Talpa sin peregrinos por la Covid-19

Uno de los centros de turismo religioso más importantes de la región apenas sobrevive ante el impacto económico de la pandemia.

Una hilera de veladoras encendidas pasa los días frente a la Basílica de la Virgen del Rosario en Talpa de Allende, Jalisco, esperando que vuelva a abrir sus puertas. La iglesia, considerada uno de los centros religiosos más visitados de México, cerró el pasado 20 de marzo por decisión de la Diócesis de Tepic y el Gobierno de Jalisco para evitar contagios de Covid-19. Desde entonces, la Basílica y las calles permanecen casi vacías, los comercios cerrados y la incertidumbre en la economía de los locales crece. 

Según autoridades municipales, Talpa recibe 3.5 millones de visitantes entre febrero y mayo, pero durante semana santa de este año solo entraron en promedio 3 mil 200 personas por día. En su mayoría habitantes locales que salieron a buscar empleos temporales por la falta de trabajo en el pueblo de vocación turística.  

Edith Chávez junto con su familia ,originarios de Teuchitlán, Jalisco, son algunos de los pocos peregrinos que pudieron dejar su veladora y agradecimiento en la entrada de la iglesia. Una tradición que hacen a pie desde hace 34 años pero que  este año debieron hacer en su camioneta porque encontraron el camino cerrado. 

“Es muy triste, llegar aquí y ver todo cerrado, no hay nada. Nos vamos contentos por haber podido llegar con dificultades, pero tristes porque no podemos ver la virgen, es a lo que venimos”, lamentó Edith quien agradeció entre lágrimas la vida de su hijo de 4 años que la acompañó contra los pronósticos médicos que solo le daban un día de vida. 

 

 

Pero los milagros no son nuevos en la llamada Ruta del peregrino que recorren los fieles desde hace más de 260 años desde Ameca adentrándose 92 kilómetros en la Sierra Occidental de Jalisco. Una tradición que no se interrumpió ni siquiera cuando el país estuvo en guerra. 

Lo que ahora se cuida más que preservar la tradición es prevenir los contagios. Por ello desde inicios de abril se instaló un filtro sanitario en la entrada principal de Talpa donde revisan la temperatura de los viajeros y los regresan de ser necesario. Como resultado, hasta el 15  de abril no habían registrado contagios ni casos sospechosos. Pero el filtro también ha generado bajas como nunca en el número de peregrinos con cerca de 10 fieles que llegan entre jueves y viernes santo. Cada año durante estos días reciben miles de feligreses 

Además de la basílica, están cerrados los 34 hoteles del municipio, las casas de huéspedes, florerías, tiendas de artículos religiosos, restaurantes, el mercado municipal, paleterías, talleres de chicle artesanal, huaracherías, fábricas de rompope y rollos de guayaba. La situación dejó sin empleo ni ingreso a cientos de familias del pueblo mágico que se mantienen gran parte del año con las ganancias que les genera la semana santa.

Una de ellas es Livier Uribe propietaria de la Fábrica de Rollo Talpa que está abierta solo para no descansar a sus empleados y los invade la incertidumbre de cuánto tiempo podrán mantenerse así. Según Livier, las ganancias de Semana Santa ayudan a la familia a mantener el ingreso por todo el año desde hace 30 años y apoya con empleo a 11 personas en temporada baja y hasta 22 personas en temporadas de peregrinaje.

 

 

Los dueños de la Fábrica de Rollo Talpa saben que sin importar cuánto se postergue la cuarentena, la recuperación de su negocio y el pueblo será lenta. Además, de acuerdo con Livier, el Gobierno de Talpa no se ha acercado para ver cómo ayudarlos, y al intentar aplicar a los apoyos estatales les fue imposible postularse porque el sitio web estaba colapsado. La dueña aseguró que apoyará hasta que sea posible a sus empleados, pero  algunos de ellos ya se han quedado sin sueldo. 

El esposo de Norma Lidia corrió con esa suerte, desde hace 15 días dejaron de pagarle los mil 300 semanales por su trabajo en una fábrica de rollo de guayaba. Desde entonces mantiene a su esposo y sus dos hijos con el sueldo que recibe como vendedora de boletos para la línea de camiones ATM, la única que mantiene corridas en el municipio por la contingencia.

Aunque por ahora Norma Lidia tiene el trabajo seguro, le preocupa su economía familiar pues no solo dejaron de recibir el sueldo de su esposo, sus hijos tampoco han recibido la beca del gobierno federal Jóvenes escribiendo el futuro de México, hasta el cierre de esta edición. Agregó que la línea ATM no ha despedido a sus compañeros pero ha prescindido de ellos con goce de sueldo porque los viajes a Guadalajara han bajado a 3 de las 20 corridas que se acostumbran en esta temporada. 

 

 

Por el contrario, el sector restaurantero ha sido incapaz de poder mantener el salario de sus empleados al cerrar sus puertas. Iván Becerra oriundo de Talpa y dueño del restaurante La Burrita, reconoció que los desempleados por otros negocios le han pedido trabajo pero él mismo busca alternativas para mantener el sueldo de sus siete ayudantes. 

La Burrita es uno de los tres restaurantes que mantienen abiertas sus puertas en el municipio. Becerra tiene seis años al frente de su negocio y esperaba que este año fuera el primero que le diera ganancias. Ahora, tendrá que negociar más tiempo para pagar la renta, si bien sabe no tendrá utilidades, tampoco quiere perder el lugar privilegiado que supone estar frente a la plaza principal.

Vecino a este negocio, el único trabajador de la pastelería Dylan que ha sobrevivido a los despidos está preocupado por la situación en su casa. Ante la pandemia él y su esposa con 8 meses de embarazo decidieron cambiar el parto programado en el Hospital Regional de Tala por una clínica privada, lo que representa el gasto de todos sus ahorros junto con el recorte de su salario por el servicio intermitente de la pastelería. 

 

 

Aunque Talpa es el epicentro de la celebración religiosa, las pérdidas económicas que trajo la Covid-19 no se limitan al municipio pues comercios de Ameca, Guachinango, Mixtlán, Mascota y Atenguillo, que son tradicionalmente beneficiados por los peregrinos provenientes de Guadalajara, también están cerrados y vacíos desde hace casi un mes.

Un ejemplo en Atenguillo es Marina Gómez quien vende desde hace 12 años un local temporal cerca de la plaza principal mismo que tuvo que desmontar por la pandemia. Su negocio es familiar y con lo que obtienen de ganancias pagan la universidad de sus cuatro hijos y hacen reparaciones en su casa; el resto del año, su familia depende únicamente del ingreso de su esposo que trabaja en el campo. 

Aún así, a pesar de las afectaciones a la economía familiar que trajo el Covid-19, la naturaleza ha sido la más beneficiada. El pueblo de pronto se volvió más tranquilo donde distintos tipos de aves trinan sin miedo a ser ahuyentadas por las bandas en vivo que se acostumbran  en la plaza principal. Los peces también se hacen visibles y comen a la orilla del río sin ser molestados, en agua transparente y sin olor a drenaje. Escenas que serán irrepetibles una vez que los peregrinos regresen al lugar a visitar a su virgen.


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