¿Qué es el comunismo?

Una aproximación al concepto

Un fantasma recorre México: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas del viejo México se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma. Sin embargo, hay algo problemático con dicha empresa, la reacción nacional posee una importante incapacidad para señalar con precisión quién y en dónde está su tan temible adversario. ¿Es México gobernado por un comunista?, sin embargo hay una pregunta mucho más pertinente, ¿qué es el comunismo? ¿El comunismo será un disidente político muerto de cansancio en algún gulag o será el monseñor Romero asesinado por los militares en San Salvador por su profunda defensa a los pobres? ¿será el silencio propiciado por la KGB o la voz que da a los invisibles la pedagogía de la liberación de Paulo Freire? ¿será el Mao guerrillero que luchó contra el régimen de terror feudal confuciano o el Mao que implementó una política de industrialización forzada? ¿el comunismo será Pol Pot o Rosa de Luxemburgo?, ¿qué es el comunismo?

El primer uso de la palabra comunismo proviene de la Alemania del siglo XVI cuando se señalaba de forma despectiva a grupos anabaptistas como los Huteritas (similares a los menonitas) de ser communisticae, lo anterior era resultado de ser parte del ala radical de la Reforma católica, cuya característica más llamativa era la abolición de la propiedad privada y la creación de una gobernanza procomunal, tendencia antagónica del entonces hegemónico orden feudal y de los intereses de la Iglesia romana. La célebre frase Omnia sunt communia (todo es de todos) se la debemos a un teólogo protestante, Tomás Müntzer. Sin embargo estas formas de organización social no son una novedad del protestantismo, sino que han emergido en innumerables ocasiones a lo largo de la historia. El economista Karl Polanyi proponía la distinción entre modelos de economías de reciprocidad, redistribución e intercambio, así como su existencia paralela en distintos momentos de la historia, como forma de contrarrestar la asumida propiedad transhistórica de la economía de mercado. En tiempos más recientes, la premio nobel de economía Elinor Ostrom, demostró la existencia y la eficacia de formas de organización sostenidas en el manejo comunitario de los bienes comunes.

Si bien el uso de la palabra communisticae obtiene visibilidad en el siglo XVI, su origen es de tiempo anterior. Wu Ming propone una genealogía que se remonta a la partícula Mû, una palabra de origen semita que se utilizaba para nombrar al agua, el bien más preciado por una comunidad, que permite la reproducción de la vida, y cuya redistribución y administración se vuelve vital. Esta palabra pasa al arcadio (lengua hablada en Mesopotamia) como Manû para designar ideas como contar, medir, pesar; su paso a lenguas europeas se puede encontrar en el latín como Mensio, y que es raíz de Mensure en francés, Misura en italiano, o Medir en español, también en palabras como Moon, astro que sirve para contar el paso del tiempo, o Month, en inglés. La palabra de origen latino Commūnis “con deberes”, se compone por Cum, con, y por mūnis, que refería a las responsabilidades civiles. De lo anterior es que Wu Ming nos invita a pensar que una primera lectura de lo que el comunismo es, estará relacionada a la distribución y asignación de recursos bajo los principios de responsabilidad compartida.

Lo anterior nos podría llevar a señalar que el comunismo es una forma particular de reparto o de distribución de bienes, pero pensarlo exclusivamente bajo esta mirada que se centra en cierta lógica operativa, limitaría la posibilidad de explorar la potencia de la idea del comunismo como postura ética. ¿Podríamos pensar que las descripciones de la organización social en las Islas Trobriand de Polanyi o los estudios de Ostrom de pescadores en Filipinas nos presentan una caracterización de sociedades comunistas? Sin duda los autores negarían tal propuesta por lo que parecería que los únicos experimentos comunistas son los surgidos en el siglo XX. Sin embargo, si planteamos el comunismo como el acto de poner la vida comunitaria en el centro de la sociedad, nos toparemos con infinidad de sociedades que se han regido bajo esta premisa, cada una con características particulares que responden a procesos históricos determinados. Más que sugerente resulta la propuesta de Abdenur Prado quien visualiza la comunidad de Al-Medina liderada por Muhámmad como una “comunidad anarquista” en la que “la praxis profética estuvo siempre encaminada a superar las barreras entre clases, ascendencia, sexo, linaje, tribu, raza o condición social”. Por supuesto que ni los habitantes de las islas en Nueva Guinea, ni el fundador del Islam concibieron sus prácticas como comunistas o anarquistas, sin embargo detrás de sus prácticas comunitarias existía una ética, no necesariamente enunciada, que pone por delante la vida en común.

