en el país. 

Este es un homenaje a todas ellas, un esfuerzo periodístico para narrar cada historia de desigualdad y violencia feminicida a la que nos enfrentamos todos los días y el amor que mantiene a sus familias de pie. Por ellas, porque nos queremos vivas, ni una más. 

No se puede criar en soledad

La semana pasada Ireri tuvo que ir al supermercado. Se había acabado sus reservas, esas que cuidó por varios días para evitar salir de casa, y ahora le urgía salir por comida y pañales para su hija. Al llegar a la puerta, el vigilante le prohibió la entrada: no podía entrar con menores. “¿Y qué hago?”, le dijo frustrada al señor. Ireri no tiene dónde dejar a su hija de cuatro años, es mamá soltera, trabaja en casa y es solo ella la que se encarga de los cuidados, de la limpieza, de la educación de su hija y ahora, de ingeniárselas para conseguir alimentos a la distancia. 

Para ella, la pandemia y las restricciones que se impusieron en Jalisco de restringir la entrada a menores a espacios como los supermercados ha sido un recordatorio fuerte y constante de la soledad que viven las madres solteras. 

“Ya es suficientemente difícil ser mamá; ya es suficientemente difícil ser mamá soltera; ya es suficientemente difícil ser mamá soltera de una niña con discapacidad y es bien bien difícil ser mamá soltera de una niña con discapacidad en pandemia”. 

Ireri ha conocido algunas de las violencias y las desigualdades a las que se enfrentan las mujeres en esta ciudad, sobre todo las madres solteras. Desde que supo que estaba embarazada y que su pareja no sería parte de la crianza de su hija, se dio cuenta de la falta de empatía que tienen los demás hacia las infancias y quienes cuidan de ellas y de ellos. Pero en pandemia, todo se incrementa, incluida la desesperación y la soledad. 

La prohibición de que los y las niñas entren a los supermercados ha sido tal vez la gota que derramó el vaso para varias madres.“Dentro de la falta de apoyo estoy organizándome, estoy tratando de lograrlo y pum, el frenón”. Para Ireri, fue como que le cerraron una puerta, una más para ella y para su hija quien también ha sufrido el encierro, el no poder ver a sus amigos, no ir a su escuela y continuar con el aprendizaje tan importante sobre todo para una niña con discapacidad. 

“Su única salida era al súper y ya tampoco tenemos eso. Es pesado para ella porque está en una etapa de descubrimiento, está en una etapa donde necesita explorar el mundo y ahorita está limitada a casa”. 

Pero el súper no es el único espacio que ahora es limitante y excluyente, sino que en general, su maternidad ha sido una experiencia con varios obstáculos. 

Aunque no lo cuenta, es posible entender la valentía que tuvo al denunciar a su pareja por violencia doméstica; y que tuvo que aceptar que a partir de ese momento viviría su embarazo sola y criaría por su cuenta a su hija. 

Pero eso no quita la injusticia y la desesperación diaria de reafirmar que la sociedad a su alrededor es machista y permite que los padres se desentiendan y no se han responsables de sus hijos. 

“Tenemos normalizada la figura paterna ausente, libre, desentendida, que sigue trabajando, que sigue teniendo éxito laboral, creativo, social, de pareja, porque no está cumpliendo su obligación de padre. Da coraje porque no era elección, ya nació y tenemos que cumplir”.

Después de la denuncia, Ireri inició la pelea por la custodia y por la pensión alimenticia de la cual nunca se ha hecho responsable el padre. Pero desde el inicio, antes de que la palabra pandemia se escuchara, se enfrentó a una burocracia complicada y a personal poco capacitado que le pedían cosas casi imposibles como el domicilio de un hombre al que no ve desde hace años. Papeles, firmas, abogados, citas y llamadas por teléfono en medio de ser madre. 

En el 2020 y con una crisis de salud mundial, los trámites se detuvieron de golpe y hasta la fecha, la idea de justicia y tranquilidad para su hija pareciera aún más lejana. Las citas se detuvieron, no dan información por teléfono y si quiere arreglar algo tiene que ir, junto con la niña, a las oficinas donde no hay garantía ni de que la dejen entrar ni de que haya buenas medidas de sanidad. 

“Mi búsqueda de justicia la tengo que frenar. Aunque no hubiera pandemia tenemos que reconocer que no funciona bien la justicia para las madres solteras y hay muchos padres desentendidos que no están siendo forzados a cumplir”.

Para Ireri, la rabia no está en los sacrificios, o en los limitantes o en la soledad, está en la injusticia de la irresponsabilidad de un padre y la facilidad con la que las personas a su alrededor lo solapan. 

“Es esa sensación de impotencia porque sé que es algo cultural tan grande que yo no puedo cambiar. Trato de ser resiliente y elegir la lucha que puedo porque de lo contrario se me va a ir mi salud mental en querer buscar justicia. Es triste porque las maternidades latinoamericanas no son justas”. 

Ireri, además de ser madre es muchas otras cosas. Es artista visual, comunicóloga y maestra en diseño de espacios y experiencias culturales. Su proyecto de tesis es una propuesta para incluir en la ciudad a personas con discapacidad a través de una exposición arquitectónica que se descubre a través de las manos, justo como viven las personas con discapacidad visual. 

Además, se describe como activista y pareciera que su hija y cómo vive a través de su discapacidad, ha sido un puente o una razón para fomentar la creatividad, el trabajo y la sanación. Esa que no sabía que necesitaba. 

Y es que, no todo ha sido negro en la pandemia. Este tiempo le ha permitido acercarse a su hija y a sí misma. Le ha dado la oportunidad de hacer equipo con ella y de entenderla. También, de sanar ese proceso violento que vivió al inicio de su maternidad, esa separación que no la permitió aceptar su nueva vida como madre y que ahora, en el confinamiento y con ayuda ha podido reconocerse en esta nueva identidad. 

Y ese mismo acto de amor de pedir ayuda es el que pide para todas. Para todas las mamás solteras que no deben hacerlo solas y para todas las mujeres que necesitan apoyo. 

“No basta con amor, creo que hace falta aprender a reconocernos a nosotras mismas, a aplaudirnos, a decir me siento sola y se vale. Y decir soy una chingona porque aunque me está costando muchísimo, lo estoy logrando”. 

“No están solas, somos muchísimas y tenemos que levantar la voz para ubicarnos. Levantar la voz no solo es buscar justicia, es también buscar a otras. Es momento de reconocernos y buscarnos porque realmente no se puede sola y basta de romantizar la maternidad, no se puede criar en soledad”. 

Si necesitas ayuda económica, psicológica o buscas una red de apoyo que te escuche, puedes contactar a Me Cuidas Mis Amigas GDL, una organización civil que acompaña a mujeres.  


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Katia Diéguez

Katia Diéguez

Es periodista formada en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Jalisco. Desde su formación como estudiante y ahora como profesionista ha trabajado en diferentes medios locales como Más por Más, el Diario NTR, Territorio y Mural de Grupo Reforma. En este último trabajó como reportera de la sección local y realizó coberturas diarias y de investigación principalmente en temas de género, derechos humanos, infancia, diversidad sexual y educación. Además, ha complementado su educación con cursos y talleres de periodismo narrativo, de investigación, transparencia, género y derechos humanos.