Pandemia desató suicidios… y duelos a distancia

La salud mental a revisión

Como una persona pacífica, culta y empática es la forma en que María describe a Rodrigo, su hermano de 55 años con quien tenía una relación cercana y de confianza. Aunque también lo considera un hombre centrado, en los últimos 15 años comenzó a manifestar actitudes erráticas que su familia desconocía, y que además fueron avanzando hacia situaciones más drásticas que les preocuparon sobremanera. A los pocos meses, fue diagnosticado con trastorno bipolar tipo dos.

“Esto se fue dando paulatinamente y no sabíamos qué tan profundo era, conforme pasó el tiempo fue avanzando la enfermedad. En sus manías era completamente otra persona, estaba completamente mal, sentía que tenía todo el poder, casi dios, avanzó su enfermedad por circunstancias en su vida personal, como un divorcio que a ellos les afecta muchísimo, entonces eso detonó que se desarrollara más rápido” contó María. 

“Nosotros íbamos viendo su inestabilidad muy marcada en su carácter, en su actuar, son personas que en sus relaciones fracasan, en sus trabajos los corren, problemas en todos lados, es algo muy triste y muy difícil. Era una persona correcta y hacía cosas que no eran normales en él, la que nos dio el diagnóstico y los pasos a seguir fue la psiquiatra”.

Su enfermedad no solo cambió la percepción que tenía su familia de Rodrigo, sino también su relación con él. Padecía ataques de ansiedad, era muy susceptible al estrés y se volvió impredecible ante diferentes situaciones cotidianas. La gente a su alrededor no comprendía lo que atravesaba y además de juzgarlo, se enfrascaba con él en conflictos graves.

“Mucha gente decía ‘no le echa ganas, es un chiqueado’ pero no es cierto, no conocen cómo son las enfermedades mentales, el arma más poderosa que tenemos es la educación”, relató su hermana. 

Rodrigo también era conocido por ser un hombre muy informado y, al enterarse al inicio de año que el coronavirus se acercaba al país, pidió a su familia extremar precauciones, era inminente su llegada y eso le preocupaba. Mientras tanto, seguía recibiendo atención profesional arropado por sus hermanos, quienes hicieron planes con él para el resto del año asegurándose de que Rodrigo nunca estuviera solo, ya que anteriormente había intentado suicidarse.

María recuerda haberlo visto contento, tranquilo, tomando sus medicamentos con el acompañamiento de uno de sus hermanos en casa, pero un día de marzo, en un abrir y cerrar de ojos, Rodrigo se quitó la vida.

“Ese día fue algo tan inesperado y con esa facilidad… Lo que nos dijo la psiquiatra es que eso iba a pasar contigo, sin ti o a pesar de ti, estos enfermos están tan avanzados que lo único que esperan es un momentito, que te voltees y llega lo inesperado. Es algo muy difícil de explicar, una sensación horrible, no es una pérdida normal”, contó su hermana, quien explicó que por la pandemia, su familia ni quiera ha podido reunirse para acompañarse en el duelo, además algunos han enfermado de covid y se mantienen a distancia.

Tampoco deja de pensar en cómo hubiera reaccionado Rodrigo ante la incertidumbre, el aislamiento y los contagios que trajo consigo la pandemia solo unos días después de su muerte, ya que la ansiedad y el estrés le afectaban sobremanera. 

“Es una impotencia muy grande, frustración y de mucho dolor porque tú dices ‘si hubiera hecho’, pero el hubiera no existe, ¿cómo saber en qué momento pasaría? Porque estos enfermos te pueden decir ‘estoy muy bien’ y se dan la vuelta y no, entonces sí fue algo para nosotros muy difícil de entender, pero definitivamente la educación y la información ayuda a comprender y a detectar también cuando algo no está bien. Pudimos comprender lo que hizo, te duele, pero es como la diabetes, el cáncer, como cualquier otra enfermedad terminal y a él le tocó”.

La de Rodrigo, es una de las familias en Jalisco que atraviesan este año un duelo a distancia por el suicidio de uno de sus integrantes, pues de enero a agosto, 321 personas en el estado decidieron quitarse la vida, 32 por ciento más que el año pasado, según cifras de la Fiscalía General.

Pero no solo incrementaron los casos consumados, sino la ideación y tentativa suicida atribuidos a la prevalencia de ansiedad, depresión, desempleo, violencia doméstica y otros conflictos sociales y de salud mental que se agudizaron por la pandemia y el aislamiento social.

 

Se dispara ideación, tentativa y suicidio consumado

Desde que inició el 2020, las personas que consideraron quitarse la vida o que trataron de hacerlo no han dejado de subir progresivamente. En enero fueron 54, en febrero 118, en marzo, cuando apenas comenzaba la pandemia, subieron a 177 y así continuó la tendencia.  El último registro oficial por ideación e intento suicida en Jalisco es de septiembre con 645 casos, un crecimiento de mil 194% respecto al mes uno.