Aquí se entiende “comunidad anarquista” como sinónimo de comunidad comunista, con la aclaración de que no se está negado la distinción práctica entre las escuelas decimonónicas (comunistas y anarquistas), pero que se apuesta a que dicha división resulta artificial en términos éticos, ruptura auspiciada por las deliberaciones propias de la modernidad. ¿Y cuál sería esa ética subyacente a tan variopinta lista de procesos sociales enumerados aquí? Posiblemente esta respuesta la encontremos en un libro tan poco figurado en la lista de best sellers comunistas como pudiera ser la Biblia, recuperando la reflexión de Enrique Dussel:

Caín mató a Abel; mató a un hermano, al Otro. Al matar al Otro cometió un fratricidio. Todo fratricidio es un teocidio desde la Encarnación. El teocidio es muy actual en el pensamiento europeo; se trata de “la muerte de Dios”. Nietzsche dice: “Dios ha muerto”. Paradójicamente, como gran genio que era, exclama: “Nuestras manos están manchadas con la sangre de Dios”. Efectivamente, matar al hermano es matar la epifanía de Dios; no es que Dios muera, pero es como si Dios desapareciera, porque Abel, el “Santo Abel” como lo llama Jesús, es el pobre en el sentido que se le da en “bienaventurados los pobres”. Abel es la epifanía del Otro absoluto, de Dios. 

Apostar por una ética comunista subyacente a distintas prácticas, podría resumirse en una ética que tenga por premisa la interdependencia de la experiencia humana, no solo a un nivel de complementariedad o de mutua necesidad de ayuda, sino a un nivel fundacional del sujeto mismo, el individuo como contingencia de lo colectivo, yo solo soy yo desde y con los otros, yo no soy un ser autocontenido e individual, yo soy todos los demás, “amarás a los otros como a ti mismo”, podría ser la frase comunista originaria, la antítesis de este proyecto fue sintetizada claramente por Margaret Thatcher en su célebre “No existe eso de la Sociedad. Hay hombres y mujeres individuales, y hay familias”. Es así que el comunismo antes que ser un proyecto político, es un proyecto moral, es una pulsión inherente a todo ser humano al percatarse que no es nada sin los otros. 

Las erupciones comunistas están en todas partes, cuando marchamos lado a lado, cuando la gente hace oración de forma conjunta, cuando el clímax del concierto hace que nos fundamos en una marea humana sin fronteras, cuando se grita “¡Si tocan a una nos tocan a todas!”, “¡I can’t breathe, I can’t breathe!”. En esas expresiones estamos presenciando una potencia comunista. Tal vez el ejercicio que mejor ha visualizado a nivel gráfico la dialéctica entre la potencia comunista y el individualismo sea el anime “Neon Genesis Evangelion”, cuyo discurso central gira alrededor de la parábola “El Dilema del Erizo” de Schopenhauer:

En un día muy frío, un grupo de erizos que se encuentran cerca sienten simultáneamente una gran necesidad de calor. Para satisfacer su necesidad, buscan la proximidad corporal de los otros, pero cuanto más se acercan, más dolor causan las púas del cuerpo del erizo vecino. Sin embargo, debido a que el alejarse va acompañado de la sensación de frío, se ven obligados a ir cambiando la distancia hasta que encuentran la separación óptima.

En la serie, esta tensión está representada por el protagonista Shinji Ikari, un adolescente inseguro que sufre permanentemente la desvalorización por parte de su padre y que teme abrirse al contacto emocional con cualquier otro ser humano por su miedo a ser dañado, la antítesis es un grupo conspirador denominado Seele, cuyo objetivo es poner en marcha el Proyecto de Complementación Humana, esta meta, a diferencia de los planes de otros grupos conspiradores de ficción, no busca su entronización en la silla de un gobierno global, la Complementación Humana es el momento en el que todas las personas se fusionan en una sola entidad colectiva dejando toda pretensión de individualización detrás. 

Y a todo ésto ¿dónde pinta el marxismo y las experiencias del socialismo real? El comunismo al ser presentado como una latencia, es distinto al comunismo como proyecto político, y es que esa necesidad de estar con los otros, de acompañarnos en las alegrías y tristezas, dista mucho de ser un manual de cómo construir la sociedad. Se puede decir que no ha existido nunca territorio comunista, porque el comunismo es un estado del ser; es un momento, una potencia. Lo que hay son proyectos socialistas que tienen por objetivo la construcción de un mundo en el que la aspiración mayor sea alcanzar el comunismo, desde la URSS a Rojava, de la Selva Lacandona a Cuba, de los bosques de Cherán a la Yugoslavia del Mariscal Tito. Estos experimentos han sido guiados por la fuerza de la idea de que podemos tener un mundo conducido desde la fraternidad, sin embargo, algunas cosas han salido bien y otras han salido terriblemente mal. Aunque el marxismo, en sus distintas corrientes, sigue siendo el proyecto más completo que existe para edificar la posibilidad de otros mundos, no quiere decir que no haya otras miradas que complementen o compitan directamente con él. Esto quiere decir, para frustración de muchos, que hay comunismo más allá de Marx. 

Quienes viven encapsulados en la negación de los otros, aquellos quienes afirman que solo hay hombres y mujeres individuales, aquellos que luchan por no perder sus privilegios, son aquellos que más luchan por negar la potencia comunista, y buscan a toda costa desprestigiarla, porque saben que el comunismo está ahí, esperando el momento en el que las placas tectónicas de las sociedad colisionen generando el gran sismo de transformación que pondrá fin al paraíso en la tierra que han construido para sí mismos. Lo que ellos no entienden o no quieren entender, es que incluso en ellos está el germen del comunismo, o cuando menos, en todos aquellos que hayan empatizado en algún momento con alguien más, en aquellos que hayan percibido alguna injusticia contra los otros, en aquellos que se hayan posicionado contra algo que consideraron vulneró la dignidad de alguien más, cuando dejaron los dogmatismos y las creencias, y pusieron por delante la humanidad del adversario.

Notas

  1. Ming, W. (2006) La partícula mu en la palabra “comunismo”. Internet Archive. Recuperado de: https://web.archive.org/web/20110430045537/ http://www.wumingfoundation.com/italiano/outtakes/palabracomunismo.htm
  2. Polanyi, K. (2007) La Gran Transformación. Quipu Editorial. Madrid, España.
  3. Bollier, D. (2016) Pensar desde los comunes. Sursiendo + Traficantes de Sueños + Tinta Limón + Cornucopia + Guerrilla Translation.
  4. Prado, A. (2010) El Islam como anarquismo místico. Virus Editorial. Barcelona, España. 
  5.    Dussel, E. (1973) Caminos de liberación latinoamericana II : teología de la liberación y ética.
  6. Dilema del erizo. (s.f.). En Wikipedia. Recuperado el 04 de junio de 2020 de https://es.wikipedia.org/wiki/Dilema_del_erizo.

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Conrado Romo define su práctica profesional en el campo del diseño cívico y la crítica cultural. Es Mtro. en Urbanismo y hoy trabaja en la promoción de la agenda de la Seguridad Humana. Ha sido residente del Medialab-Prado en Madrid. Colabora en distintos proyectos editoriales y de Innovación Ciudadana.