 

 

Fuente: Instituto Jalisciense de Salud Mental

 

En el caso de los suicidios consumados su comportamiento mensual no ha sido progresivo, pero sí mayor respecto al año pasado. De acuerdo con cifras de la Fiscalía General, entre las 321 personas que se quitaron la vida, 25 eran menores de edad; de ellos, nueve apenas comenzaban la adolescencia con 13 años, y tres, aún niños y niñas, tenían 12. 

El ahorcamiento, la ingesta excesiva de medicamentos, intoxicación con raticida y autolesiones con arma blanca y de fuego fueron los medios que utilizaron, en ese orden de frecuencia, para encontrarse con la muerte.

De acuerdo con el director del Instituto Jalisciense de Salud Mental (Salme), Francisco Javier Ramirez Barreto, el fenómeno suicida es multifactorial y no solo se alimenta de trastornos mentales sino de condiciones sociales como la violencia doméstica y el desempleo.

 

Fuente: Fiscalía General Del Estado de Jalisco

 

Recordó que estudios de instituciones estadounidenses relacionan que por cada punto porcentual que incrementa el desempleo, la tentativa suicida sube 1.6%. En el caso de Jalisco, solo este año se perdieron 79 mil empleos formales hasta septiembre, lo que significa un golpe económico para la misma cantidad de familias en un contexto, además, de aislamiento social y de amenaza constante por una nueva enfermedad vírica.

“El fenómeno suicida es multifactorial, por eso el comportamiento es tan diferente de un año a otro, este año es muy atípico, estamos en una contingencia sanitaria que nos ha llevado a vivir problemas sociales, personales, laborales, económicos y por eso esperamos que hubiera un incremento en la tasa de suicidios”, planteó el funcionario.

Muestra de ello, los servicios en la línea de atención en crisis de Salme tuvieron un incremento de 400% en llamadas, de las cuales, 447 fueron por ideación suicida.

“Inicialmente las llamadas fueron en el sentido del temor relacionado a la COVID y a que enfermara algún familiar. Posteriormente se fue agregando la ansiedad, la tristeza, los temas de consumo de sustancias, la paranoia, la ideación suicida, este comportamiento fue variando hasta que se estabilizó. Tenemos varias semanas en que el principal motivo de llamada es de ansiedad por tema de escuela, convivencia en casa, precariedad económica, después por depresión”.

 

 

El suicidio sí distingue género

La ideación suicida, así como los intentos y la consumación de la muerte voluntaria no impactan igual a hombres y mujeres, su comportamiento es altamente diferenciado.

En Jalisco, 2 de cada 3 personas que reciben atención profesional por planear su suicidio o por haberlo intentado sin éxito son mujeres. Es decir, se tiene identificado un mayor número de servicios para el género femenino por idear quitarse la vida y que, afortunadamente, no se logran.

Pero en el caso de quienes sí consiguen la muerte la proporción se invierte. En el estado, 3 de cada 5 personas que se suicidan son hombres. Especialistas coinciden en que esta tendencia marcada se debe a que la cultura machista disuade a los hombres de hablar sobre sus emociones, máxime de buscar ayuda profesional, mientras que las mujeres sí procuran asistencia cuando atraviesan momentos críticos.

La consecuencia de estos estigmas en torno a la atención sicológica es que los hombres ante situaciones difíciles, sin orientación en inteligencia emocional, optan por el suicidio y procuran medios más agresivos que incrementan su probabilidad de no fallar en el intento.

“Los hombres no piden ayuda porque lo asumen como un comportamiento femenino y se suicidan más porque llegan a un momento tan agudo, que no encuentran otra solución más que matarse. Otra diferencia es que, por ejemplo, las mujeres intentan suicidarse tomando pastillas o cortándose las venas, los hombres intentan hacerlo con arma de fuego o ahorcamiento que son más letales y es más sencillo que logren el cometido”, explicó Ángel Pimentel, del Instituto de Psicología Clínica y Salud Mental de Occidente.

Para Pimentel, en la medida en que se hable más sobre los beneficios de tomar psicoterapia sin necesidad de llegar a estados de crisis se podrán detectar trastornos mentales a tiempo y reducir la probabilidad de caer en ideación o intentos suicidas.

“Tienen mayor letalidad los hombres por este estigma de no mostrar debilidad, sabemos que es un trastorno emocional pero por desgracia la sociedad lo sigue viendo como una debilidad de carácter. Lo importante es recibir atención a tiempo”, agregó, por otra parte, el titular de Salme.

 

Línea de atención a crisis SALME: 075

Instituto de Psicología Clínica y Salud Mental de Occidente: celular 3320339787 fijo: 3315925272

 


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Violeta Meléndez

Violeta Meléndez

Reportera desde 2011 especializada en medio ambiente. Ha trabajado en medios impresos y digitales de Guadalajara en la cobertura de noticia diaria y realización de investigaciones, su especialidad es el manejo de recursos naturales, impacto ambiental, desarrollo urbano sustentable y divulgación de la ciencia. Estudió Periodismo y Biología, ambas licenciaturas por la Universidad de Guadalajara.